El Aleph (también conocido como “álef” o “aléf”) es la primera letra del alfabeto hebreo. También es un símbolo matemático, que se utiliza para representar a todos los tipos de infinitos. Sin embargo, al menos en la Argentina, “El Aleph” se hizo famoso por ser el cuento donde Jorge Luis Borges relató el curioso fenómeno que ocurría en el sótano de una casa de la calle Garay, en el barrio porteño de Constitución. En el escalón 19 que conducía al subsuelo de la vieja casa de la familia Daneri había un agujerito: un punto donde, al observar con atención, confluía y se sintetizaba el universo completo.

En ese orificio cabían todas las galaxias del cosmos y también todos los acontecimientos de la historia, desde el Big Bang hasta los dinosaurios, pasando por una playa del Mar Caspio y una quinta de Adrogué. Borges describió al fenómeno de asomarse por ese agujerito como una experiencia tan lisérgica como adictiva.

No se me ocurre una metáfora más acertada para describir al Goodwood Festival of Speed, la gran fiesta del automóvil que se celebra todos los veranos en el Sur de Inglaterra y dónde, desde 1993, se concentra durante cuatro días el universo íntegro de los motores.

La idea nació del genio de Lord March -ahora ascendido a Duke of Richmond- cuando decidió compartir con sus amigos fierreros el campo que había heredado de su familia. Allí se encuentra el histórico circuito de Goodwood, que estaba abandonado tras el accidente fatal que se cobró la vida de Bruce McLaren, en 1970. De a poco -primero sólo entre amigos, después con el apoyo de algunos sponsors y hoy siendo el mayor show automovilístico del planeta- Goodwood fue creciendo hasta ser tan inmenso y abarcativo como ese agujerito de Constitución.

Por mi trabajo, tuve la suerte de asistir a varias carreras de la Fórmula 1. También cubrí las 24 Horas de Le Mans. Estuve en diferentes fechas del Mundial de Rally. Y gasté los pasillos de los salones del automóvil más importantes del mundo. Con 33 años de experiencia en esta profesión tengo que admitir que ninguno de estos eventos se acerca a la complejidad y diversidad de Goodwood. Sucede que, en la estancia del Duque de Richmond y durante cuatro días, se concentra todo junto y en el mismo lugar: F1, WRC y WEC, mezclados y fundidos en un abrazo fierrero con los más diversos autos de calle -desde las Ferrari del Museo de Maranello hasta los lanzamientos más recientes de la industria-.

Por ejemplo, nunca había visto un McLaren F1 en persona: en Goodwood conocí nueve, de los cuales la gran mayoría también pude ver en movimiento, acelerando y subiendo por la trepada que pasa junto al Castillo del duque.

A pesar de haber estado en la gran mayoría de los eventos de autos del planeta, nunca había asistido a Goodwood. En junio de 2020 había planificado una visita junto a Rodrigo Barcia (editor de Autoblog Uruguay), pero la pandemia nos dejó con las ganas. En 2021 tampoco se pudo concretar, pero por fin en el 2022 se nos dio. Junto con el youtuber argentino Lucas Abriata asistimos al festival y podemos resumirlo de esta manera: "Goodwood es una hermosa y agotadora maratón fierrera de cuatro días. El Woodstock de los autos. El Aleph petrolhead".

Si alguna vez planeaste quemar algunos ahorros para peregrinar a un gran evento fierrero, no pierdas tiempo en salones ni en circuitos. Goodwood es tan completo, apabullante y desconcertante como un universo comprimido en el puntito de una escalera porteña.

Por ese motivo, esta no es sólo una nota descriptiva. También incluye una ecléctica guía del viajero, en el punteado de acá abajo.


