Texto: Lola Tyrrell
Copiloto: Lone Aagesen
Fotos: Fabián García
Guiada: Pedro Braun

Vivir en la Pampa Húmeda y elegir la escalada como deporte es un desafío: las montañas quedan lejos. Sin embargo, una vez que probaste en la roca las técnicas que ejercitaste todo el año en la palestra artificial, no hay vuelta atrás: las sierras ejercen su embrujo y los fanáticos exprimimos feriados y devoramos kilómetros para poder trepar en la piedra.

Esta no es una crítica convencional. Autoblog ya probó esta misma Chevrolet Tracker 1.2 Turbo Premier hace un año y la crítica completa se puede leer acá. Yo les voy a contar sobre el viaje que hice con este vehículo hace unos días.

Por eso, con el permiso de Orly Cristófalo, inventor de los Rock Tests (leer antecedentes), el diario de viaje completo se reproduce a continuación.

DÍA 1

La travesía empezó picante: tres horas de embotellamiento en hora pico de viernes, sólo para unir Béccar con Cañuelas. Con chaparrones intermitentes, el sensor de lluvia en el parabrisas me dio una gran mano durante todo el viaje. El destino final fue la Sierra de Difuntos, en Balcarce.

La penuria de viajar de noche -con lluvia y por rutas muy mal señalizadas- fue compensada por mis compañeros de viaje. Lone, mi amiga inseparable de escalada -de origen dinamarqués y profesión botánica-, es la que siempre me anima a llegar un poco más allá. Pedro es pionero de la música punk en la Argentina y la escalada tradicional en nuestro país, además de guía de trekking. Y Fabián, fotógrafo de rock y tamborine man, se lanzaba a su primera experiencia en la roca.

Rocas y rock and roll. ¿Viste, Orly? Te plagié de manera descarada, pero con fundamentos más sólidos que una piedra.

Qué maravilla es compartir con estos tripulantes la misma generación, con sus códigos y referencias. Tanto la escalada como el trekking son generosos con los que pasamos los cuarenta y no curtimos mucho gimnasio.

Un pendrive con The Waterboys, Midnight Oil y anécdotas de música y montañas fueron parte del buen clima en el habitáculo. Todo el equipo de campamento y escalada de cuatro adultos se acomodó sin problemas en el baúl (aunque algunas mochilas viajaron a upa, en la cabina).

Fue una memorable primera salida al mundo después de la pandemia. ¡Sí, la necesitaba!

Para cubrir los 450 kilómetros que unen Buenos Aires con Balcarce elegimos la ruta que pasa por Ayacucho. Ya C.C. me había advertido sobre el tanque de combustible de sólo 44 litros (ver consumos acá), así que me mantuve atenta a la aguja, el indicador de autonomía y las estaciones de servicio. Recargamos en Belgrano.

El sistema de luces automático me dio tranquilidad en medio de la bruma de la llovizna y las sombras indefinidas del atardecer nublado, que generan una iluminación difusa. Si el punk rock es símbolo de ira y rebeldía, la música acompañaba a la perfección esa ruta que nos tiraba todo en contra.

Viendo las primeras luces de Balcarce, Fabián preguntó: “¿Y qué hay en Balcarce?”. No, no es muy fierrero, así que le respondí: “Hay papas, hay postre y, sobre todo, acá nació Fangio”.

Después de unas pizzas de medianoche, durante los kilómetros que nos separaban del camping, repasamos la historia del Quíntuple campeón de Fórmula 1. No faltaron las historias sobre su desordenada vida privada. Alguien propuso un nombre muy apropiado para una banda de rock: “Los hijos del Chueco”.

DÍA 2

Fue como un shabat para la Tracker: no le pedimos nada, porque la aproximación a la Sierra se hace de a pie.

Argentina tiene variedad de sitios para hacer trekking y escalada, con distintos tipos de roca de acuerdo a su origen geológico, variedad de técnicas y niveles de dificultad. Las más cercanas a Buenos Aires están en Balcarce, Tandil, Sierra de los Padres y Sierra de la Ventana. La escalada se incorporó como nueva disciplina en los últimos Juegos Olímpicos, así que crece el interés y la cantidad de muros de práctica instalados en las ciudades y clubes andinos.

