Atrás quedaron las épocas de los viejos patrulleros con sirenas ululantes, balizas rotativas coloradas y asiento enterizo -de una cuerina resbaladiza, que obligaba a sostenerse del ventilete para doblar en la esquina, mientras el empedrado mojado pedía un rebaje canchero, con el dedo sobre la palanca de cambios al volante-.

Aunque esta descripción parezca prehistórica, tiene su referencia en los antiguos oficiales de la Ley, quienes se encargaron de transmitir entre generaciones esa “Leyenda Urbana”, que argumentaba que el conductor del patrullero nunca debía usar el cinturón de seguridad: “Por su propia seguridad”, decían. Era un concepto tan contradictorio como letal.

Si bien es cierto que la pesadilla de quedar atrapado en el habitáculo durante un enfrentamiento o la posibilidad de ser sorprendido en una emboscada subyacen en el inconsciente colectivo de todo efectivo de cualquier Fuerza de Seguridad al conducir un patrullero, este concepto imaginario lleva a cometer el gravísimo error de evitar el uso de la principal medida de seguridad de todo vehículo: el cinturón de seguridad.

Y esto nos obliga a hacer un parate para una descripción poco usual sobre este dispositivo salvavidas: si bien nos protege al momento del impacto, el cinturón de seguridad brinda también la función secundaria de mantenernos bien afirmados mientras estamos sentados al mando del vehículo, durante la dinámica de la conducción.

Si el manejo de un vehículo particular debe ser cómodo, el “pilotaje” de un patrullero durante una persecución debe ser efectivo y requiere que su conductor utilice el volante como un instrumento de precisión para el control de la dirección, en lugar de ser una agarradera redonda para sostenerse durante las sacudidas laterales en el asiento (por los efectos propios de la fuerza centrifuga).

* Afirmativo: El cinturón sirve para manejar mejor, no sólo para protegerse en caso de un choque o vuelco.

Además del peligro inherente al impacto, está la agresiva acción del sistema airbag (bolsa de aire), cuya explosión despliega la bolsa de retención a mas de 300 km/h sobre la cabeza y cuello del conductor, en caso de no tener el cinturón puesto (esto también cuenta para su acompañante).

El airbag contra una persona sin cinturón aplica un golpe que nunca es leve y, en el caso de un cuerpo suelto, también puede ser mortal.

No obstante, el “Atajo Argento” lleva al usuario uniformado a esgrimir excusas varias y a pergeñar artilugios insólitos, como colocar el cinturón por detrás del asiento, el cinturón cruzado con el del acompañante o -incluso- hebillas falsas, para anular el pitido que advierte que el dispositivo protector no está colocado.

Todo un meticuloso trabajo que siempre es más complicado que cumplir con lo más fácil: usar la medida más antigua y eficiente de todo vehículo, ponerse el cinturón.

Si nos apoyamos en las estadísticas, en los Estados Unidos el uso del cinturón de seguridad salvó muchas más vidas a los Policías que los chalecos antibalas, las pistolas Taser e -incluso- las armas de fuego. Son cifras puras, que en Argentina no se miden.

Aunque la alta exposición a los accidentes de tránsito provoque un número considerable de bajas en el personal, el “Poli” en Argentina anda suelto en el asiento. Es algo que ya está empezando a cambiar con las nuevas generaciones, por suerte.

Además de todo, y no menos importante, es la cobertura del seguro del vehículo y la de riesgos de trabajo (ART). Estas compañías no van a cubrir ningún gasto o indemnización para el personal que haya violado las medidas de seguridad especificadas en la Ley Nacional de Tránsito 24.449: en esta legislación no existe salvedad alguna sobre el no uso del cinturón, ni cualquier otra medida de seguridad para personal de vehículos de emergencia.

Mejor no pensar en las demandas posibles de terceros damnificados que podrían caer en las espaldas del conductor que no cumplió con la Ley, tanto en su falta como en la de los transportados que tampoco utilicen el cinturón.

Si bien es cierto que el cinturón es un dispositivo restrictivo, que requiere cierto tiempo de respuesta para descender del móvil durante una amenaza, esta fracción de segundo se acorta fácilmente con un solo concepto esclarecedor: el adiestramiento específico.

Para bajar rápido del patrullero, aun teniendo colocado el cinturón puesto, no hace falta más tiempo. Hace falta más capacitación y entrenamiento.

Entonces, ¿cuándo un conductor policial debe soltarse el cinturón de seguridad?

La respuesta es sencilla: cuando la velocidad del desplazamiento deje de ser una amenaza y la hostilidad delictiva se imponga en la situación. Más claro, imposible.


Conclusión

El uso del cinturón de seguridad en el conductor policial aumenta la precisión en las maniobras y facilita resolución de situaciones de emergencia durante la conducción táctica. Reduce drásticamente las posibilidades de tener un accidente durante el manejo (por imprecisiones en las maniobras), tanto en patrullajes como en persecuciones, aumenta las posibilidades de supervivencia para los transportados en el móvil ante un impacto y ampara legalmente al conductor a cargo (en caso de cualquier siniestro).

Esperamos que esta nota genere conciencia, porque los encargados de hacer cumplir con la Ley son pocos. Y muy valiosos. Hay que cuidarlos.

J.N.D.

NOTA CINTURON (2)

Fotos: Municipalidad de Pilar.

seguridad / Agencia Nacional de Seguridad Vial

Enviá tu noticia a novedades@motor1.com