En los últimos dos meses, Ford lanzó a la venta en la Argentina tres de sus modelos más exclusivos. Los F-150 Raptor y Mustang 2020 ya pasaron por el garage de Autoblog (leer críticas). Y ahora le llegó el turno al último en arribar: F-150 Lariat (ver equipamiento y precio).

Se trata de la versión más lujosa de la pick-up full-size de Ford. Mientras la F-150 Raptor apuesta a la deportividad y espectacularidad, la Lariat ofrece un mayor nivel de refinamiento y confort, aunque también se puede usar para el trabajo.

En estos días fuimos a la sede de Ford Argentina en Pacheco para realizar un intercambio de llaves. Entregamos el nuevo Mustang GT 2020 después de probarlo durante una semana y nos llevamos la F-150 Lariat.

Estos dos Ford tienen una característica muy importante en común: comparten el block Coyote V8 5.0 naftero. Se trata de un impulsor cuyos orígenes se remontan al año 2011 y que, con sucesivas actualizaciones, ya equipó a diferentes evoluciones del Mustang y la F-150, pero también al Ford Falcon que se fabricó en Australia hasta hace cuatro años y al nuevo TVR Griffith inglés, que se acaba de lanzar a la venta en Europa.

En el Mustang 2020, el Coyote V8 5.0 entrega 466 cv y 569 Nm de torque. Y, en la F-150 Lariat, produce 400 cv y 542 Nm. Más allá de esas diferencias, es uno de los impulsores más representativos de lo que siempre fueron los grandes motores yankis: muchos cilindros, gran cilindrada, nada de turbos y dosis generosas de potencia y torque.

La prueba de manejo de la F-150 Lariat estará a cargo de Jerónimo Chemes, el columnista de Autoblog especializado en vehículos comerciales. Su crítica completa se publicará la semana que viene, pero acá abajo ya nos presenta una primera introducción.

C.C.

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En el garage de Autoblog: Ford F-150 Lariat
La Ford F-150 Lariat cuesta 66.300 dólares. Ver equipamiento y ficha técnica.

En el garage de Autoblog: Ford F-150 Lariat
Bajo el capot, el mismo block Coyote V8 5.0 del Ford Mustang que probamos durante la última semana en Autoblog (leer crítica).

En el garage de Autoblog: Ford F-150 Lariat
En sus diferentes evoluciones, el Coyote es un símbolo de Detroit: muchos cilindros, gran cilindrada y potencia/torque en dosis generosas.

En el garage de Autoblog: Ford F-150 Lariat
J.Ch.: Tengo que ir a buscar la F-150 Lariat, ¿no me llevás a Pacheco? C.C.: Claro, justo tengo que ir a devolver el Mustang 2020. ¿No me dejás en casa a la vuelta? La SUBE de Autoblog, siempre con saldo positivo.

En el garage de Autoblog: Ford F-150 Lariat
La crítica completa se publicará la semana que viene, pero antes: una introducción de J.Ch.

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OPINIÓN Ford Serie F: un pedazo de historia

Escribe Jerónimo Chemes

Esta es la nota que más esperé tener que escribir desde que colaboro con Autoblog. Tuve la suerte de probar de todo, incluso vehículos mucho más caros que este, y más grandes también. Pero ninguno despierta tantas emociones como este para mí.

Todos saben que soy usuario de Ford F Series (nacionales y norteamericanas). Tuve varias, tengo una y tendré F Series mientras pueda, además de otros vehículos, porque la Serie F me ayudó a tener lo que tengo, me acompañó a lo largo de la vida, en todas las circunstancias. Siempre estuvo y pude contar con su compañía. Tuve una '72, “La Amarilla”, con Perkincuatro. Una '74, “La Verde”, con Perkincuatro. Una '80 Perkinsei, “La Blanca”. Una '80 Perkinsei doble cabina, “La Gris”. Y la mítica '81 4x4 Perkinsei, “La Azul” (ver foto abajo).

Las Amarilla, Verde y Gris las vendí, pero conozco a los nuevos dueños y me consta que siguen andando todos los días. La Blanca me la robaron.

La Azul continúa estoica, a mi lado, y a pesar de que el Perkinsei ya no quiere más y tengo varias ofertas de compra concretas, no se va. Le voy a volver a cambiar el motor. Tengo tres opciones; Cummins, 3.2 Bebé Godzilla o volver a rectificar a cero al Perkinsei actual, que ya tiene una rectificada y más de un millón de kilómetros. Cualquiera sea la opción que elija, la Azul estará a mi lado para siempre.