Además, trepar es una de las cosas que todos los humanos hacemos durante nuestro primer desarrollo motriz en la infancia: si es que el ambiente y los adultos nos dejan, claro (aunque para hablar acerca de eso tengo mi propio blogcito, AlterEdu).

Soy viajera, más que turista. Y aventurera más que deportista. Salir con la mochila, navegar y escalar son las cosas que hice en estos últimos veinte años. Y todas tienen un hilo común. Me gusta cambiar de escenografía, convivir con la naturaleza, conocer culturas y gente nueva, aprender un nuevo argot.

Los escaladores son especialistas en eso: abren vías atornillando chapas en las paredes de las montañas y luego votan los nombres que les van a poner. Las gradúan de acuerdo a su dificultad con una escala numérica: hasta ahora yo sólo he escalado quintos. Se ponen expreses para escalar de primero y armar los anclajes para escalar top rope o rapelar. Encadenar una vía es llegar hasta arriba sin pedir tensión en la cuerda, para descansar.

A nuestra vuelta, un chaparrón había volado el sobretecho y empapado toda mi carpa. Estuve a punto de convertir a la Tracker en mi nueva casita. Pero no, la amable dueña del camping me prestó un colchón. Me dejó dormir en la cocina, junto a su perra.

DÍA 3

Nos esperaba medio día de escalada, y esta vez fuimos en auto hasta el pie de Difuntos. El azul eléctrico de la Tracker era visible desde arriba, entre la larguísima fila de domingueros (lástima que sólo en los “autos de prensa” podés tener esos colores, no intentes pedirlo en un concesionario porque te van a pedir tres opciones de tonalidades y siempre te va a terminar tocando “gris plata”).

Era domingo, así que escalar con olor a asado fue más desafiante que los Quintos de Viejolandia que encadené ese día. Igual, reíte de mi expertise: en una fisura de la roca, el dedo mayor de mi mano derecha hizo “crack” (como la canción de Los Redondos). Nada grave. Por suerte, no me impidió manejar: el cambio automático y la dirección suave me ayudaron mucho a encarar el regreso sin problemas.

Me encantó el motor: el 1.2 turbo acelera y suena lindo a la hora de adelantar camiones. Soy de las personas que piensa que la potencia aporta mucho a la seguridad del auto.

Otro servicio que le agradecí al auto fue el monitoreo de presión en los neumáticos. La rueda delantera tuve que inflarla dos veces hasta que paré en una gomería a repararla: tenía una pérdida en la válvula. La fuga era imperceptible para la vista y el oído, pero no para el sensor de presión.

En el recuadrito de más abajo, en esta misma nota, les cuento una historia un poco accidentada, que dice mucho sobre las tecnologías que ayudan a la seguridad.

Agotada, pero feliz por haber renovado mi fe en la montaña, llegué a Béccar bien entrada la noche, cansada y agradeciendo la función nocturna de la pantalla multimedia. Me molesta bastante esta tendencia a colocar tantas pantallitas brillantes. Para boliche, mejor Cemento.

Buenos pegues para todos. Y mucho rock and roll.

L.T.
Agradecimiento: Pedro Braun (www.braunrock.com)

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Crítica: Chevrolet Tracker 1.2 Turbo Premier
La Chevrolet Tracker 1.2 Turbo se lanzó a la venta en la Argentina en septiembre de 2020 y en Autoblog ya la probamos (leer crítica).

Rock Test: Chevrolet Tracker 1.2 Turbo Premier
Ahora Chevrolet nos ofreció la oportunidad de volver a probarla y aprovechamos para encarar este Rock Test.

Rock Test: Chevrolet Tracker 1.2 Turbo Premier
Un viaje a las rocas de Balcarce.

Rock Test: Chevrolet Tracker 1.2 Turbo Premier
Junto a un equipo de escaladores integrado por referentes de la cultura del punk y el rock and roll argentino.

Rock Test: Chevrolet Tracker 1.2 Turbo Premier
¿Ahora se entiende esto de Rock Test?

Rock Test: Chevrolet Tracker 1.2 Turbo Premier
Miura ya es un éxito como revista. Y ahora incursiona en el mundo del calzado para escaladores (ponele).

