Desde Villarobles (Buenos Aires) - No, no son las dunas del Sahara oriental ni estamos en una pista abandonada de la Segunda Guerra Mundial, con el biplano del Barón Rojo.

El trabajo de explorador requiere siempre de muchas horas mirando mapas, hoy con mucho más detalle que en el amarillento papel, permitiendo descubrir en la pantalla nuevos lugares aptos para la aventura. Mientras algunos usan internet para leer el diario, yo lo uso para trazar caminos donde no los hay.

Así es como encontré esta pequeña y aislada pista, propiedad de Villarobles, un barrio residencial en el Partido de la Costa, tan pintoresco que merece ser visitado. Gente de primera, que se sumó a esta aventura con entusiasmo y colaboración. Era el lugar justo para una idea que siempre tuve pendiente en mi cabeza: recrear un antiguo comercial de IKA para el Torino. Los planetas se estaban alineando.


VIDEO: Torino TSX - "La Sensación de Volar" (1979)


El avión

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Un Pitts S2B acrobático de siete litros de cilindrada y 260 caballos de potencia, diseñado para que el artista del aire Jorge Malatini pueda dibujar en el cielo -y cerca de la tierra también- uno más de sus mil shows acrobáticos en sus 32 mil horas de vuelo de experiencia (leyeron bien: Jorge lleva 50 años volando). Claramente, no existe nadie tan preparado como mi amigo Jorge para un desafío como este.


La pick-up

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Ram Argentina lanzó la semana pasada la nueva Rampage en la Argentina, incluyendo a una versión deportiva R/T (ver nota). Fiel a su estilo, la marca necesitaba una aventura épica para contar. Nafta y chispa siempre es la combinación ideal para una explosión de adrenalina.

Así las cosas, la aventura fue tomando color… rojo. Llamadas, conversaciones y análisis de cálculos de velocidad, distancia y meteorología fueron completando el plan de acción. La pista angosta no permitía un carreteo en paralelo con el avión y la pickup, por lo que la carrera de despegue tendría que ser en tándem. El Pitts adelante y la Rampage detrás, con cierto margen para frenar a tiempo en caso de una emergencia en el take-off.

Nemo, despegamos y cuando llegás a la cabecera opuesta, das la vuelta. Yo giro en el aire y te empiezo a correr por la pista. Necesito que alcances los 160 km/h lo antes posible para que yo me ponga a la par y vuele al lado tuyo hasta el final”. La sentencia de Jorge fue precisa y me recordó las tantas veces que coordinamos juntos las aperturas acrobáticas en el recordado Rally Dakar. Su tranquilidad profesional fue la misma que si me pidiera agua para el mate. Eso se llama "experiencia".

Además, los 272 caballos de la Rampage (sí, 12 más que el avión) me dejaban más que tranquilo de poder cumplir lo pactado. De hecho, me iban a sobrar. Charla final, apretón de manos y cada uno a su máquina.


"¡Acción!"

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Jorge se calza el paracaídas y se sube a la aeronave. Yo me pongo el casco por seguridad y los guantes, por cábala….unos viejos Sparco que compré en Mónaco hace mil años. La música de "Top Gun" por los parlantes de fondo marcó el momento de no retorno.

Acelerador a tope y paso de hélice para el Pitts. Para la Rampage, la tecla R/T me aseguraba disponer de la configuración electrónica acertada para obtener la máxima performance.

No me costó nada seguirlo a Jorge en el despegue. Llegó fácil a la cabecera opuesta y pegó la vuelta en una maniobra. Los segundos fueron eternos hasta que escuché: ”¡Dale, arrancá y acelerá todo lo que puedas!” Llegó la orden desde el aire a la radio que ya tenía instalada en el cockpit de mi Rampage: “Así, así… pará, levantá que te me vas… aflojá... eso, eso… ¡así va perfecto!”

Dejo de ver el velocímetro y me concentro en la punta del ala que apenas veo en la esquina superior del parabrisas. Una vieja técnica del vuelo en formación. Casi un eterno kilómetro hasta que el ala se alejó.

Miré al frente y ya estaba entrando a la altura del playón, lleno de gente mirando desde las zonas seguras que ya habíamos previsto con Malatini. Se acababa la pista.

“Frenar es un arte”, decía Fangio. Y me quedaban unos pocos metros para averiguarlo. Los cuatro discos lo estaban dando todo y las balizas indicaban que el sistema de asistencia al frenado de emergencia estaba funcionando a la perfección. Más fuerza no le pude pedir al pedal. Gracias, Rampage por tu potencia, pero especialmente por tus inexplicables frenos: me ahorraste de pagar una carísima cámara de últma generación que quedó a -literales- diez centímetros de la parrilla cuando el bólido detuvo por fin su alocada marcha al final del asfalto.

El fotógrafo no fue tan valiente de quedarse filmando de frente, pero claramente no lo culpo.


Agradecimientos

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Quiero agradecer a todos los que hicieron posible esta aventura. Al Grupo Stellantis, por confiar una vez más en nosotros para transmitir su estilo de vida, a mi amigo Jorge Malatini por su invalorable participación, a Villarobles, único e irrepetible barrio residencial de la Ruta 11, km 374, a Celeste Policastro (BT Landiaa), Kawasaki Argentina, por facilitarnos dos unidades KLX 300 para un show acrobático de motos, a los DB Stunt, Rodrigo Veracruz y Diego Luna por pilotear las dos ruedas en la demostración (en realidad, casi siempre en una rueda sola) y a Juan Carlos “Perico” Pérez (Campeón Argentino de Paracaidismo) y Gustavo Pérez Cano, por el “imposible” salto de precisión que hicieron con los más de 20 nudos de viento, llevando las banderas de Ram y Argentina durante el descenso para aterrizar en la H del helipuerto.

Y a mi equipo, del cual estoy más que orgulloso: a mi enorme amiga Julieta Gélvez, kartista, piloto e instructora en la Escuela de Pilotos RAC, a mi coequiper eterna, Tatiana Machuca y a Mariano “Pela” Garbini, ambos de “La Pareja Tester”, a Federico Laudani, responsable de Speed Club Argentina y a “Billy” Heiss, del Heiss Performance Center, nuestro Ingeniero de pista para cuando nos supera la tecnología mecánica. Y a mi gran amigo “Mingo” Quercigh por entregarme una unidad impecable, con los mejores frenos del planeta.

Hasta el próximo desafío.

J.N.D.

Galería: Ram Rampage vs Ptts Biplano


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