Entre las cosas que le debo a la Serie F es que exista La Chata Solidaria. Desde 2008, cuando empecé con la 74 Verde hasta hoy, siempre estuvieron presentes.

Voy a ser conciso y determinante: hay gente viva en nuestro país porque llegamos con la Serie F. Las cosas que le hicimos a las Verde, Gris y especialmente Azul exceden cualquier explicación y emocionan hasta las lágrimas. Ellas sentaron las bases, con sangre y fuego, de lo que hoy es LCS.

Más allá de las cifras, voy a ser claro. Sin prejucio de las demás, para mi, la Serie F es sin ningún tipo de lugar a dudas, la chata mas noble, durable y fiel de la historia, por muy, muy lejos. Y ojo que hay muy buenas chatas en todos los segmentos. Pero ninguna podrá ser nunca como “La For”.

Para pintar lo que significa la Serie F para los argentinos, voy a compartir una anécdota que me quedó grabada en el alma.

Una vez, cuando estábamos pasados de trabajo, no dábamos abasto, yo contrataba un flete de la zona, un viejito que cumplía siempre. Tenía una F100 '72 a GNC, con caja mudancera, destrozada, “pero con VTV al día”. A veces no la podía parar, porque andaba floja de batería. Casi siempre perdía algo (gas, agua, aceite o todo junto), “pero nunca líquido de freno”.

El viejito era macanudo: “Yo no termine la escuela, solo sé laburar de esto”. Religiosamente llevaba una caja de herramientas arriba, precintos, un rulemán de rueda trasera y alambre, “por las dudas”. Lo citabas a las tres de la mañana en Avellaneda y siempre llegaba a horario, aunque estuviese todo inundado. No fallaba.

Una vez, mientras cargaban, me puse a charlar. Estaba loco por “La Azul” mía, que comparada con la suya era una "nave espacial". Y nos pusimos a hablar de chatas. Cuando le pregunté si la pudiera cambiar qué compraría me contestó de forma determinante. Se puso serio. Caminó hacia la trompa de su F100 y le acarició el capot. Me miró fijo y me dijo: “Esta Forcita no se cambia, mi amigo. Cuando yo no esté, esta Forcita va seguir andando”.

Y agregó la frase más extraordinaria que haya escuchado jamás: “Porque esta Forcita no me hizo rico, pero me sacó de pobre”.

Continuó: “Yo le debo todo lo que tengo. Yo era pobre y la saquá a pagar en los '70. Toda mi vida la tuve y con ella me hice mi casita, con mi mujer, y le pagamos los estudios a mi hija, que se recibió en la Universidad y tiene trabajo. Nunca en mi casa faltó pan en la mesa, porque cuando el país estaba duro y había que elegir entre comprar garrafa o bujías, porque andaba en 5 cilindros, siempre era ella la que tenía que esperar. Pero con cinco cilindros, esos inviernos de madrugada congelada arrancaba igual y salía a laburar. Yo le debo todo lo que tengo, mi amigo, nunca me dejó.”

Hace unos seis años que este hombre falleció. La chata quedó estacionada en la puerta de su casa, como esos perros que quedan esperando el regreso de sus dueños. Las pocas veces que pasé, la chata seguía ahí, con plantas abajo.

En febrero de 2019 pasé de casualidad y la chata no estaba. Sorprendido, paré, toqué el timbre y me atendió una mujer. Era la hija. Me contó que, mientras la mamá vivió, siempre se negó a vender “La Forcita”, porque “era la otra compañera de tu papá”. Ahora la mamá había fallecido y la casa estaba en venta. Cuando le pregunté por la chata, me contó que la iba a llevar la municipalidad, porque estaba abandonada. Pero que le puso una botella en venta sin ninguna esperanza a ver si alguno la quería.

Quince días después, pasó uno y le preguntó. Ella le dijo que su papá había fallecido y que ya había salido la sucesión. El tipo le dijo: “Si arranca la compro”. Vino al día siguiente con un mecánico, batería nueva, un compresor para inflar las ruedas y un bidón de nafta (para tirarle al carburador).

Después de 50 años, millones de kilómetros y años de estar parada, en 20 minutos “La Forcita” arrancó. Fallaba bastante (seguramente en cuatro o cinco cilindros), pero el tipo la pagó y se fue andando.

No tengo dudas que esa “Forcita” hoy debe estar en algún pueblo poniendo todos los días pan en la mesa de alguien. Ojalá le hayan cambiado las bujías y se den el lujo de andar en seis cilindros.

