Javier Ciabattari, responsable de FDC Motorsport, en conjunto con reconocidos profesionales, anunció la puesta en marcha en 2024 de un inédito curso de posgrado dirigido principalmente a ingenieros que -hasta ahora- sólo en el exterior contaban con una instancia de estudio similar: “Ponemos en marcha el primer Posgrado con reconocimiento académico dedicado exclusivamente al Automovilismo Deportivo”, informó Ciabattari.

El dato saliente: es el primero con aval oficial de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria y el Ministerios de Educación. Motor1 Argentina entrevistó a Ciabattari para conocer más detalles de este posgrado.

-¿Cuándo nació la idea de instrumentar en Argentina una carrera de esta magnitud y que tuviera, además, el respaldo de ser un título oficial con el respaldo de la UTN?

-Lo vi claramente en mi etapa de profesional, con varios años de trayectoria. Entendí que había una carencia para los que venían atrás. Fui afortunado, porque tuve la suerte de salir de la universidad y conocer a Raúl Saley, a Juan Rebe, al “Nene” Pratto… todos ellos hacían o estaban relacionados de alguna con el automovilismo en mi pueblo. Ellos me mostraron que había otro mundo, otro nivel: ellos me ayudaron a conocer el verdadero automovilismo. Ese fue el punto de partida. Después fue invalorable contactarme con una persona tan generosa como Enrique Scalabroni, que me abrió primero muchas puertas en la Argentina y más tarde en el mundo entero. Pero eso se dio todo de manera casi fortuita o excepcional, pasa uno en mil, no es la regla. Mi mirada apunta -ahora con más experiencia internacional y muchos años en el medio- a ofrecer a los ingenieros principalmente, pero también a todos aquellos que tienen un estudio terciario y necesitan dar un paso más, una instancia superior de estudio, algo totalmente distinto, con apoyo y validación académica y, fundamentalmente, con trabajo directo en el campo: las carreras de autos.

-El automovilismo no tiene la misma presencia ni importancia a lo largo del país. Llegar a ese nivel implica estar en un lugar donde se desarrolle la actividad, tener suerte, encontrar un tutor.

-Es que si no es por relaciones, las posibilidades de llegar son muy escasas. ¿Cómo hace para capacitarse un ingeniero que vive en Puerto Madero, en el interior de Chaco o en alguna ciudad más lejana de la Patagonia?, ¿quién hace autos de carrera en esos lugares? La verdad es que no tienen opción si les gusta el automovilismo y busca una formación profesional que le permita desarrollarse. Es imposible. Me di cuenta entonces que había que empezar a organizarse para dar acceso a los conocimientos, para hacerle más fácil el camino a los que viene detrás.

-Pero ese puede ser el primer paso: cuando empieza  a ver cómo materializar esa inquietud, sí o sí tenés que abrir el juego porque solo no se debe poder.

-Tengo la suerte de trabajar desde hace 15 años con el CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), principalmente con el CIMET (Centro de Investigación de Métodos Numéricos) de Santa Fe con el que estamos involucrados en varios proyectos -no todos vinculados con los autos de carreras, como el auto eléctrico de alta performance en conjunto con socios canadienses-, desarrollos para bicicletas y muchísimos trabajos que cimentaron una gran relación personal y profesional. Estamos hablando de gente con una preparación académica extraordinaria: son todos doctores en ingenierías, magisters… cuando les llevé la idea de armar una carrera de posgrado con esta orientación, lo estudiaron y se involucraron con mucha energía. Ahí entra en escena Martín Pucheta, que es doctor en ingeniería -con él desarrollamos un software para simular tiempos de vuelta en los circuitos que utilizamos en el TC2000- se entusiasma y asume la dirección del proyecto -el armado académico de la carrera- y un punto fundamental, decisivo: la relación con el CONEAU (Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria) que es la controla, audita todos los procesos de estudio.

-¿Cuáles son los requerimientos para una vez que tenés armado el programa de estudio llegue a tener reconocimiento oficial, más siendo el primero en esta materia?

