Texto de Gustavo Feder

Director de Autohistoria

En agosto, la industria automotriz argentina celebró la producción de la unidad "20 millones". El dato fue difundido por la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA), entidad que registra estadísticas desde 1951 (ver comunicado de prensa más abajo).

Si bien se reconocen lejanos y meritorios antecedentes de producción en serie, como los de Anasagasti e Hispano Argentina Fábrica de Automóviles (HAFDASA), recién a partir de la década de 1950 se dispusieron las primeras políticas públicas que tuvieron como intención desarrollar el sector.

Autoar y Mercedes-Benz fueron los pioneros que pusieron en marcha el proceso de integrar a la Argentina dentro del selecto grupo de países con industria automotriz, pero pronto se sumaría el propio Estado, a través de IAME, y un gigante industrial como Kaiser, que apostó por continuar con la fabricación de sus automóviles fuera de Estados Unidos y erigir un complejo industrial en Córdoba.   

Las 63.313 unidades fabricadas hasta 1958 por este conjunto de empresas resultaron más que insuficientes para los 20 millones de argentinos que debían movilizarse con un parque avejentado de apenas 840 mil vehículos, pero la curva de producción tendría un quiebre vertiginoso a partir de 1959, cuando se sancionó el Régimen de Promoción para la Industria Automotriz.

El resultado de esta política fue contundente: entre 1959 y 1966 se fabricaron 1.033.729 automóviles, una cifra que equiparaba a la de todos los vehículos importados desde comienzos de Siglo XX hasta 1965 (1.077.114). En 1965, con un total de 194.536 unidades, Argentina se ubicaba en el puesto 12º como productor mundial de automóviles entre 26 países, pero su volumen apenas representaba el 0,8% de la producción global.

Por entonces, el conjunto de fábricas instaladas en el país ofrecía 34 modelos diferentes de automóviles de pasajeros y 32 de vehículos comerciales. La producción acumulada en tan pocos años permitió que el 59,6% de los vehículos en circulación fueran nacionales en tanto que la relación auto/habitante se redujo drásticamente de 31/1 en 1951 a 14/1 en 1966.


Por y para argentinos

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En las décadas de 1960 y 1970, la industria automotriz se convirtió en un pilar dentro del proceso de industrialización por sustitución de importaciones. Concebida para operar fronteras adentro, con una gran diversidad de marcas y modelos, elevada integración nacional y baja escala de producción, su crecimiento se sostuvo al calor de un mercado interno en expansión y un fuerte proteccionismo que impedía el ingreso de vehículos importados salvo excepciones bajo regímenes especiales.  

En 1969 se superó la barrera de las 200.000 unidades fabricadas (218.590) y en 1973 se alcanzó la cota máxima de 293.742, record que se mantuvo vigente durante 20 años evidenciado el estancamiento del sector como fiel reflejo de la inestabilidad macroeconómica del país. Entre fines de los años 60 y comienzos de los 70, la industria automotriz se integró al conjunto de exportaciones no tradicionales, pero los envíos al exterior significaban poco más del 5% del total fabricado.

La producción nacional de automóviles implicó, al mismo tiempo, la creación de un vasto complejo autopartista, con empresas de capital nacional y extranjero, y el desarrollo de capacidades de diseño e ingeniería adaptativa que permitieron concebir o adecuar vehículos para que respondieran a las condiciones locales, tanto de fabricación como de infraestructura.

La Ley de Reconversión Automotriz, sancionada en 1979, marcó el final de la etapa proteccionista. La llegada de los importados puso en evidencia el desfasaje tecnológico, de diseño y equipamiento de la producción local. La apertura económica unidireccional (de afuera hacia adentro), el atraso cambiario y la imposibilidad de alcanzar escalas de producción para bajar costos pusieron en jaque a las automotrices radicadas en el país. La respuesta de cada compañía varió en función de su posición relativa y de la evaluación que hiciera sobre la evolución del sector. Algunas optaron por fuertes inversiones para actualizar modelos y líneas de producción, otras se fusionaron para sobrevivir y el resto bajó las persianas.   

El aluvión de importados logró acaparar más del 20% del mercado local, pero la experiencia fue breve y finalizó abruptamente apenas finalizada la Guerra de Malvinas. Con el terreno despejado, las automotrices que sobrevivieron actualizaron su oferta aunque debieron enfrentarse a una economía en recesión con un volumen de producción que en toda la década de 1980 (con excepción de 1980) no superó las 200.000 unidades anuales. 


La salida exportadora

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Las reglas de juego volvieron a cambiar a mediados de 1990, cuando se levantaron las restricciones a las importaciones. A partir de la creación del Mercosur, en 1991, se generó un nuevo escenario que implicó un inédito proceso de integración regional con una apertura comercial en dos direcciones.

La posibilidad de exportar a nuestros socios comerciales, en particular a Brasil, expandió el horizonte. La industria automotriz nacional asumió una posición exportadora con una manufactura que resignó integración local y diversidad de modelos a cambio de incrementar la productividad a través de una mayor escala.

Las consecuencias de este proceso se reflejaron de inmediato. En 1993, por primera vez, se superó la barrera de las 300.000 unidades y al año siguiente se marcó otro récord con más de 400.000 vehículos. Luego del colapso de 2001, la actividad se recuperó fuertemente, superó las 500.000 unidades en 2007 y alcanzó su récord histórico en 2011 con 828.771 vehículos.

