Más allá de las polémicas entre políticos, la novedad más taquillera de la exposición de ciencia y técnica de Villa Martelli fueron los Buggy Tecnópolis.

Cualquiera que haya visto la cobertura de prensa del evento, sabe que los cuatro autos eléctricos que la compañía automotriz argentina ArqBravo diseñó y construyó en serie para la feria tuvieron más exposición mediática que el Pulqui, la cámara refrigeradora que simula a la Antártida, los shows de Fuerza Bruta y hasta el huracán que el lunes 25 de julio convirtió en un bollo al stand de Santa Cruz.

Y tanto alboroto tiene su lógica: el Buggy Tecnópolis es el primer auto eléctrico diseñado y fabricado en pequeña serie en la Argentina. Las cuatro unidades fueron encargadas por los organizadores de la muestra, para cumplir tareas de transporte de pasajeros y carga, pero se terminaron robando la curiosidad del público.

La gente de ArqBravo los desarrolló y construyó en tiempo récord: apenas dos meses y medio. El chasis parte de la base del deportivo triplaza Nach One y del Buggy Boogie. La plataforma fue ideada y puesta a punto por el conocido preparador Pedro Campo. Tiene suspensión independiente en las cuatro ruedas, es liviano y posee un centro de gravedad muy bajo.

El Buggy lleva un motor eléctrico alimentado por 44 baterías de gel, que le otorgan una autonomía de 100 kilómetros con una carga de seis a ocho horas. Por tratarse de un vehículo de exhibición, su velocidad máxima está limitada a entre 40 y 60 km/h.

Para cumplir con el objetivo de llevar una carga de hasta 600 kilos se le adosó una caja de cambios de cinco velocidades. La transmisión es de Fiat Powertrain Technologies, empresa con la que ArqBravo tiene una alianza para la provisión de componentes.

“Los Buggy Tecnópolis son prototipos que permiten demostrar que es posible fabricar autos eléctricos en serie en la Argentina”, explicó Miguel Angel Bravo, titular de ArqBravo. “El siguiente paso es desarrollar motores eléctricos más eficientes, que estén en condiciones de usar las baterías modernas de iones de litio. También transmisiones específicas para este tipo de autos".

El diseño exterior, como nos tienen acostumbrados los prototipos de Bravo, es un poco estrafalario. La idea fue llamar la atención del público y sin dudas lo consiguió.

Por lo demás, cumple con la parte funcional que exigieron los organizadores: capacidad para cinco pasajeros y un techo de emergencia por si hay que transportar alguna autoridad.

Bravo se dio el gusto de conservar su ubicación favorita para el conductor: adelante, solo y en el medio, como en un auto de Fórmula.

La prueba de manejo se realizó en la pista que se construyó especialmente para Tecnópolis. La obra estuvo demorada y se inauguró recién la semana pasada.

Como se puede ver en el video de abajo, Bravo primero dio unas vueltas de introducción y después me cedió el volante. Más allá de la experiencia con el Toyota Prius (leer crítica) y con el ciclomotor Yamaha EC-03 (leer crítica), esta era la primera vez que manejaba un auto totalmente eléctrico.

Podría decir que me sorprendió el andar silencioso, la respuesta electrizante del acelerador y la suavidad de funcionamiento, pero estaría mintiendo: todas esas son virtudes de los autos a batería a las que uno se acostumbra rapidísimo, como si los hubiera manejado toda la vida.

Son vehículos tan sencillos y naturales de operar que es inevitable preguntarse por qué la Humanidad tardó tanto tiempo en redescubrir sus ventajas y valores, que se remontan a más de un siglo de antigüedad.

La virtud adicional del Buggy Tecnópolis es su comportamiento. En la recta de 50 metros de la pista de pruebas llegaba a 45 km/h y doblaba casi sin necesidad de tocar el freno. Las trochas anchas, las suspensiones deportivas y el bajo peso dejan en claro que el chasis está en condiciones de dominar muchísima más potencia.

Esa es la clave que convierte al Buggy de ArqBravo en un auto eléctrico que está en condiciones de ser usado mucho más allá de los límites de una cancha de golf o de un barrio privado.

