Texto de Carlos Cristófalo

Es difícil escribir una nota sobre la Giulietta de Alfa Romeo sin hablar de su diseño. Sobre todo cuando te levantás a la mañana, abrís la ventana y recordás que esta brunetta durmió en tu garage. Sin mucho abrigo. Y con este fresquete de agosto.

La Giulietta está a la venta en la Argentina desde diciembre del año pasado, pero por las nuevas normas que el Gobierno le impuso a los importadores, las entregas y patentamientos comenzaron recién en junio.

En el país hay todavía menos de 50 Giulietta y la que está en el garage de Autoblog en este momento es una de ellas: 1.4 Tbi MultiAir, con 170 caballos de potencia, caja manual de seis velocidades y un precio de 35.491 euros (50.548 dólares o 209.044 pesos, al cambio de hoy).

Cuando termine de admirar su diseño (¿no les dije que era difícil?), tal vez la maneje. Y tal vez escriba una crítica completa, que se publicaría la semana que viene.

Pero antes, esta introducción me pareció una buena oportunidad para hablar de ese peculiar especímen humano llamado “Alfista”.

Me gustan casi todos los Alfa Romeo, pero los alfisti en particular no se llevan bien conmigo.

Debe ser tal vez porque nunca entendieron lo que quise decir en 2007 manejé un 159 y escribí: “Nadie puede considerarse un verdadero fanático de los autos hasta que haya tenido un Alfa Romeo. Como la primera borrachera, es un ritual de pasaje. Los Alfa son autos embriagadores, que te pueden provocar algún dolor de cabeza. Esto ocurrió sobre todo con la gama de modelos de principios de los años ’90 (155, 145 y 146). Eran atractivos, deportivos y diferentes a todo lo demás, pero te podían dejar tirado en cualquier momento”.

A la imagen de ragazzo terribile que los Alfa Romeo construyeron en nuestro país contribuyó bastante la decisión de Fiat Auto Argentina de abandonar la marca a su propia suerte en el año 2000.

Los clientes de Alfa se convirtieron de un día para el otro en parias, propietarios de los autos de más rápida depreciación del país, con repuestos caros y difíciles de conseguir.

Las ventas cayeron hasta casi desaparecer: en el primer semestre del 2006 se vendieron apenas 38 Alfa Romeo en el país, una cifra ínfima si se compara con los 1.420 Audi del mismo período.

Fiat delegó la representación de la marca en el Gruppo Módena, pero la situación no mejoró. De hecho, empeoró aún más. En 2007 se vendieron 67 Alfa Romeo. Y en 2008 se alcanzó un mínimo histórico con apenas 27 unidades.

A fines del 2009, el Gruppo Modena delegó la representación de la marca en Centro Milano, una nueva empresa perteneciente a la familia Belcastro, dueños de una amplia red de concesionarios de varias marcas en todo el país.

Fueron muchos los que pensaron –yo, entre ellos- que Fiat había nombrado a un convidado de piedra sólo para que el fracaso definitvo de Alfa Romeo en la Argentina no manchara su imagen.

Pero entonces ocurrió el milagro de Lázaro-on-wheels: con la marca manejada por la joven Carolina Belcastro, en 2009 Alfa patentó 38 unidades, en 2010 llegó a 286 y en los primeros siete meses del 2011 –a pesar de las trabas aduaneras- ya lleva patentadas 289 unidades.

Esta inesperada –por mí, entre otros- resurrección de Alfa Romeo en la Argentina cortó de cuajo con uno de los males endémicos de la marca: la rápida depreciación de las unidades cero kilómetro.

La demanda del mercado supera al número de unidades disponibles y esto genera fenómenos extraños como que un Mito 2010 –usado, pero con entrega inmediata- hoy valga más que un Mito 2011 –nuevo, pero con varios meses de espera hasta la entrega-.