-Es un trabajo arduo porque, lógicamente, son muy rigurosos, no es una tarea sencilla. Fue un aprendizaje más, pero es un poco la razón de todo este proceso que pudimos llevar adelante: tener la certificación de una institución prestigiosa como la UTN es el listón que marca la seriedad y ambición del proyecto. Son tres pasos que a medida que vas cumpliendo todos los requisitos te permiten pasar a la instancia siguiente. Se pasa primero por la UTN, luego por el CONEAU y, una vez aprobado, se llega al Ministerio de Educación.

-¿Se presenta todo el plan de estudios para que se evaluado?

-Exacto. Todo el programa académico y su desarrollo: las materias, los profesores, las horas de clase, las horas de práctica, la justificación de porqué se dicta esta materia y no la otra… La verdad es que si comparamos esas primeras reuniones con el resultado final terminamos generando algo mucho más grande, más ambicioso, más completo desde todo punto de vista. Los ingenieros somos un poco así: “¿Por qué no agregamos este punto que puede servir?, dale, pero si agregás eso no podés de dejar de dar esto otro y no te olvides de anexar aquello que también suma y es necesario”. El proyecto creció hasta transformarse finalmente en un programa de estudio que es único en su especie, dictado por la gente más capacitada que tenemos en el país y que viene a ocupar un lugar que, a nivel oficial, no existía.    

-Así como para un escritor llega el momento de poner el punto final a su novela para se transforme en un libro. ¿Cuándo pusieron el "Stop" para cerrar el círculo?

-La verdad es que nos extendimos hasta el límite natural que regulan estos posgrados: las horas mínimas y máximas por materia, teóricas y práctica y las horas totales que insume la cátedra. No nos quedó espacio para agregar nada, pusimos todo lo que queríamos.

-¿Cuál creés que es el mayor diferencial?

-Por suerte terminó siendo algo mucho más ambicioso y completo respecto de los primeros bocetos. Para mí hay un punto fundamental y tengo un ejemplo que es claro: el médico cuando hace su residencia empieza a hacer sus prácticas en el ámbito de la universidad, todas las universidades tienen su hospital, tienen puertas adentro de los claustros sus primeras experiencias y prácticas. En el automovilismo hasta ahora eso era imposible: ninguna universidad tiene un autódromo donde aprender a trabajar con la telemetría. Si vuelvo al ejemplo médico: nosotros le preparamos y le facilitamos el quirófano al cirujano para que aprenda a operar. Traemos a los alumnos adentro de un equipo de carreras y van a aprender a aplicar los conocimientos en situaciones reales: es un medio que a veces no te da el tiempo, está la presión, los imponderables… Hacen las prácticas como un médico con su paciente real.

-¿Proponen un espacio donde se encuentran la Academia y el autódromo?

-Es el punto más importante que tiene la carrera: fusionar el equipo de carreras con la universidad o tener la síntesis de la universidad en el equipo de competición. El paso teórico académico en conjunto con la práctica más real que se puede ofrecer. El automovilismo argentino es de gran nivel y hay muchos profesionales que gozan -acá y en el exterior- de gran reconocimiento: creímos necesario ofrecer un camino de estudios donde toda esa gente no tenga cómo única salida la experiencia en el exterior.     

-¿Hasta dónde llega la participación en las prácticas?

-Al 100 por ciento: es vivir un fin de semana de carreras, hablar directamente con los pilotos, aprender el vocabulario, dirigir a los mecánicos, conocer las limitaciones del reglamento para trabajar, tomar decisiones, intercambiar conceptos con los pares… Es igual de importante adquirir el conocimiento en el aula tanto como saber qué hacer cuando el auto entra a boxes y tenés tres minutos para definir que parámetros cambiás para mejorar la performance.

-En ese punto Javier Ciabattari, director técnico del YPF Honda RV Racing, juega un rol central: ¿cómo se conjuga la docencia con la pasión propia del mundo de la competición?

