Texto de Jacinto Campos
Fotos y video de Justo Marelli
Producción: Serapio, MacGyver, Tremendo, El Negro y Bapa.

Autoblog nos propuso que diéramos una vuelta en la nueva Ford Ranger Raptor y aceptamos muy contentos. La vuelta terminó siendo de 4.300 kilómetros. Los invito a acompañar este Diario de Viaje.

DÍA 1

Salimos de Pacheco al mediodía, por la Ruta 9 hacia la primera escala, en Rosario. Ahí se sumaron el Piloto Alterno (Kieran “Serapio” Ballesty), al Navegador y Multimedios (Justo “Mac Gyver” Marelli), al responsable de Hoja de Ruta (Ignacio “Tremendo” Sanguinetti) y el Gerente de Logística (Nico “El Negro” Mulhall).

Y no hay que olvidar a la protagonista: la nueva Ford Ranger Raptor. En color blanco impresiona. Bien le queda el “sobrenombre” de Raptor, ya que al mirarla de frente, con su nueva trompa negra extendida, esperás algún rugido prehistórico y te transporta a la tierra de los dinosaurios. Y precisamente hacia allí íbamos, ya que uno de nuestros destinos eran los restos fósiles del Noroeste argentino.

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Diario de viaje: Ford Ranger Raptor y el Noroeste argentino
Jacinto Campos y sus secuaces, alistando la Ranger Raptor para el viaje.

Diario de viaje: Ford Ranger Raptor y el Noroeste argentino
Cuando no maneja, J.C. también oficia de GPS humano: "En 50 metros, girá a la derecha, vos Serapio".

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DÍA 2

Salimos de Rosario por la Autopista rumbo a Santa Fe. Después, tomamos por la RN19 hacia Rafaela y empalmamos la RN34 rumbo al Norte. A la altura de Sunchales, el tránsito de camiones y vehículos se hizo un poco denso.

Durante una parada, en un diálogo de cara a la pared en una estación de servicios, un vecino de “box” nos dijo que más al Norte la ruta estaba aún más trabada. Así que tomamos la RP17 rumbo a Balnearia, La Para y Villa del Totoral, con nada de táansito, pavimento en buenas condiciones y bien señalizada, donde recuperamos el ritmo de marcha.

De Villa del Totoral a Dean Funes, Quilino y Recreo, pasando por Frías, Lavalle y La Madrid. Después, en Monteagudo, desviamos por la RP329, que nos llevó a nuestra primera parada: Concepción.

Si tuviéramos que sintetizar esta etapa tendríamos que decir: fue un placer. En ruta, la Raptor es una traga-kilómetros, con el confort del living de casa. Se nota a la legua el resultado del nuevo estilo del chasis (realizado por Ford Perfomance), que le ganó en largo, ancho y altura. Convirtió a la Ranger de siempre en una nave. El habitáculo, con cinco adultos, no se hizo notar y ofreció todo el confort -y más- del que se puede esperar en una chata pensada para el Off-Road y caminos “turbulentos”.

Ya C.C. se extendió en los detalles en su crítica (leer acá), pero queremos resaltar el confort de las butacas, la disponibilidad de información que entrega la computadora de abordo, la excelente pantalla de 8” que -en realidad-, es un verdadero centro de comando y en donde la visibilidad del GPS es perfecta. Pero hay que resaltar la versatilidad del monitor que te permite prácticamente manejar todos los controles del tablero, incluyendo audio, teléfono y climatizador. En algunos momentos, el aire acondicionado para el asiento trasero fue insuficiente y solo compensado con una baja fuerte de los aireadores delanteros.

Terminamos el día en Concepción. En la plaza nos refrescamos con unas cervezas y un licuado de frutas híper helado, todo acompañado con maníes y quesitos. Ahí, en la plaza, mirando desde la plaza, reafirmamos una tendencia que veníamos observando desde que salimos de Pacheco: nadie le saca los ojos de encima a la Raptor.

Más allá del natural “vicheo” y algún “qué hermosa” durante las paradas a cargar combustible, en la plaza de Concepción tuvimos a Juan y Alberto, que dejaron sus Nissan y Toyota, y se acercaron a charlar, pedir información y hacer comentarios. Podrán decir muchas cosas de la Raptor, menos que no despierta cierta envidia en los fans de las pick-ups.

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Buscando información en los "boxes" de estaciones de servicio, para evitar el tránsito pesado.

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Debajo de ese sombrero se esconde toda la sabiduría del crítico rural de Autoblog: "¿A esto le dicen río? En la Cuenca del Salado eso es sólo una pérdida en la canilla de la cocina".

