Era una tarde normal en mi oficina, cuando entró un mensaje a mi celular que me cambió el humor del día: era C.C., preguntándome si quería probar la nueva Harley Davidson Sportster S (ver nota de lanzamiento). No tardé en aceptar y me resultó imposible disimular la sonrisa en mi cara. Soy usuario de la marca desde 2010, estuve en el evento de relanzamiento en marzo de 2023 (ver nota) y, si bien ahí ya se podía probar la Sportster S, era sobre una pista muy pequeña. Por dedicarme a charlar con viejos conocidos, esa tarde no lo hice. Pero la vida da revancha y acá me encuentro ahora: en la puerta de Harley-Davidson Buenos Aires, listo para salir a la ruta con la máquina.


DISEÑO

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Lo primero que resalta al ver la nueva Sportster S, es que respecto a generaciones anteriores, lo único que quedó es el nombre. Literalmente, es todo nuevo. Un diseño que combina conceptos de una Harley Bobber moderna y futurista, con rasgos deportivos agresivos. Un escape ubicado tipo Scrambler y un motor robusto, que además conforma el chasis. En el caso de la unidad testeada, tenía una elegante combinación de negro con detalles en color marrón cobrizo (también se encuentra disponible en blanco arena y por 1.300 más se consigue en color verde oliva).

La horquilla delantera es brutal y lo suficientemente ancha para poder albergar una cubierta 160/70 R17, lo que termina condicionando al faro delantero a un formato alargado, que a mi entender queda muy bien. Posee suspensión invertida, lo que deja vislumbrar el carácter deportivo antes de probarla.

En lo que respecta a la parte trasera, tiene un colín muy atractivo y sugerente de moto de velocidad, pero de casi nula efectividad como guardabarros. La rueda trasera queda a la vista, bien proporcionada con una cubierta 180/70 R16 y un portapatentes con luces construido en caño de gran solidez (pero quizás de un diseño que no convenza a parte de la tribuna, para subsanar esto el concesionario ofrece un kit con porta patente lateral y luces en formato de tira led, para colocar bajo el colín).

Otro detalle que no pasa inadvertido, es que es una moto para una sola persona. Por 626.730 pesos se puede encargar la compra e instalación en el concesionario de un kit de asiento con guardabarros, respaldo, soportes y pedalines, para poder llevar un acompañante.


POSICIÓN DE MANEJO

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El velocímetro es una pantalla TFT de forma redonda donde se visualiza toda la información necesaria. Además, presionando un botón se accede a un menú donde se puede seleccionar distintas pantallas, como ser: el navegador (es necesario tener instalado en el celular la aplicación de Harley-Davidson), opciones de reproducción de música (requiere tener auriculares o sistema de audio en casco), opciones de modo de conducción e información de la moto (temperatura de motor, voltaje de batería y presión de los neumáticos).

Como usuario tradicional de Harley-Davidson, acostumbrado a pocos mandos, al principio me sentí un poco abrumado por la cantidad de botones en ambos manillares, pero debo reconocer que en poco tiempo uno se acostumbra y es bastante intuitivo todo. Algunos botones, como por ejemplo los de control crucero, no me resultaron de fácil operación cuando vas circulando a 100 km/h, dado que requiere desviar la mirada y desplazar la mano en el manillar para poder accionarlo.

En lo que respecta a la posición de manejo, es con los pies hacia adelante (debido a que la moto tiene mandos avanzados), los brazos estirados y el cuerpo levemente tirado hacia adelante (dado que el manubrio es bajo y se encuentra lejos del asiento). Yo mido 1.85 metros y la posición al principio me resultó un poco incómoda por la tensión en los brazos y en la parte superior de la espalda, pero la explicación de esto no tardó en llegar. Basta seleccionar el modo Sport y acelerar a fondo para darse cuenta que la tensión en los brazos es adrede, para que puedas agarrarte bien: la moto acelera muy fuerte y sería difícil mantenerse en el asiento.


SEGURIDAD

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La Sportster S viene equipada de fábrica con control de tracción y ABS, a lo que se suma un sistema de frenos a disco Brembo con cáliper de 4 pistones en la rueda delantera y simple en la trasera. Las luces son todas de leds, incluidos los giros, algo que hasta hace poco no sucedía en varios modelos de la marca.

Los modos de conducción son cinco en total, de los cuales hay tres preseteados (Lluvia, Carretera y Sport) y dos modos que son configurables a gusto del conductor. Se puede cambiar de modo de conducción mientras se circula, presionando tan solo un botón que se encuentra en el manillar derecho.

