El sitio "Test del Ayer" rescató de los archivos y digitalizó una investigación histórica de la Revista Parabrisas: "Estos autos... ¿Son todos para lisiados? Pese a la Aduana cerrada los importados 0km existen", informaba el artículo de abril de 1986.

Ahí se cuenta la historia de un depósito de la Aduana en el Puerto de Buenos Aires donde había "más de cien" Mercedes-Benz importados, en una época de la Argentina donde estaba prohibido ingresar al país autos 0km. Las únicas alternativas posibles era importarlos mediante un permiso específico para embajadas en nuestro país o por el régimen para personas para discapacitadas (en esa época era muy común usar el término "lisiados").
Los argentinos con movilidad reducida formaban parte de esa excepción porque de esa manera accedían a tecnologías y comandos que facilitaban el uso de vehículos, como era el caso de los modelos con caja automática (que no se fabricaban en nuestro país).

Esa normativa se utilizó como "paraguas" para ingresar autos importados para todo tipo de clientes, siempre y cuando estuvieran dispuestos a pagar el trámite y hasta los sobornos que acompañaban estos permisos.

Esa situación irregular terminó con un escándalo judicial en 1991, que llevó al procesamiento judicial de personalidades conocidas como los actores Susana Giménez y Ricardo Darín, además de empresarios amigos del poder de turno, como Constancio Vigil (ver nota de archivo).

La nota de Parabrisas rescatada por Test del Ayer confirma que ya en 1986 existía un "mercado paralelo", donde figuran personajes destacados de la política nacional. Entre otros aparece Roberto Lavagna, quien en el siglo actual se convertiría en Ministro de Economía y varias veces en candidato presidencial.

La nota de archivo de Parabrisas se reproduce completa acá abajo.


Revista Parabrisas (abril de 1986): "Estos autos ... ¿Son todos para lisiados?"

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Texto original de Guillermo Berzá

Fotos de "Juano" Fernández 

Fue una nota difícil porque pocos, o mejor dicho casi nadie, quiso hablar del tema. Pero en los galpones de la Aduana en el Puerto de Buenos Aires, hay más de cien automóviles modelo 1986, recién llegados. ¿Cómo y quién los trae?. ¿Lisiados o embajadores?. ¿Cómo se venden?. Un informe que esclarece este viejo negocio -legal- de comprar permisos

¿Usted sabía que a pesar de que la importación de automóviles está totalmente prohibida, puede comprar un cero-kilómetro línea 1986 en casi medio centenar de concesionarios capitalinos?. Claro está, para ello tiene que estar dispuesto a invertir entre 50 y 100 mil dólares en una operación que, aunque legal, tiene sus aristas peligrosas. 

Actualmente doce agentes oficiales de una marca y alrededor de treinta firmas no oficiales se dedican a este lucrativo negocio que alcanza una venta anual de alrededor de trescientas unidades. Eso si, cuando usted indague acerca de la procedencia de la próxima compra, y la manera en que se introduce en el país, le contestarán: "Menos pregunta Dios, y perdona" o sencillamente lo echarán con cajas destempladas. 

Para muestra basta un botón. Una de las concesionarias ubicadas en la avenida del Libertador vendió desde junio del año pasado hasta diciembre un promedio mensual de ocho unidades. La cifra no será monstruosa, pero sí lo es que ese agente haya engañado al Estado, a los importadores y a los clientes, ya que el sobreprecio alcanza un 30 por ciento. Solo hay que sacar la cuenta. En un auto de 75.000 dólares (precio promedio de venta), los vendedores ganan "apenas 10.800 dólares". 

Nuevamente usted razonará: "10.800 dólares es el 15 por ciento del precio". ¿Qué pasa con la otra mitad de la ganancia?. Pero ya habrá entendido que allí está el centro del problema, y por supuesto, que no conviene profundizarlo. 

"Las importaciones que vos matáis, gozan de buena salud"

Las averiguaciones encaradas para la confección de esta nota en la Secretaría de Comercio Exterior, no arrojaron ningún resultado. Casualmente porque nadie respondió. El licenciado Roberto Lavagna se encontraba "muy ocupado para hablar de ése tema", el Director General de Importaciones "se encuentra de vacaciones" , y el segundo, el tercero o el cuarto (que habían quedado en responder un pedido de entrevista) nunca contestaron. 

Solo una persona de Importaciones, que no acepto identificarse, respondió: 

-Las importaciones están prohibidas para autos, camiones livianos y camionetas. Eso está pautado en el decreto número... 

-Espere un minuto por favor. Todo el mundo sabe que las importaciones están prohibidas, pero los autos entran igual. En las agencias se están vendiendo automotores línea '86. Sólo tiene que recorrer un poco y se va a encontrar con las carrocerías que relucen, sin patente, y con un solícito vendedor a su lado. 

-Las importaciones están prohibidas para autos, camiones livianos y camionetas. Eso está pautado... 