Tengo casi listo el libro de La Chata Solidaria, dónde conocerán anécdotas que perforan el alma. Las cosas que la Serie F soportó, especialmente La Azul, exceden cualquier explicación.

La Azul es F Series 250 4x4 original, norteamericana. Tenía un V8 naftero que uno de los dueños anteriores cambió por el Perkinsei. Llegó a hacer más de 50 kilómetros sin la rueda delantera, adentro del Impenetrable, con 2.500 kilos arriba. Sacó camiones cargados con árboles de zanjas imposibles. Pasó por arriba de troncos de árboles caídos (sin querer obvio, estaban debajo de la laguna que estábamos cruzando). No me olvido más: el golpe arrancó los amortiguadores y el acompañante y yo nos rompimos la cabeza contra el techo.

Tiene mas de 30 viajes al Impenetrable, entre los que ustedes conocen y los que hacemos sin difundir. Y también años de laburo. Vive en la calle, viajando al interior siempre con carga o tirando un tráiler de 4.500 kilos. Tiene 40 años: cuarenta. Solo le hago mantenimiento y VTV de carga, religiosamente.

Desde que la tengo a hoy, nunca jamás me dejó tirado en ninguna parte del país. Siempre me trajo andando, aún después de haber sido castigada irracionalmente.

La Azul salvó vidas con LCS. Esas historias quedan en nuestro eterno silencio. Ella llegó al centro del infierno y sacó a esa persona que necesitaba ser salvada. Es como que ella “sabe” la misión que está cumpliendo.

Recuerdo esa vez: barro infernal, de noche, ya la 4x4 alta no alcanzaba, temperatura a 98 grados (anda a 85 siempre), olor a embrague quemado. No se podía seguir. Se había colgado casi, y eso que es alta. Pero había que llegar. Paré. Temperatura a 105 grados. Puse la baja. Metí primera de fuerza (la relación es casi 21 a 1). Dientes apretados. Solté embragué. Empezó a temblar. Perkinsei a 2.500 vueltas. Temblaba todo. Era el Big Bang. Y de repente empezó a avanzar a menos de paso de hombre. Pero avanzaba. Iba. No se rendía. Y llegamos una hora después. Temperatura a 120 grados, se había quedado sin agua. Pusimos agua de zanja, cargamos a la persona y familiares y pegamos la vuelta. Al amanecer llegamos de vuelta. Esa persona vivió de milagro. La chata anduvó casi toda la noche en baja, en primera de fuerza, gateando por el infierno y voló la junta de la tapa de cilindros. Pero llegó.

Lo recuerdo y lloro. Disculpen. Soy así. Los detalles viven en mi silencio.

Hay miles de anécdotas de esas. Cuando vean a La Azul en la calle, tóquenle bocina. El mundo es un mejor lugar gracias a ella.

La palabra incondicionalidad para mí tiene un significado muy especial. La usé poquísimas veces en mi vida. La primera vez, con el primer perro que tuve de chiquito: un ovejero alemán hermoso, que me acompaño en momentos durísimos de mi vida. Se llamaba Matías. Murió de viejo, cuando yo era adolescente.

La segunda, con la chata Azul que tengo, que continuará cuando yo no esté y quedará para mis hijos. ¿Y saben qué? El menor de los tres es fanático absoluto de La Azul y se llama Matías.

Hacé una cosa, querido lector: salí a la puerta de dónde estés ahora mismo y te aseguro que, en pocos minutos, verás pasar una vieja F100 laburando, fielmente con su dueño. Ayudándolo a progresar. Siéndole noble. Dándolo todo, sin pedir nada a cambio.

Por último, no crean que mi cariño hacia la Serie F me hará perder objetividad en la prueba de la nueva F-150 Lariat. Al contrario. Nadie mejor que yo sabe lo que es capaz de aguantar una F series norteamericana. Espero mucho de ella. Pero mucho. Y la voy a examinar con ferocidad, exigirla y golpearla a ver si mantiene su esencia, su nobleza, su ADN y si hace honor a su historia.

No sólo le voy a exigir rendimiento. Le voy a exigir incondicionalidad. Porque tus 66.500 dólares no te compran una chata: te compran un pedazo de historia. Veremos el viernes que viene si esta generación está a la altura de lo que espero de ella.

J.Ch.

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En el garage de Autoblog: Ford F-150 Lariat
La Azul. Una de las Serie F personales de Jero Chemes.

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