Si hay algo cada vez más difícil de definir es la segmentación del mercado automotor.

Marcar los límites entre segmentos y nichos se volvió casi tan difícil como establecer las fronteras que dividen a dos países en guerra: de un lado y otro vuelan los nuevos modelos que, como bombas de racimo, intentan golpear -de un solo disparo- en varios blancos al mismo tiempo.

Esta confusión en los segmentos no es casual: fue fríamente calculada por los responsables de marketing de las automotrices. La explicación es simple: siempre será más interesante ofrecer un auto que aparenta pertenecer a un segmento superior y aspiracional, por el precio de un auto más chico.

Esta estrategia incluso comenzó a marear a los llamados periodistas especializados. En los últimos años pude notar, no sin cierta curiosidad, que esta confusión genera un elevado grado de angustia en algunos colegas.

“¿Cómo puede ser?”, decía hace unos tres años un colega de televisión, mientras terminaba de devorar un cabrito a las brasas en las sierras cordobesas, con los autos del Rally de Argentina pasando a sus espaldas.

“¿Cómo puede ser que el Citroën C4 Sedán sea un auto compacto si es más largo que un Citroën C5?”, se mortificaba.

En efecto, el C4 Sedán mide 4,77 metros de largo y el C5 de esa época medía apenas 4,60 metros (el actual mide 4,78).

Recuerdo que intenté explicarle al colega que la segmentación no está establecida sólo por el largo de un auto, sino por su plataforma, su precio y otras variables. Pero prefirió olvidarse del tema y atacó la última porción de pulpa que todavía quedaba caliente. Se sabe: el cabrito frío cae pesado.

Este mareo periodístico con los segmentos es más común de lo imaginado. El año pasado, una revista de autos tituló en tapa que el Honda City pertenece al segmento de los medianos, cuando es sabido que es la versión sedán de un auto chico, el Fit.

Pero no fue un caso aislado.

Hace dos semanas, cuando Ford organizó el Mondeo Test Drive a Tandil (ver nota), me tocó compartir auto con otros tres colegas de diferentes medios. Después de cinco horas de viaje y cuando ya habíamos agotado todos los tópicos sobre fútbol, mujeres y política, volvimos a hablar de trabajo.

En un momento, uno de ellos soltó: “El Audi A1 es el mejor entre los compactos importados”.

“El A1 no es un compacto”, le corregí. “Es un auto chico. Chico premium, si querés. Pero chico al fin”, agregué sabiendo que se iniciaba otra discusión angustiante y sin cabrito a mano para ahogar las penas.

“Los autos del segmento chico son sólo los que se fabrican en el Mercosur”, arremetió el colega, con la firme intención de sacarme de las casillas. Pero decidí explorar un poco más su método de análisis y le concedí.

-Está bien. Si el A1 para vos es un compacto, ¿a qué segmento pertenece el A3?
-A los medianos.
-Ajá. ¿Y el A4?
-A los grandes.
-¿Y el A6?
-Ehhh… a los muy grandes.
-¿Y el A8?
-Andate a la punta que te partió.

Para evitar este tipo de confusiones, desde que Autoblog nació en enero del 2006 se decidió utilizar en todas las notas el sistema de segmentación establecido por la Unión Europea hace más de diez años.

Las diferentes categorías habían sido motivo de debate y discusión en esa entidad durante la última década, cada vez que tenían que tratar un asunto relativo al mercado automotor. Por eso, en marzo de 1999 -al mismo tiempo que le dieron el visto bueno a la fusión entre Hyundai y Kia- establecieron en el mismo texto una segmentación con nueve categorías.

-A: mini autos o citycars
-B: autos chicos
-C: autos compactos
-D: autos medianos
-E: autos grandes
-F: autos de lujo o limousines
-S: coupés deportivas
-M: multipropósito
-J: SUV

La escala fue adoptada con rapidez por las marcas y el grueso de la prensa de Europa, Estados Unidos y Japón.

Y el único inconveniente que plantea es cuando algún lego pregunta: "¿Por qué le dicen mediano al Passat si es un bote enorme?"

La respuesta más educada es: "Mediano es un segmento, no un adjetivo. Del mismo modo que el Passat es un auto, no un bote".

Volviendo a la segmentación de la UE, pronto surgieron las fisuras.

Queda claro: si hay algo que incomoda a los diseñadores y expertos en marketing, son las normativas gubernamentales que intentan reglamentar un mercado.

Así fue cómo, casi al mismo tiempo, surgieron los crossovers.

¿Y qué es un crossover? Como su nombre en inglés lo indica, es un auto que intenta pasar por encima de las segmentaciones y abarcar varias categorías al mismo tiempo.

El Peugeot 3008 es uno de los mejores ejemplos que tenemos en nuestro mercado. Se lanzó a la venta en junio del año pasado y ya se vendieron más de 1.880 unidades, que le fueron robando porciones a distintos segmentos.

Pongamos como ejemplo a los SUV. Este término surgió originalmente para denominar a las versiones civiles de vehículos militares o a las variantes carrozadas de las pick-ups, pero en la actualidad se aplica a todo vehículo con ciertos rasgos off-road, que ofrezcan al menos una versión 4x4 en su gama.

Si el 3008 fuera un SUV -que no lo es- ya podría jactarse de haber desplazado en ventas a los Toyota Rav4 y Renault Koleos, entre otros.

Si el 3008 fuera un monovolumen –que tampoco lo es- sería hoy el más vendido de nuestro mercado, ahora que se discontinuó el Chevrolet Zafira.

De hecho, el 3008 sólo pierde en ventas contra otro crossover auténtico: Dodge Journey.

Así es como nos vamos acercando a la definición de crossover: un vehículo con gran espacio interior, con puesto de conducción elevado y aptitudes para circular por caminos en mal estado, sin ser necesariamente un todo terreno.

Su nombre anglo-sophisticated lo hace parecer el último grito de la moda en marketing automotriz. Pero en nuestro país es un concepto que existe desde hace más de 80 años.

Lo llamamos colectivo. O bondi.

Y algunos dicen que fue un invento argentino, aunque esto último no sea cierto.

C.C.