Rock Test: Chevrolet Tracker 1.2 Turbo Premier
La carpa de Lola Tyrrell, antes de que sucumbiera bajo una tormenta de viento y lluvia.

En el garage de Autoblog: Chevrolet Tracker 1.2 Turbo Premier
La nueva Tracker incorpora muchas asistencias a la conducción.

En el garage de Autoblog: Chevrolet Tracker 1.2 Turbo Premier
Incluso aquellas tecnologías que ayudan ante "un momento de descuido" (leer más acá abajo)

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ADEMÁS UN MOMENTO DE DESCUIDO


Rock Test: Chevrolet Tracker 1.2 Turbo Premier

Por Lola Tyrrell

Florencia, mi mamá, tiene una Chevrolet Tracker 1.8 Automática AWD, de generación anterior. Y, en enero de 2020, sufrió un accidente por un momento de descuido. Ella vive en el campo y está acostumbrada a manejar por caminos de tierra. Allá tiene algunas pick-ups, pero ella siempre tiene una SUV 4x4 para ir a la ciudad y viajar en ruta. Esta es su segunda Chevrolet Tracker. La primera se llamaba igual, pero todos le decíamos "La Vitara": era una Suzuki Grand Vitara ensamblada en Rosario, que se vendió un tiempo en Argentina con el nombre “Chevrolet Tracker”.

La cuestión es que, con su Tracker 2017 viene teniendo problemas con los neumáticos: parecieran tener un imán para los clavos. Se pinchan cada dos por tres al andar por los caminos de tierra. Cada tornillo o fierro que anda suelto por ahí, se clava en las ruedas de su Tracker.

En enero de 2020, Florencia llegaba al campo con uno de sus nietos más chiquitos, sentado en el asiento trasero, en su sillita de seguridad. Casi llegando a la casa, escuchó un ruido proveniente de la rueda delantera izquierda: “Otra vez pinché”, pensó.

Frenó y se bajó para ver si la rueda estaba en llanta.

Insisto: fue un momento de descuido. Ese instante de zoncera y distracción que todos tenemos alguna vez.

Antes de abrir la puerta y bajar, se olvidó de poner la palanca de cambios en P (“Parking”). Al bajar del vehículo y dejar de pisar el freno, se dio cuenta de su error: la Tracker comenzó a avanzar despacito, fuera de control. En lo primero que pensó fue en su nietito en el asiento trasero. Quiso subir de nuevo, pero tropezó y se cayó: la rueda trasera de la Tracker le pasó por encima de la pierna. No la quebró, gracias a que el césped estaba mullido, pero la lastimó mucho. Estuvo casi un mes sin caminar y varios meses más en rehabilitación.

La Tracker, por suerte, se detuvo contra un arbusto. Sólo tuvo un raspón. Y su nietito nunca se enteró de todo lo que pasó.

En febrero de 2009, un colega muy querido, Alberto Hugo Cando, sufrió un accidente similar, pero desgraciadamente tuvo menos suerte. Se encontraba estacionando marcha atrás una Mercedes-Benz Clase ML en el subsuelo de su edificio cuando tuvo el mismo momento de descuido. Se bajó del vehículo sin colocar la palanca en P y, al darse cuenta del error, habría querido pisar el freno. Al parecer, y según determinaron algunas pericias, en lugar del freno habría apretado el acelerador. La Mercedes aceleró a fondo hacia atrás y chocó contra una columna. Alberto resultó aplastado, sufrió una quebradura en una pierna, pero su salud era muy frágil: tuvo un infarto que lo mató.

En todo eso pensaba la primera vez que me subí a esta nueva Tracker. Lo primero que probé fue ver qué ocurriría en caso de un “momento de descuido”. Resulta que, en la nueva Tracker que llega a la Argentina, ahora Chevrolet instaló una alarma sonora y una señal visual en el tablero, que indica sobre el riesgo de no colocar la palanca en P al abrir la puerta. Es lo justo y necesario para advertirte que estás haciendo las cosas mal.

En cambio, en los Mercedes-Benz modernos, el sistema es aún más completo. No importa en qué cambio estés. Si abrís la puerta, la caja automática colocará sin intervención humana el modo Parking. Son esos detalles que parecen menores, pero que te recuerdan para qué sirve la tecnología: para protegernos incluso ante el más tonto momento de descuido.

L.T.

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