Por Javier KD
Especial desde México

En diciembre me fui de vacaciones a México y estuve ocho horas en la Isla Cozumel. Como buena persona ansiosa y precavida, en los días previos encaré un durísimo trabajo de investigación (bueno, googleé) sobre qué hacer durante ese tiempo en la isla.

Todos recomendaban alquilar unos scooters para recorrerla. Cozumel tiene una sola ruta de 70 kilómetros, que es como una circunvalación que permite recorrerla por completo, siempre con la playa a menos de 50 metros de distancia.

Cuando por fin llegué a la empresa de alquiler de motitos, el empleado me contó que por 20 dólares más podía alquilar un buggy: “¡¿Acá tienen Buggies?!”, le pregunté.

También me contó que podía alquilar un Jeep Wrangler, pero cuando me dijo que costaba ciento y algo de dólares de diferencia, volví a concentrarme en la palabra “Buggy”. Sin ver una sola foto, lo contraté, pagué y me entregaron las llaves.

Al llegar al playón de entrega de vehículos, empecé a ver un arco iris de autitos que llamaba mucho la atención. Mi sorpresa fue enorme cuando descubrí que ese arco iris estaba compuesto por unos Volkswagen Gol Trend muy raros. Uno de esos era el Buggy que yo había alquilado, el Buggy Gol Trend que Autoblog mostró la semana pasada.

Lo primero que pensé fue: “¿Cómo pueden destruir un Gol Trend para hacer esto?”. Y mientras pensaba, daba vueltas alrededor del auto.

Pero bueno, me subí al Buggy Gol de un saltito simpático y divertido. Y salimos a la ruta.

La primera playa estaba a ocho kilómetros de distancia. Me quise poner el cinturón de seguridad, pero no lo encontré. Claro, el auto no tiene parante central y pensé que por ende ni siquiera tenía cinturón.

En la primera playa pasamos unas horas, comimos algo y me quise poner las chancletas para ir a la playa. El problema es que en este Buggy no podés abrir la puerta para sentarte en la butaca y cambiarte las zapatillas. No tiene puertas. Y te tenés que sentar en el costado del auto, clavándote el borde en el traste.

Fue en esa maniobra que por fin encontré el cinturón de seguridad. Estaba tirado bajo el asiento y era de dos puntos. Ahí también descubrí que el volante se regulaba en altura. Pero la butaca era fija.

Cuando estábamos rumbo a la segunda playa, el hermoso techo de lona que nos protegía del sol se empezó a desenganchar de la parte de atrás. Se había desprendido lo que vendría a ser la luneta. Me puse en la sencillita tarea de volver a enganchar la lona, pero eso que desde el retrovisor parecía una pavada se transformó en una lucha entre cinchadas y astucia para volver a poner la argolla en el enganche.

Para entrar a la siguiente playa, salimos del asfalto y nos metimos en un camino de tierra y arena que estaba en muy buenas condiciones. Esto no quita que adentro del auto empezáramos a saltar, confirmando mi teoría que de que este era un Gol Trend auténtico -aunque “cortado”-, al cual no le tocaron o mejoraron la suspensión. Sólo le sacaron cosas. Era más liviano y saltarín, pero se la aguantaba.

En el faro de la isla nos cruzamos con un guardaparques –o guardabosques o guardafaros- que nos dijo que si seguíamos por el camino de tierra veríamos unos cocodrilos.

Me sonó a mentira, pero encaramos el camino de tierra. Primero a 30 km/h y después a 60 km/h, porque a esa velocidad los saltos eran más parejos.

Al llegar al lugar usamos por primera vez el baúl, que es muy distinto al de un Gol Trend. La tapa del baúl es de fibra y no pesa nada. Por eso, al cerrarlo hay que hacerlo despacito y con cuidado. Nunca hay que cerrarlo como lo hice yo. Casi lo parto al medio.

Hasta acá, todo muy lindo. Tan sólo el simpático saltito para subir o bajar del auto me empezaba a joder un poco. Después de la foto con los cocodrilos y el faro, volvimos a la ruta.

Todavía nos quedaba la segunda mitad de la isla. Así que, apenas pisé el asfalto, aceleré a fondo y -para mi sorpresa- salió muchísimo más rápido que el Gol Trend de mi tía.

A mitad del hermoso camino de vuelta empezó a caer una llovizna, pero de gotas gruesas. Hasta ese momento, nada que un techito de lona y un limpiaparabrisas no pudieran enfrentar. Pero del lateral del parabrisas las gotas empezaron a chorrear dentro del habitáculo. Se comenzó a mojar todo. Empezando por los pasajeros.

El cielo se nubló por completo y se puso negro. Se venía más agua.

Aceleré a fondo –digamos que superé un poco la máxima permitida de 80 km/h- para que el agua dejara de gotear adentro. Y por fin llegamos a la ciudad.

Antes de devolverlo, fuimos a cargar nafta, porque había que entregarlo con el tanque lleno. Habíamos gastado sólo un cuartito. En México, eso son ocho dólares.

Esa fue mi experiencia con el Buggy Gol Trend fabricado en Jalisco.

JKD

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Crítica: Buggy Gol Trend
Javier KD (gorrita), a punto de saltar dentro del Buggy Gol Trend.

Crítica: Buggy Gol Trend
Tiene carrocería de fibra de vidrio y se fabrica en Jalisco, México.

Crítica: Buggy Gol Trend
Se produce sobre la base del Gol Trend brasileño. No tiene puertas.

Crítica: Buggy Gol Trend
El habitáculo conserva cinco plazas.

Crítica: Buggy Gol Trend
Posee cinturones de seguridad, pero sólo de dos puntos.

Crítica: Buggy Gol Trend
La plancha de instrumentos es la misma del Gol brasileño.

Crítica: Buggy Gol Trend
La luneta trasera tiene tendencia a desabotonarse.

Crítica: Buggy Gol Trend
El crítico invitado de Autoblog, en pleno off-road por Cozumel.

Crítica: Buggy Gol Trend
Una parada para hacer shopping.

Crítica: Buggy Gol Trend
Un día perfecto para andar en Buggy.

Crítica: Buggy Gol Trend
Y con rabiosos 101 cv bajo el capot (ideal para cazar Vochos en la ruta).

Crítica: Buggy Gol Trend
Hasta que se empezó a nublar.

Crítica: Buggy Gol Trend
Y se largó a llover (ver video).

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VIDEO: JavierKD opina sobre el Buggy Gol Trend (bajo la lluvia)

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