-Parece que estuviera hablando con un contestador automático... ¿Usted no tiene nombre? 

-Mi nombre no importa. Y las importaciones están:.. ya se! (Cambiando de táctica) ¿Ningún auto importado ingresa al pais? 

-Eso es distinto: Al país ingresan autos importados para lisiados y para diplomáticos, además de unos doscientos camiones y camionetas que Yacimientos Petrolíferos Fiscales compró a la Unión Soviética, utilizando el convenio bilateral.

-¿Esos que se pagaron a Precio de oro? 

-Los mism..., quiero decir. el precio es el fijado de común acuerdo entre las partes, y el que rige en territorio de la U.R.S.S.

-Entiendo. ¿Qué pasaría si un particular quisiera comprarse una linda camionetita rusa? 

-Las importaciones están prohibidas para autos, camiones.... 

-Sí, creo que ya escuché eso varias veces. Ahora dígame, si los autos que se venden no ingresan por vía de Comercio Exterior parea su posterior ofrecimiento a los interesados, ¿no sería mejor que se abriese parcialmente la entrada de los mismos para cobrar los impuestos fiscales que ahora se "comen" las agencias y alguien más? 

-Tiene razón, eso sería muy interesante. Pero lamentablemente no se puede hacer.

-¿Por qué? "Porque las importaciones están..."

-Hágamee un favor, terminemos acá y gracias.

Los lisiados con autos lujosos

Profundamente alentado por las reveladoras informaciones que la Secretaría de Comercio Exterior proporcionó a este cronista, la búsqueda se dirigió hacia nuevos rumbos. Es decir, hacia la whiskería más cercana. Tal vez se podría sacar más informaciones de un vaso de scotch que del burócrata de turno. Mientras la doble medida se reducía a la mitad, una hoja de papel servía para anotar los datos conseguidos: La hoja quedó en blanco. El, vaso también... 

-¡Carlos! Otra vuelta, por, favor. Carlos volvió con la botella (también importada y lujosa), los hielos y una sonrisa que me pareció de lo más estúpida. Con tal de amargarle un poco el día le dije:

-¿Sabés que alguien está entrando autos de 30 o 60.000 dólares al país, cero-kilómetro y gana casi 15.000 verdes por venta? 

-No, pero este también es importado aunque no sea un auto. 

-Entiendo, pero pagó todos los impuestos vigentes. Lo que no entiendo es cómo pueden entrar esos autos si los unicos autorizados a importar vehículos son los diplomáticos y los lisiados. 

-¿Y dónde viste un lisiado con Mercedes-Benz?, razonó el lúcido mozo.

La verdad de un asunto espinoso

La solución era tan simple que es casi imposible de sospechar. A esta altura del partido usted ya habrá adivinado que los autos superlujo, supersport y super-caros que se comercializan tienen un detalle por lo menos sospechoso: la mayoría están equipados con caja automática que es un opcional y no un elemento standard. 

Los lisiados poseen franquicias para importar un auto cada tres años, libre de toda clase de impuestos. Y los diplomáticos (dependiendo de su categoría) pueden traer una o dos unidades anuales, también libres de cargas fiscales. 

Ahí está la trampa. Tal como después lo confirmarían por lo menos dos dueños de agencias (una oficial y una extraoficial), los inválidos y los embajadores (o los secretarios, o los agregados militares, o los agregados comerciales o quien sabe cuantos más), hacen pingües negocios con las prohibiciones existentes. 

El sistema es el siguiente. Una vez gestionada, la franquicia de importación (tarda un mes para los de las cancillerías y algunos años para los lisiados), éstos la venden a comerciantes interesados. En otros casos encargan la unidad, la pagan, la ponen en puerto y luego la comercian. Esta última modalidad no conviene tanto a las agencias, ya que pierden parte de la ganancia. 

Todos los papeles son firmados por quienes poseen la franquicia, incluyendo los correspondientes a la nacionalización del vehículo. La agencia realiza los trámites y simplemente se queda con el vehículo, ya nacionalizado, pero todavía sin patentar. Una vez que el cliente compra el auto, se lleva a cabo su matriculación a nombre del comprador que feliz de poseer su unidad con la misma chapa que cualquier Fiat 600 se olvida que lo ha pagado algunas decenas de miles de dólares más caro de lo que cuesta. 

Mientras tanto las autoridades seguirán negando la importación, la venta de los autos, y da la sensación de que estuviesen haciendo la 'vista gorda" para no tener que actuar contra diplomáticos inescrupulosos (algunas embajadas menores "encargan" hasta treinta automóviles anuales). 

En cuanto a los inválidos, ¿usted sabe lo impopular que es negarle a un lisiado la posibilidad de un Mercedes, o un Volvo? 

G.B. / J.F.

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Una entrada que no dice nada. Adentro: millones de dólares en automóviles importados.

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Mercedes-Benz, en todas las versiones imaginables. Lo innegable es que lisiados y diplomáticos saben elegir.