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DÍA 3

Salimos de Concepción por RN65, trepando vía Alpachiri, Cochuna y La Banderita, hacia la Cuesta del Clavillo, en una trepada intensa sobre ripio, con curvas cerradas y una vista espectacular a los valles. Paramos para hacer fotos en el Mirador, donde hay ruinas de una vieja hostería. En las paredes de esa construcción hay verdaderos restos arqueológicos de la historia argentina. Me refiero a las pintadas políticas y carteles de obras públicas que nunca se concluyeron.

En la trepada valoramos las opciones de transmisión y alternamos 4x2, 4x4 “Modo Baja” (recordar que es una de las opciones para manejo off-road veloz y lo de “baja” alude a la carrera Baja California, no a la reductora, que también tiene) y caja en modo manual, jugando con las levas en el volante. La Raptor trepó muy bien, lidiando cuestas y curvas cerradas sin esfuerzo, frenando de manera excelente en el ripio y permitiendo dominar la inercia en algunas bajadas pronunciadas.

Las cubiertas le calzan de una manera espectacular y tienen un “agarre” tremendo. Parece mentira que no las hubiéramos sentido zumbar en el asfalto y en el ripio se portaran tan bien. Otro mito que se cae, como dijera C.C.

Por eso, apelamos nuevamente a los fabricantes de pick-ups para que ofrezcan alternativas de cubiertas a sus clientes, al menos en tres alternativas: normal (ruta y arena), con algo de taco (tierra y ripio) y AT (all terrain) para barro, ripio y nieve. La terminal automotriz que lo haga primero seguramente verá reflejada en el mercado la satisfacción de los compradores. Hay que tener en cuenta que una cubierta de primera marca le cuesta al particular aproximadamente entre 15 mil y 20 mil pesos y debe cambiarlas todas apenas sale del concesionario, para calzar el neumático que realmente necesita. Es muy difícil que le tomen -al menos en un valor razonable- las que trae de fábrica.

En mi caso particular, por ejemplo, cambié las originales de mi chata en abril de 2018 por las BF Goodrich AT R18. Pagué 36 mil por las cuatro y me reconocieron sólo 4.000. En realidad, me vacunaron. Jacinto Campos no deja su cruzada para destacar la importancia de la integración entre el tipo de vehículo y las cubiertas a disposición del comprador (leer nota aparte).

Por Yunka Suma, Río Potrero y el Charqueadero (RP 48) llegamos a Las Juntas y Aconquija, ya en Catamarca, simpático pueblito que lleva el nombre del macizo montañoso en el que se encuentra enclavado. Tiene algunas calles de asfalto (una curiosidad, ya que se llega y sale por ripio). Seguimos por El Alto y en Agua de las Palomas bajamos rumbo a Andalgalá por la Cuesta de la Chilca, verdadero zigzag de innumerables curvas (véanla en Google Earth y allí tendrán una dimensión de la cantidad de curvas de la Chilca, hermosa cuesta).

Contracurvas, ascensos y descensos muy marcados que hacen vivorear la chata y la someten al castigo de subir en pendiente pronunciada, con curva cerrada y serrucho. Un verdadero desafío que la Raptor superó con holgura. También probamos el control de descenso y la excelente maniobrabilidad. Todo el chasis de esta Ranger es una maravilla. Entre tantas curvas, el volante parecía una ruleta. Se aprecia en estos casos el marcador en cuero rojo de la parte superior, para saber cuándo las ruedas están derechas. También acá la caja de cambios en modo manual fue una ayuda tremenda, aliviando la recarga de los frenos.

En ambos tramos, escuchando el ripio y las piedras como en “una comunicación telefónica de larga distancia”, merced a la suspensión y las cubiertas, alejaron cualquier sobresalto o incomodidad dentro del habitáculo en donde campeaban zambas y vidalas. En 4.000 kilómetros el mate no se volcó ni una sola vez, ni siquiera subiendo y bajando el Clavillo o La Chilca. Llegamos a medio día a Andalgalá, después de paradas y fotos. En La Casa de Lucio nos mandamos unas buenas empanadas catamarqueñas, unas excelentes pastas (llegamos tarde para el ansiado locro, y quizás fuera para bien, porque la temperatura en la ruta estaba cerca de los 39 grados) y el infaltable cayote con queso, que debió sustituir al inhallable “quesillo”, que no encontramos en ningún lado -ese, el de cabra o chiva, que se cuelga en el alambrado para escurrir y secar apenas-, lo que frustró en parte nuestras expectativas gastronómicas.