Tardé un poco más en acostumbrarme al pedal de freno y la dirección, sin ningún tipo de asistencia. Lo mismo me pasó con la caja de cambios, con un tacto y recorrido que –se sabe- nunca fue la especialidad de Fiat.

Pero el torque del motor es tan generoso e instantáneo que hay que hacer primera-segunda-tercera y nunca más tocar la palanca de cambios.

Más allá de eso, el resultado de la prueba de manejo fue esperanzador. El Buggy Tecnópolis es el primer intento argentino por demostrar que el futuro de los autos eléctricos no tiene por qué ser aburrido por el simple hecho de no depender del petróleo, no hacer ruidos ensordecedores ni lanzar humo por el escape.

Y este esfuerzo llega en el momento justo. Una encuesta internacional de la consultora Deloitte reveló el mes pasado que los consumidores argentinos y los chinos se mostraron como los más interesados del mundo en comprar autos eléctricos. El interés argentino superó de manera holgada al de consumidores de Brasil, Europa y Estados Unidos.

Como todas las creaciones de ArqBravo (leer Crítica del Nach One), el diseño de las carrocerías puede generar polémica y discusiones interminables, pero debajo de la cáscara se nota que hay trabajo profesional y muchas horas dedicadas a un mismo objetivo: crear autos innovadores, pero que también sean divertidos de manejar.

El Buggy Tecnópolis ya tiene cuatro ejemplares en funcionamiento, pero no deja de ser un laboratorio rodante. Es el banco de pruebas que ideó ArqBravo para desarrollar su división de vehículos impulsados por energía alternativa.

El proyecto del Auto Popular Argentino (A!PA, leer más) podrá ofrecer una variante híbrida con un motor FTP en la parte delantera y un motor eléctrico sobre el eje trasero. Así, podrá ser un auto ecológico con tracción integral.

Además, ArqBravo también está desarrollando en forma paralela el llamado Proyecto RodOn, con diminutos autos eléctricos de alquiler temporario para uso exclusivo en ciudad (leer más).

Todos ellos serán hijos de este pionero Buggy a baterías. Sólo falta, como es sabido, el decreto presidencial que habilite a ArqBravo a patentar sus autos y poder comercializarlos.

En los últimos cuatro años, el Gobierno nacional le concedió este beneficio a dos empresas: a Honda Motor Argentina -para la planta CKD del City en Campana-, y a la familia brasileña Agrale -para la planta CKD de camiones en Mercedes-.

Si ArqBravo lo consigue o no, resultará algo anecdótico para el Buggy Tecnópolis.

Tiene un diseño extraño y algunos detalles típicos de un prototipo experimental. Pero es el primer auto eléctrico diseñado y producido en pequeña serie en nuestro país. Y, como si fuera poco, también es divertido de manejar.

Tan sólo por eso ya tiene asegurado un lugar en la siempre peculiar historia de la industria automotriz argentina.

C.C.

Crítica: ArqBravo Buggy Tecnópolis
Parece una Papamóvil futurista dibujado por Hanna-Barbera, pero el chasis de Pedro Campo dobla y se comporta como ya quisieran varios autos con motor a explosión.

Crítica: ArqBravo Buggy Tecnópolis
A pedido de los organizadores de Tecnópolis se construyeron cuatro Buggy eléctricos en apenas dos meses y medio.

Crítica: ArqBravo Buggy Tecnópolis
La disposición 1+2 del habitáculo es la misma del Nach One. En la parte trasera hay dos butacas más. Caben cinco pasajeros.

Crítica: ArqBravo Buggy Tecnópolis
Volante deportivo e instrumentación futurista para monitorear el estado de las baterías.

Crítica: ArqBravo Buggy Tecnópolis
El arquitecto Miguel Angel Bravo, fundador de la compañía ArqBravo.

Crítica: ArqBravo Buggy Tecnópolis
El Buggy Tecnópolis realizará exhibiciones dinámicas en la feria de Villa Martelli hasta el 22 de agosto.

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VIDEO: Prueba del Buggy Tecnópolis