“Equipo ganador no se toca”. “Cambiar para que nada cambie”. “Revolución de la continuidad”. En la industria automotriz hay muchas metáforas y lugares comunes para definir a una costumbre que ya es mucho más que una tendencia. Cuando una marca tiene un modelo más o menos exitoso, los cambios estéticos de una generación a otra son bien sutiles y continuistas.

El ejemplo más claro es el nuevo y previsible Volkswagen Golf VIII (ver fotos). Aunque todo tiene su lógica, ¿para qué modificar radicalmente el modelo más vendido de Europa en las últimas cuatro décadas?

El diseñador inglés Steve Lewis, gerente de Diseño Estratégico de Audi –otra marca que hizo del continuismo todo un culto-, lo explicó de esta manera en una charla con Autoblog: “Los diseñadores que trabajamos para Audi siempre hacemos propuestas más atrevidas y radicales para los nuevos modelos. Sin embargo, la costumbre del Directorio de Audi es no tomar grandes riesgos con el lanzamiento de cada nueva generación. Poco a poco, desde áreas como la mía en Diseño Estratégico, logramos que el Management comprenda que es posible tomar ciertos riesgos y que puede ser algo positivo para la compañía. Audi es una compañía de diseño continuista, no rupturista. Y el Management tiene un motivo para seguir ese camino: su lenguaje de diseño resultó ser muy exitoso en términos de ventas” (leer entrevista completa).

Eso ocurre también con la mayoría de las marcas consagradas: “apuestan a lo seguro” (otra frase remanida). Todo esto lo vamos a ver de manera muy notoria en el mercado de autos premium, donde las marcas que arriesgan e intentan romper con los esquemas son las que todavía no tienen una gran trayectoria (o intentan quitarles ventas a otros): Lexus y DS son dos buenos ejemplos.

Eso nos lleva a la visión doble que estás apreciando en estas fotos. Este efecto de espejo lo genera el Mercedes-Benz Clase B. El monovolumen para el Segmento C (compacto) estrenó en julio pasado su tercera generación en la Argentina (ver equipamiento y precios). Y resulta ser llamativamente parecido al Clase B de segunda generación.

Si bien creció en dimensiones, las proporciones y la silueta en general siguen siendo las mismas. En el interior hay bastante más cambios, donde el Clase B recibió un baño de tecnología, con los nuevos sistemas multimedia y tableros digitales de otros Mercedes-Benz.

En enero de 2014, Autoblog probó el Clase B 200 City (generación W246). La crítica completa se puede leer acá. La crítica del nuevo Clase B 200 Progressive (W247) se publicará la semana que viene.

C.C.

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En el garage de Autoblog: Mercedes-Benz Clase B
Izquierda, nuevo Clase B (1.79 m de ancho y 1.56 de altura). Derecha, viejo Clase B (1.78 m y 1.55 m).

En el garage de Autoblog: Mercedes-Benz Clase B
Izquierda, nuevo Clase B (4.42 m de largo y 2.72 m de distancia entre ejes). Derecha, viejo Clase B (4.36 m y 2.69 m).

En el garage de Autoblog: Mercedes-Benz Clase B
El gran cambio se aprecia en el interior. Este es el Clase B de segunda generación (leer crítica).

En el garage de Autoblog: Mercedes-Benz Clase B
Y este es el nuevo Clase B Progression de 45 mil dólares (aunque hay versiones desde 38.900 dólares, ver equipamiento y ficha técnica).

En el garage de Autoblog: Mercedes-Benz Clase B
¿Vamos de nuevo? Izquierda, viejo Clase B. Derecha, nuevo Clase B.

En el garage de Autoblog: Mercedes-Benz Clase B
La crítica completa se publicará la semana que viene.

 

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