Tengo un amigo que en enero pasado recibió su ansiado Mito 1.4 Tbi y a la semana de usarlo descubrió que el color Grigio Techno no le gustaba tanto. Él quería un Biancospino.

Le planteó el problema al vendedor y la cordial respuesta fue la siguiente: “No hay ningún inconveniente, caballero. Le reintegro el importe completo de la operación y le reservo un Biancospino cuando llegue el próximo embarque. Tengo cinco clientes esperando un Grigio Techno y estoy seguro de que alguno de ellos no tendrá problemas de aceptar una unidad con tan pocos kilómetros como la suya”.

No hace falta decir que mi amigo aprendió a querer a su Mito gris. En un reciente viaje a Roma hasta se compró un traje que hace juego con el color de su Alfa.

Gente extraña. Así son los Alfistas.

El fenómeno de la depreciación de los Alfa Romeo, sin embargo, se sigue aplicando de manera invariable con casi todos los modelos vendidos en la etapa previa a Centro Milano.

Otro amigo mío, que no tiene ningún empacho por reconocer que está atravesando la “crisis de los cuarenta”, decidió un buen día que ya no estaba en edad de manejar un Ford Focus.

Un día, hablando por teléfono -y con el tono avergonzado de quien le confesaría su homosexualidad al amigo con el que compartió varios años de vestuario-, me dijo:

-Quiero comprarme un Alfa Romeo usado.
-Genial, te felicito –le respondí.
-Pensé que me ibas a decir que estoy loco.
-Estás loco, sí. Pero comprar un Alfa Romeo es una de esas locuras que hay que cometer alguna vez en la vida.
-Me gusta un 166 3.0 V6 24 válvulas del 2001.
-Estás loco.
-El dueño pide 60 mil pesos. ¡Es un regalo!

Este diálogo ocurrió hace un año. Mi amigo pasó los últimos doce meses atormentando al pobre viejito, único dueño, que tiene su 166 en venta desde ya no recuerda cuándo.

El sedán está en condiciones inmaculadas y el venerable anciano repite sin cesar que tiene todos los services realizados en concesionarios oficiales. Se lo dice a todos los que van a ver el auto, que en este caso es sólo mi amigo. Y yo, cuando lo acompaño.

Quiero ver feliz a mi amigo, pero como en el fondo lo quiero un poco, le di un consejo sano: “Averiguá los costos de mantenimiento y, si son razonables, compralo”.

El tipo pasó otro mes atormentando al viejito del 166, pero también a cualquiera que tenga stock con repuestos de Alfa de más de diez años de antigüedad. Con todos los deberes hechos, un día me llamó.

-Ya está, averigüé todo. Los services y hasta el seguro cuestan casi lo mismo que con mi Focus. Hacerle la distribución, con tensores, mano de obra y la mar en coche cuesta 2.000 pesos. ¡Menos que en el Corsa gasolero de mi mujer!
-¿Preguntaste por los respuestos de carrocería?
-Vos no te cansás de tirarme mala onda, ¿no?
-¿Cuánto cuesta una óptica completa de 166?
-Ehhh… mmmhh… reshemilmbesos.
-¿Cuánto?
-Seis mil pesos.
-Está bien, no te desanimes. Me imagino que no vas a estar chocando de trompa a cada rato.
-Gracias por darme ánimo, te dejo.
-Chau.

La semana pasada volví a tener noticias de él:
-¡Me compré el auto!
-¿En serio? ¡Te felicito!
-Pero no me compré el Alfa.
-¿Cómo que no?
-No, me compré un Audi A3 del 2003.
-¿Un Audi?
-¿Te sorprende?
-Agustín, tenés 43 años, sos abogado y vivís en Pilar. Que manejes un Audi nunca podría llegar a ser una sorpresa.
-¿Ya estás tirando mala onda?
-Tenés razón. ¿Estás contento con el A3?
-No. Lo odio.
-¿Por qué?
-Yo quería un Alfa.


En el garage de Autoblog: Alfa Romeo Giulietta

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