Con una producción oscilante desde entonces, se llegó este año a la unidad 20 millones. Como todo hito histórico, haber alcanzado esa cota productiva amerita una celebración, pero al mismo tiempo reaviva el debate acerca de qué modelo de país debería adoptar Argentina y en ese marco cuál sería el rol que le corresponde a la fabricación local de automóviles. El debate se extrema con posiciones que proponen un modelo industrial con desarrollo tecnológico y una cadena de valor integrada o, en cambio, desmantelar las líneas de producción para convertirnos en un exportador de productos primarios de escaso valor agregado, pero que generen las divisas necesarias para importar todo lo demás. No es una discusión cerrada.


La especialización

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La industria automotriz es una realidad que genera más de 70 mil puestos de trabajo directos. La producción de vehículos globales y la incorporación de fronteras tecnológicas a los procesos de manufactura la convirtieron en el segundo complejo exportador (8% de las exportaciones argentinas y más de 30 países receptores) y en el primer sector exportador industrial. Sin embargo, las exportaciones no alcanzan a cubrir el déficit comercial provocado por la importación de los insumos necesarios para la cadena automotriz. Aun así, si no hubiera exportaciones y se importara la totalidad de los automóviles comercializados en el país, el déficit sería de más del doble.

En los últimos años, la fabricación se ha especializado en pick-ups medianas de un tonelada de carga. Actualmente, Argentina es el cuarto productor mundial de utilitarios de esta categoría. La especialización ya involucra a cinco fabricantes y el volumen exportado promedia el 70% de lo producido.  

El complejo automotor es uno de los pocos sobre el que se han logrado consensos tanto políticos, como empresariales y gremiales. Por su impacto en el empleo, la producción y la generación de divisas es un sector cuidado. Aun con administraciones de diferentes orientaciones, se ha tendido a protegerla con barreras arancelarias.

A fines de 2019, sindicatos, autopartistas, concesionarios y fabricantes presentaron el “Plan Estratégico para el Sector Automotriz y Autopartista 2020-2030”, un ambicioso proyecto que propone cuadriplicar la producción (2.000.000 de unidades en 2030), emplear a 1,3 millones de argentinos, lograr una participación del 14% en el PBI Industrial y generar exportaciones por 46.000 millones de dólares.

En septiembre de 2022 fue sancionada, con un amplio acuerdo político, la Ley de Promoción de Inversiones en la industria automotriz-autopartista. A través de una serie de beneficios fiscales, la normativa busca incrementar exportaciones, producción, integración local y puestos de trabajo, al mismo tiempo que promueve el desarrollo de nuevas tecnologías de motorización como híbridas, eléctricas, de hidrógeno, a gas y biocombustibles.

Mientras tanto, a pesar de las muy buenas intenciones y objetivos, la industria se enfrenta a la incertidumbre política-económica, la falta de dólares y una elevada carga impositiva, pero, a su vez, debe ofrecer a los usuarios productos globalmente contemporáneos con más seguridad, equipamiento, tecnología y amigables con el medio ambiente.

Con más de 20 millones de unidades producidas, la industria automotriz argentina ha sobrevivido a todo y a todos. Inevitablemente vinculada a los vaivenes de la macroeconomía, debió someterse a las diversas políticas públicas que a través de pendulares marcos regulatorios favorecieron o dificultaron su evolución a lo largo de más de 70 años.

Su resiliencia fue clave para responder a los desafíos de un escenario en permanente inestabilidad. Su continuidad y evolución dependerá de este atributo frente a un contexto local e internacional incierto.

Mientras tanto, al 20M argentino, ¡salud!

G.F.

Galería: Auto "20 Millones" en Argentina

Gustavo Feder / Adefa

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Comunicado de prensa de Adefa

Unidad 20 Millones

Agosto registró un nuevo hito para industria automotriz nacional.  “En agosto, la industria automotriz en su conjunto celebró la producción de la unidad 20 Millones entre los que se incluyen automóviles, pickups, SUVs, y camiones y buses”, destacó Martín Galdeano, presidente de Adefa, y agregó que “ese volumen se alcanzó gracias a importantes inversiones, al compromiso de miles de colaboradores y el trabajo conjunto con la cadena de valor a lo largo de nuestra historia”.

Argentina comenzó a contar con registros de la actividad industrial en 1961 cuando se creó la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA), entidad que comenzó a elaborar reportes del sector de manera mensual. 

Al repasar los datos estadísticos, entre 1951 a 1958, la producción nacional alcanzó las 63.313 unidades. El ritmo se incrementó notablemente a partir de 1957, fabricándose en el lapso de 199/65, un total de 855.276 unidades.

Para 1966, a tan solo 7 años del Régimen de Promoción de la industria automotriz sancionado en marzo de 1959, se alcanzó la unidad N° 1.000.000 producida en el país.

En la publicación del anuario de 1971, el sector celebró los 2.000.000 de automotores producidos y ahora, con el parcial de agosto de 2023, las terminales radicadas en la Argentina lograron superar los 20 millones de vehículos (20.041.506 unidades).

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