De Andalgalá apuntamos a Belén por RP46, donde nos esperaba Ricardo, encargado de las cabañas Alamos de la Puntilla, donde dormimos y donde nos mandamos un fantasmagórico asado “a la linterna”, ya que era de noche. Después de algunos partidos de metegol y pool, nos enredamos en un truco interminable mientras “Lacho” dormía sin mosquearse ante los “envido, real y falta que m…!” o de un “truco y retruco y vale cuatro c…!” y largos divagues sobre si es mejor jugar con o sin Flor o si como sostiene el Negro “…no hay que pasarse señas…”, al que no pudimos convencer entre todos que cuando se juega de compañeros -cuatro o seis- las señas son útiles, siempre y cuando se tenga la habilidad de pasarlas cuando no lo están mirando. Nos fuimos a dormir sin que aflojara, como chancho de la nariz.

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Mirador de la Cuesta del Clavillo.

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A J.C. le encantaron los zapatos de la Ranger Raptor.

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DÍA 4

Dejamos Belén a las 10:30 por RN40, transitando la escénica Cuesta de Belén y paramos en “El Shincal”, admirando un museo pequeño, pero muy bien plantado y de excelente cuidado. A las 13:20, previo desvío en Loro Huasi hacia RN60 almorzamos en Tinogasta, donde en el restaurante El Rancho nos desquitamos con empanadas y un locro bien pulsudo. Por RP3 y RN78, pasando por Famatina, arribamos a Chilecito a las 16:20, luego a Nonogasta y por la Cuesta de Miranda, verdadera maravilla, aunque el pavimento le quitó un poco de su antiguo encanto. Por la RN40 seguimos hasta Villa Unión, nuestra base en el área de Talampaya, Valle de la Luna y Laguna Brava.

No nos vamos a detener en la descripción de Talampaya ni el Valle de la Luna, porque son destinos turísticos ampliamente conocidos, pero sí recomendamos -al que no los conozca- que los visite. Pero no podemos dejar de recomendar una parada nutritiva en “Baldecitos”, en el almacén de Doña María (entre ambos parques nacionales, sobre la RN150, en su confluencia con la RN76 que nos traía de Villa Unión). ¿Qué tiene de extraordinaria esa parada? Nada y todo: es un típico almacencito de campaña, como en cualquier provincia o paraje del interior, pero enmarcado en la soledad de rutas interminables y rodeado de montañas imponentes (casi la nada misma, en ambiente hostil).

Allí, por un precio realmente módico, en relación a otras ofertas del área turística, nos engullimos fiambres, picadillo de carne y pan fresco, con gaseosa en botella de vidrio a temperatura polar, y charlamos con Doña María y su hija. ¿Qué más que eso? Esa era la parte de todo.

Regresamos a Villa Unión por la cuesta de Huaco (RN150), pasando por el pueblo del mismo nombre. Si bien nuestra intención era desviar y rumbear hacia Jáchal (como en la famosa cueca) y después retornar a Villa Unión por la RP491 y la RN40 pasando por Guandacol, pero se nos hizo la noche y decidimos seguir hasta Villa Unión, ya que a la mañana siguiente salíamos temprano hacia Laguna Brava.

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La Ranger Raptor en la Cuesta de Miranda.

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Y en el Valle de la Luna.

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DÍA 5

A las 7:45 nos encontramos en el Hotel Cuesta de Miranda II con Gardi Gallegos (¡gracias CC por el dato, es un tipazo y excelente guía!), propietario de DS Uno Turismo, quien nos precedía en su Toyota SW4 y nos detallaba los puntos de interés por radio. Hicimos la parada obligada en El Jagüel, a comernos unas empanadas amasadas allí mismo y fritas en olla de fierro, con un fueguito en el piso. Quien lo haya hecho no podrá -ni deberá- olvidar el sabor especial de la empanada y la tortilla rellena de jamón y queso (un calzone, en términos tano-porteños) y el momento de camaradería con los choferes de las excursiones, cuyos contingentes seguían su instinto gregario y no se mezclaban. No sea que el aire contamine.

La subida a Laguna Brava fue un “pastel” con la Raptor y utilizando todas las alternativas de transmisión que ofrece el TMS (Terrain Management System) y la caja de 10 marchas, 4x2, 4x4 Alta y 4x4 Baja (ahí sí, “baja” significa reductora). Con eso no hay nada a lo que uno no se le anime. Probamos nuevamente el asistente de descenso de pendientes y nos bajó a paso de hombre en un tramo bien inclinado. En realidad, creo que lo único que no probamos fue el zorrino del limpia parabrisas.