-Son dos ámbitos donde mejor me siento y más me gusta. Me pongo en la cabeza del Javier Ciabattari de mis inicios y creo que hubiera pagado por estar trabajando un fin de semana al lado de un referente como Alberto “Cachi” Scarazzini… ya ni cuento los campeonatos que ganó arriba y debajo de los autos… Queremos ofrecerles a todos aquellos que ven en esta actividad un lugar de estudio, de desarrollo humano y profesional -y desde ya una salida laboral-, las mejores herramientas y los profesionales más reconocidos. Poder compartir el trabajo con estos personajes que le van a dar experiencia y sobre todo seguridad.

-¿Cuántas materias conforman el plan de estudios y qué duración total tiene la carrera?

-La cursada comprende 8 materias, lo que representa, aproximadamente, 585 horas de estudios de los cuales las horas teóricas siempre dispondrán de aspectos prácticos, lo que hace único este posgrado. Esas clases teóricas pueden tomarse a distancia, las únicas que son de presencialidad obligatoria son las prácticas. En este primer paso están embarcados un total de 14 profesionales, son varias las áreas a abarcar. Como es un posgrado de carrera terciaria -de hecho, se puede anotar un arquitecto, por ejemplo- necesitamos un grupo de gente que evalúe las aptitudes para ingresar; otros que serán los que firman el certificado, los que otorgan la diplomatura de graduado; los profesores regulares; los controladores, etc. Instrumentar un posgrado con reconocimiento oficial implica un movimiento muy grande de recursos y personas.

-¿Cómo fue la relación con la UTN para llevar adelante y materializar la idea?

Tuvimos gran apoyo y creo que la calidad y experiencia de los profesionales que participaron en todo el armado de la cátedra fue decisivo para avanzar sin interrupciones y en los tiempos lógicos que requiere una validación de esta magnitud. En la UTN nos indicaron cómo hacer las cosas y no hubo contratiempos mayores. Sabíamos perfectamente qué queríamos por eso la idea inicial se plasmó -con mucho más contenido y ambición- de manera fiel en el resultado final. Los cambios fueron los necesarios para encuadrar el posgrado en el cuadro educativo.

-¿Cuánto tiempo demandó todo el proceso?

-Como la mayoría de las cosas que se hicieron en este tiempo a nosotros también la pandemia nos modificó el escenario inicial, pero no nos detuvimos y buscamos la forma de avanzar. Todo el trabajo -que se cristaliza a partir del primer curso que se iniciará en 2024- demandó cinco años de trabajo para superar todos los desafíos, el cumplimiento de los requerimientos académicos y superar los distintos niveles de aprobación. Una vez que se firmó todos comenzó la etapa final para ponerla en marcha.

-¿Es el primer posgrado en la materia que se oficializa en el país?

-Destinado específicamente a los automóviles de competición somos el único con reconocimiento oficial en la Argentina y en Sudamérica. En Estados Unidos de Norteamérica creo que tienen algunas alternativas. Sirve también como paso intermedio para hacer un Máster afuera.

-¿Y cuáles son los próximos pasos?

-Estamos muy entusiasmados y queremos que este proyecto derive -en el mediano plazo- en una Maestría, se requiere tiempo y más trabajo, pero es el paso siguiente. Recorrer primero este camino, hacer la tecnicatura, después la especialización con vistas a que los estudiantes puedan llevar adelante un proyecto, diseñar…  Queremos dar todas las herramientas necesarias para la formación en el más alto nivel. Sabida la pasión que despierta el automovilismo en nuestro país y la ausencia, hasta ahora, de instancias de estudios terciarias y oficiales, el campo de acción que encuentra es claro generoso: principalmente todos los ingenieros -aunque no es privativo- recibidos que tienen el objetivo de ser parte del automovilismo en el más alto nivel.

Entrevista de Claudio Capace

Consultas: FDCEng.com

Galería: FDC Academy

Deporte motor / TC2000

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