Daniel Herrero, presidente de Toyota Argentina durante 12 años, presentó ayer su libro "Kaizen, el método Toyota de la mejora continua". Es una obra donde repasa "diez lecciones de liderazgo aprendidas sobre la marcha, tratando de tender puentes entre Tokio y Buenos Aires" (ver nota de lanzamiento).

Gracias a una gentileza de Daniel Herrero y Marcelo Panozzo, editor de la sección "No Ficción" de la Editorial Planeta, Motor1 Argentina publica en exclusiva un extracto del libro para sus lectores.

El texto de completo se reproduce acá abajo.


El milagro japonés “a la argentina”

WhatsApp Image 2024-05-30 at 17.57.35

Por Daniel Herrero

El Premio Nobel de Economía de 1971, Simón Kuznets, afirmó alguna vez: "Hay cuatro clases de países. Los países desarrollados; los que están en vías de desarrollo; Japón, que no tiene nada, pero tiene todo, y la Argentina, que teniendo todo, no tiene nada".

Yo puedo contar que la segunda parte de esta afirmación no se verifica, al menos, en lo que a mí me tocó vivir. Tuve la suerte de formar parte de otro tipo de experiencia, una en la que las diferencias entre japoneses y argentinos se difuminaron en beneficio de un objetivo superior. Esa experiencia puedo resumirla en seis palabras: el método Toyota “a la argentina”.

Si uno compara un gráfico de la evolución económica de la Argentina y otro de la filial local de Toyota en las últimas dos décadas, comprobará que la línea del primero cae o en el mejor de los casos se ameseta, mientras que la del segundo siempre se dirige hacia arriba. ¿Paradoja? ¿Milagro? ¿Excepción que confirma la regla? Yo prefiero hablar de método Toyota “a la argentina”. ¿De qué se trata? Es un método que combina lo mejor de las dos culturas: tiene como marco referencial la filosofía japonesa basada en la mejora continua y en el respeto por la gente, pero le suma una estrategia con una flexibilidad puramente argentina, la famosa “cintura” criolla. Esto, que desarrollaré a lo largo de este libro, nos permitió construir un espíritu de colaboración mutua con una visión global y un horizonte de largo plazo.

En las páginas que siguen me propongo contar cómo fue posible que lo que comenzó allá por 1994, cuando Toyota decidió poner un pie en la Argentina y tomó la decisión de abrir su operación local, llegara a convertirse en una compañía con la magnitud en volumen, excelencia y compromiso que alcanzó la filial. Avanzando unos pocos años en el tiempo, veremos también cómo el proceso productivo que empezó en 1997 con un equipo de 500 colaboradores y la fabricación de 10.000 camionetas por año, se convirtió, 27 años después, en un equipo de casi 8.000 personas y una producción de 180.000 vehículos por año, cuyo 20% se destina al mercado interno y el 80% se exporta a 22 países de América Latina.

La idea que después logramos plasmar en Toyota Argentina había empezado a germinar en mi mente mucho antes de mi ingreso a la compañía, producto de mi trabajo durante once años en la firma Gatic –fabricante y comercializadora de marcas deportivas, entre la que se destacaba Adidas–, donde entendí, quizá de la manera más cruda, que para que una compañía pudiera tener éxito a largo plazo en un país de vaivenes económicos constantes y marcados desequilibrios macroeconómicos como el nuestro, se debía encontrar el modo de no depender exclusivamente del mercado doméstico.

En la Argentina se acostumbra a hacer un chiste que dice que si uno se va de viaje dos semanas, cuando vuelve se encuentra con que todo cambió, pero que, si se va del país durante veinte años, al regresar verá que está todo igual. También se repite hasta el cansancio que se vive en un eterno déjà vu. Esto, que a priori aparece como una desventaja, permite tener dentro de la inestabilidad una certeza: los problemas estructurales son siempre los mismos y basta leer para eso cualquier investigación que se haya escrito sobre el tema. Por eso, yo tenía en claro que el gran desafío era lograr ponernos a salvo del recurrente problema de la escasez de dólares.