Allí pudimos ver y entrar a los refugios que mandara a construir Domingo Faustino Sarmiento durante su Presidencia. Es conocida la historia de su apresurado primer viaje/exilio a Chile huyendo de un lío de polleras, por las cuales el ilustre Sanjuanino tenía especial predilección: tomó por el camino de los arrieros que llevaban las recuas de mulas y caballos y mercadería a Chile por el Paso Pircas Negras. Sólo quien se bajó del vehículo en Laguna Brava -sin que el viento le arrancara la puerta ni el frío le cortada la cara o le costara una pulmonía- aprecia el valor de la actitud de Sarmiento. Los refugios son circulares, de piedra y tienen la forma de un nido de hornero, con entrada espiralada, para evitar que entre el viento, que sopla constantemente en esa zona inhóspita.

Allí Jacinto se apunó “de en serio”. Y, aunque los más jóvenes hicieron gala de su estado físico, al bajar pagaron el precio y estuvieron calladitos todo el tiempo. Kieran “Serapio” Ballesty, el piloto alterno, que había tomado el lugar del apunado Jacinto, esperó a que este reviviera de su sopor y le entregó el rosquete, ya que el apunado ahora era “Serapio”.

De Laguna Brava regresamos a Villa Unión y preparamos la partida para el día siguiente, con la idea de hacer un alto en alguna zona de Córdoba.

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Trepando hacia la Laguna Brava. A la derecha, uno de los refugios para arrieros que ordenó construir Sarmiento.

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Autoblog hizo cumbre en Laguna Brava por segunda vez en el año. La primera en abril y con otra chata.

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DÍA 6

Salimos por RN76 y RN150 hacia Patquía. allí tomamos la RN38 a Chamical, donde repostamos en el ACA y nuevamente la Raptor atrajo las miradas admiradas de quienes esperaban pacientemente a ser atendidos. Continuamos hasta Villa de Soto y Cruz del Eje. Allí bajamos al Sur hasta Charbonier, donde tomamos la RP17 hasta Sarmiento, pasando por Ongamira.

Buscábamos la última cuesta programada, la de Los Peregrinos. Si bien es menos impresionante que las que veníamos haciendo, no deja de tener una hermosa vista una vez llegados a la cumbre. Pero lo que más nos atraía de ese tramo era la aproximación a la cuesta misma: un camino con curvas y contracurvas, amplias y cerradas, lo que nos permitió probar a fondo las capacidades de la Ranger Raptor. Y allí sacó a relucir sus mejores condiciones: optamos por dos modos , “Baja (California, para off road rápido) y “Sport” (para tramos de menos ripio y cuesta). La estabilidad del chasis no deja de sorprender. El esquema trasero tipo Watt y los amortiguadores Fox Racing, unidos a las tremendas BF Goodrich, dan siempre lo mejor de sí.

La llevamos (obvio) en Manual todo el tiempo, bien “enfrenada”, como dice Don Jacinto, entre 2.500 y 4.000 rpm y desconectado el control de tracción, a fin de aprovechar al máximo el motor en las correcciones de curvas, subidas y bajadas. Las levas del cambio son una ayuda especial, y el marcador rojo, nuevamente y como en la Chilca, fue de gran ayuda. El comportamiento fue excelente y allí si, como anticipó C.C. en su crítica, un poco más de potencia no hubiera hecho daño.

Finalmente, seguimos por RP17 –ya de pavimento- pasamos por Villa del Totoral, Cañada de Luque, Obispo Trejo, La Puerta y La Para hasta Marull. Allí buscamos el sur por RP3 hacia Concepción de El Tío, recordando la famosa rodada del General Paz, al caérsele el caballo ante el experto tiro de boleadoras del soldado Ceballos, de la partida de los hermanos Ryenafé del partido del Gobernador Federal de Santa Fe, Estanislao López y que lo llevara a cuatro años de confinamiento en Luján. De allí a San Francisco y por la RN34 (ya más despejada) y arribamos a Rosario a las 18:30. Al día siguiente, viaje tranquilo hasta la Torre de Autoblog en la República de Béccar.

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Ya pegando la vuelta.

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La Rioja y Catamarca tienen algunos de los mejores paisajes de la Argentina. Y pocos lo saben.

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CONCLUSIÓN

Si hubiera que sintetizar en un concepto la performance de la Ford Ranger Raptor, diría que es una pick-up off-road de lujo. Es una viajera incansable y placentera. Además, con consumos muy razonables: en off-road y con trepadas gastó una media de 14 litros cada 100 kilómetros. En ruta y a una velocidad constante de 120 km/h, gasta 12 litros cada 100. Tan buena es, que nos gustaría probarla con un poquito de potencia extra. Esto es como las empanadas catamarqueñas: uno siempre quiere más. Flor de chata y carita feliz para la marca del Óvalo.

J.C.

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Fueron más de 4.300 kilómetros en una semana.

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Hay equipo.

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No se olviden del fotógrafo.

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Que nunca falten.

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No es una pick-up de trabajo.

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Pero es la herramienta más indicada para viajes off-road.

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