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Recién llegados al puerto son introducidos en estos galpones. Solo falta la última etapa del trámite.


"La odisea para tomar las fotos"

Cuando Carlos Figueras, jefe de Redacción de esta revista me "encargó" una nota sobre los autos importados cero kilómetro que "se están vendiendo por todos lados", solicitó además "fotografías del lugar en donde los vehículos están estacionados en el puerto". Por supuesto, no me advirtió los "pequeños" inconvenientes que esas fotos iban a requerir. Paso a detallar a continuación, una cronología de esos inconvenientes: 

11:00 hs: El fotógrafo y el periodista se encuentran para digirirse a la Aduana. Al pretender ingresar, un uniformado de Prefectura Naval Argentina les informa que solo podrán hacerlo luego de requerir autorización de su repartición y de la Aduana, para sacar fotos, de lo contrario las cámaras serán requisadas. Es necesario aclarar que por esa entrada, la de Belgrano, este periodista ingresó cientos de veces con cientos de fotógrafos para realizar cientos de notas dentro del puerto, ya fuera sobre temas específicos o simples producciones con personajes relevantes, y jamás se le requirió un permiso, ni se decomisó absolutamente nada. 

11.15 hs: En Azopardo 350, Aduana (el lugar adonde nos había derivado el insólito custodio) se nos informa que la autorización nos la dará el señor Basán Dávila, "que se encuentra en un chalet dentro del Puerto, en la calle Garay". Más allá de la incongruencia de que se nos sugiriera entrar con las cámaras, para pedir autorización para entrarlas, se decidió acatar las instrucciones. 

11.30 hs: El señor Basán Dávila dice textualmente: "Es cierto yo los autorizo a entrar con las cámaras y sacar fotos, pero ¿dónde está el resguardo?" Cómo el resguardo no existía, pero el señor admitía su responsabilidad en el tema, le sugerí que hiciéramos el formulario requerido allí mismo. Basán Dávila contestó: "Imposible, eso no está dentro de mis atribuciones. Tiene que ir a Resguardo que queda dentro del puerto pero en la otra punta". Es decir unas sesenta cuadras mas allá. 

12.15 hs: El señor Lauría uno de los jefes de Resguardo dice: "No les puedo hacer ningún: resguardo porque ustedes tienen las cámaras acá. Tendrían que sacar las cámaras fuera del puerto, volver a entrar sin ellas, y entonces no tendrían inconvenientes". A pesar de las protestas y las explicaciones de que sus propios colegas eran los responsables, Lauría no aflojó. Finalmente dijo, visiblemente desinteresado: "Ya que están adentro vayan y saquen las fotos". 

13.00 hs: En el galpón "B" , en donde se suponía que estaban los autos, estaban almorzando. El señor Ponso, jefe de guardia, respondió a nuestro pedido: "¿Tienen la autorización de la Administración General de Puertos?". Se le dijo que no, pero que la Aduana autorizaba. "La Aduana no puede autorizar un c... Tiene que autorizar A.G.P." Se le pidió entonces que A .G .P . autorizara pero Ponso replicó: "Cómo no, tiene que ir hasta el edificio de Belgrano y Madero, fuera del puerto y traer un papel escrito por ellos".

13.30 hs: En el edificio de Belgrano de la A .G .P . fuímos informados que la autorización la concedía la oficina de Exptotación. Su jefe (un señor obeso, cuyo nombre no recuerdo) informó con una sonrisa irónica: "Cómo no traígame un papel escrito de Aduana Central y yo le doy otro que lo autoriza a entrar". "¿Está absolutamente seguro?", le preguntamos, a lo que el señor obeso rió y dijo: "Si", después nos cerró la puerta en plena cara. 

13.45 hs: Como este periodista sabe por tal, pero también sabe por joven enojado e impetuoso, decidió no ir a Aduana Central. Por el contrario se metió en el despacho del Administrador General del Puerto de Buenos Aires, cuyo cargo estaba siendo ocupado interinamente por el ingeniero Facondini (el Sub-Administrador) que autorizó inmediatamente a cronista y fotógrafo a entrar y sacar las fotos sin más trámite. Bueno, no tan rápidamente ya que tuvo que soportar la férrea oposición del señor obeso, que pareció no entender que era un inferior jerárquico, protagonizando un espectáculo bochornoso. Es de remarcar la actitud del ingeniero Facondini, la única persona digna que conocí ese dia. 

14.20 hs: Finalmente ingresamos al Galpón "B" entre miradas coléricas, risueñas, amenazantes y hasta algún gritito histérico. Dentro del galpón había alrededor de 120 autos importados recién llegaditos y esperando que sus dueños los pasaran a buscar. ¿Y usted que opina? ¿Fue simplemente negligencia burocrática o se trataba del viejo proverbio: "Si no defiendes tus negocios, no defiendes tu dinero"? 

G.B. / J.F.

Galería: Revista Parabrisas (1986 - Digitalizado por "Test del Ayer")


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