No imaginaba aún lo vital que sería en lo personal ese aprendizaje cuando en 1999 inicié la búsqueda de un nuevo trabajo y se empezó a vislumbrar de pronto que la puerta que se abría era nada menos que la de Toyota Argentina. Debido a la pasión que siempre tuve por los autos, mi ideal era ingresar en una compañía automotriz, y en esa búsqueda estaba cuando un día apareció mi esposa, María de los Ángeles Navas, con el recorte de un aviso clasificado en el diario La Nación, en el que se leía que estaban buscando una persona para cubrir el puesto de gerente de Finanzas.

El proceso de selección ya me permitió tener una noción de lo que era la mentalidad japonesa, conocimiento que en un futuro resultaría fundamental para el proyecto que encararía. Y digo que allí tuve mi primer encuentro con esa idiosincrasia, porque la entrevista de selección duró seis meses. Sucede que, para estos casos, pero también para otras cuestiones de su vida, los japoneses tienen una regla muy arraigada culturalmente a la que llaman “los cinco porqués” (las cinco W, que es la inicial de “Why”, o “por qué” en inglés). Es decir, que antes de decidir algo, aceptar una propuesta o definir un candidato para un cargo, le preguntan a quién se lo expone o a quien se ofrece para ese puesto por qué hace eso, y una vez que se les responde ese porqué, vuelven a preguntar lo mismo. Y repiten la pregunta cinco veces. Si en esas cinco oportunidades uno responde de manera satisfactoria, la prueba está superada. Pues bien, yo atravesé ese filtro contestando con total seguridad las cinco veces por qué quería trabajar en Toyota.

En este caso, como en muchos otros, buscar el modo de entender la forma de actuar del japonés termina por dar sus frutos. La mayoría de las veces uno aprende a través de la experiencia de una manera más veloz, y ese aprendizaje se hace carne. Recuerdo que yo llamaba a la consultora que me había propuesto y les decía que se estaba demorando mucho la definición, que me parecía que me hacían perder el tiempo y que finalmente no me iban a tomar. A lo que recibía como respuesta: “Tranquilo. Vas a ser el gerente. Lo que sucede es que son japoneses. Ya tomaron la decisión, pero antes de oficializarla tienen que ver tres o cuatro opciones más para terminar de convencerse de que sos la persona adecuada”.

Hay que entender, además, el contexto en el que transcurría todo esto. Justo en ese momento la industria automotriz atravesaba una situación complicada, con Brasil, el principal socio del Mercosur, en serias dificultades económicas. Aquella crisis se caracterizó por la fuga de capitales, caída del nivel de actividad y cuentas públicas en rojo, situación ante la cual el remedio elegido por el gobierno brasileño fue devaluar la moneda respecto al dólar para aumentar la competitividad de sus productos. Eso a nosotros nos pegó de lleno. El impacto en la industria argentina, fuertemente representada por el sector automotor, fue lo que se conoció como “efecto caipirinha”.​

Entonces, con ese escenario como telón de fondo, recuerdo que otra de las preguntas que me hicieron durante el proceso de selección fue: “¿Usted por qué quiere trabajar en una industria que está en problemas?” A lo que respondí: “Las crisis en la Argentina pasan, son cíclicas, pero mi pasión por los autos va a seguir por siempre”. También eso de los ciclos lo había aprendido en Gatic, y sería otra de las claves de lo que me tocaría sortear en el futuro. Los argentinos nos hemos acostumbrado a lo que los economistas Pablo Gerchunoff y Lucas Llach llamaron “el ciclo de la ilusión y el desencanto”, expresión que dio título a su libro sobre la historia económica local desde 1880 hasta nuestros días.

Una vez que me abrieron las puertas fue ingresar no solo a un trabajo nuevo, sino a un mundo nuevo. La idiosincrasia argentina es muy distinta a la japonesa. Si hubiera hecho mi viaje de inducción a Japón un tiempo antes, algunas cuestiones no me habrían sorprendido tanto, pero recién viajaría unos años más tarde. No fue solo una: varias eran las sorpresas que me esperaban en la compañía.

D.H.

* Copyright de Editorial Planeta (comprar el libro).

Click en la imagen para ampliar.
Click en la imagen para ampliar.

Daniel Herrero

Enviá tu noticia a novedades@motor1.com