Los espejos retrovisores son estilo Café Racer, de tamaño medio y gracias al bajo nivel de vibración del manubrio, permiten una visión perfecta.


MOTOR y TRANSMISIÓN

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El motor Revolution Max 1250 T es palabra mayor, con sus 1.252 centímetros cúbicos de cilindrada, cuatro válvulas por cilindro, botadores hidráulicos, doble árbol de levas comandados por cadena (sí, amigos, desaparecieron las varillas laterales características de los motores de Harley) y refrigeración líquida. Entrega una potencia de 121 hp a 7.500 rpm, con un torque de 127 Nm a 6.000 rpm.

Para los puristas, este no es un motor con el típico sonido de Harley, en parte porque tiene los cilindros en un ángulo de 60° (en vez de los tradicionales 45°). Y, por otro lado, porque regula más alto y está diseñado para alcanzar un límite de revoluciones mucho mayor. A pesar de ello, el ruido que hace el motor es muy agradable. La caja de cambios es de seis velocidades, el embrague es húmedo de ocho discos y como ya nos tiene acostumbrado Harley, la transmisión es por correa.


COMPORTAMIENTO

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Pasemos a la parte divertida, la experiencia de manejar la Sportster S. Lo primero que me llamó la atención es el embrague, que requiere poco de esfuerzo para apretarlo. Luego me sorprendió lo silenciosa y suave que es la caja de cambios (los que alguna vez condujeron una Sportster recordarán la dureza del embrague y el martillazo cuando ponés la primera). Para ser una moto de cilindrada alta, un peso considerable y de gran potencia, me resultó una moto muy ágil y fácil de manejar. La conduje por aproximadamente 270 kilometros, mezclando ciudad y ruta, por lo que puedo decir que se desenvuelve muy bien en el tránsito y extraordinariamente en ruta y autopista. La suspensión, si bien es regulable manualmente adelante y atrás, está pensada para poder acelerar con los 121 hp, por lo cual es más bien dura (inclusive con el seteo más suave), lo que hace que se sufra con el adoquinado, los baches, las lomas de burro o cualquier imperfección en la calzada.

El motor es muy docil, perdona cualquier error al hacer los cambios, y entrega la potencia en forma muy dosificada en todo régimen de vueltas. Todo esto lo consigue combinado con un acelerador muy preciso, que permite un gran control en la aceleración. En resumen, en Modo Sport podés acelerar con mucho entusiasmo y la moto sale disparada como una bala, pero de forma totalmente controlada y transmitiendo gran seguridad para el que maneja. Es una locura acelerarla a fondo: te sentís como si la hubieses robado. Puedo asegurar que la sonrisa no te entra en el casco.

Los distintos modos preseteados permiten que la moto se adapte a las habilidades de cada conductor, aunque para mi gusto es muy difícil no manejar todo el tiempo en Modo Sport, porque es donde realmente la moto brilla. Supera los 120 km/h en segunda, acelerando a fondo y llegando al límite de revoluciones.

No está limitada en velocidad final y puede superar holgadamente los 200 km/h. Anda más rápido de lo que permite la posición de manejo y la ausencia de carenado. Para un conductor poco experimentado, puede resultar difícil tomar una curva en ruta a muy alta velocidad, en gran medida porque la posición de manejo no ayuda. Es ideal para viajar en torno a los 130 km/h.

Un detalle a destacar es la autonomía reducida. El tanque de nafta sólo carga 11.8 litros. En Modo Sport y manejando fuerte, la computadora declara sólo 135 kilómetros de autonomía. Claramente, no está pensada para viajes largos.


CONCLUSIÓN

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Debo reconocer que la primera vez que vi la nueva Sportster S, no me pareció muy atractiva. Soy un usuario de Harley que se inclina por el diseño más clásico. Luego de probarla, me volvió loco. Es muy divertida de manejar. Y tal vez eso hizo que me empezara a parecer una moto linda. Muy linda.

A toda la experiencia hay que sumarle el plus de la marca, que genera gran empatía en la gente. Donde estaciones o pares te van a felicitar, le van a sacar fotos a la moto y te van a bombardear a preguntas. 

Sé que es una moto para pocos: el precio de 46.700 dólares es un gran limitante, pero aquél que los tenga y esté dispuesto a gastarlos, la Sportster S les confirmará en apenas 400 metros que hicieron una buena inversión. No te estás comprando una moto: te estás comprando una sonrisa permanente. De oreja a oreja.

R.B.M


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