10 cosas que (NO) tenés que hacer si vas a Goodwood

1. Amarretear

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La mayoría de los ingleses asisten sólo a uno de los cuatro días del Festival of Speed. Dicen que la entrada es cara (es cierto, los cuatro tickets juntos cuestan 418 dólares). También alegan que la pista de Chichester está lejos de Londres, como para ir y volver todos los días (también es verdad, son 260 kilómetros de distancia, entre ida y vuelta). La solución consiste en hospedarse cerca de Chichester, en algún AirBNB. Se consiguen casitas para compartir con amigos desde 200 dólares la noche (la nuestra era chiquita y tenía horribles animales embalsamados, pero estaba a sólo 20 kilómetros del Castillo de Goodwood).


2. Marearte

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La mayoría de las actividades del Festival of Speed ocurren a la misma hora y en diferentes puntos de la estancia del Duke of Richmond. La primera sensación que vas a experimentar es el estrés, al pensar que te estás perdiendo algo importante por ir a ver algo que también te interesa. Por eso es que resulta imprescindible asistir a los cuatro días del evento: las actividades se repiten y, si te organizás bien, vas a poder disfrutar de cada uno de los shows completos.


3. Cansarte

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Nadie que esté leyendo esta nota puede llegar a pensar que es posible cansarse de los autos. Eso no ocurre en Goodwood. Lo que sí resulta agotador es el constante ir y venir de una pista a otra, de un escenario a otro, de un stand a otro, de un show a otro, de los puestos de comida al baño y “justo me olvidé de comprar ese merchandising cuyo puesto quedaba en la otra punta del campo, me cache en dié”. Llevá calzado y ropa cómodos. Todo es posible en Goodwood, menos zafar de caminar un promedio de 25 mil pasos por día.


4. Ensuciarte

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Vas a salir de tu casa a las siete de la mañana (como muy tarde) y vas a regresar a las ocho de la noche (como muy temprano). Pensá bien la ropa que te vas a poner porque cada día vas a volver hecho una mugre. Vas a transpirar, a tener frío y te vas a mojar. El Festival se desarrolla al comienzo del verano, pero el clima inglés es muy cambiante. En los tramos de rally vuela mucha tierra, pero nadie piensa en mantenerse limpito justo cuando -delante de tu nariz- Stig Blomqvist pasa derrapando con su Audi Quattro S1 del Grupo B. Va a ser el mejor polvo de tu vida (Señor Director, ¿esto lo dejamos o es una frase demasiado “banquinera”?).


5. Embotellarte

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Entrar y salir del predio de Goodwood va a ser tu pesadilla diaria. Las angostas callecitas de Chichester colapsan por la cantidad de autos y espectadores. Los estacionamientos están lejos de la zona del espectáculo. El transporte público está más alejado todavía. Y encontrar el camino exacto para la puerta de acceso indicada de tu entrada te va a llevar unos dos o tres días de prueba y error. No importa: los estacionamientos del Festival of Speed son un show aparte. Hay algunos reservados para clientes de ciertas marcas (Porsche, Aston Martin, Ferrari, Bentley) y otros que pagan extra para exhibir de manera vanidosa sus ostentosos supercars (¡quién pudiera!). Sólo contando los autos de los Parking vas a encontrar mejores y mayor cantidad de rarezas exóticas que en todas las ediciones juntas de Autoclásica y el Salón de Buenos Aires.


6. Empacharte

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Los ingleses tienen una cultura fierrera irreprochable. Hay que admitirlo de pie y sacándose el sombrero. Pero –“my God!”- qué mal que comen. A la mañana temprano, en los puestos de comida venden desayunos intragables para el estómago promedio argentino: desde sopas de legumbres (donde hay más caldo que porotos) hasta sánguches de panceta hervida, pasando por macarrones de plástico con curry artificial y tartas veganas con licuado de césped. Al mediodía, la cosa se pone peor aún. Aparecen las pizzas gomosas, los panchos con salchichas oscuras (reventadas de picante), los helados sin azúcar y los cafés con agua del Támesis. Ahí vas a descubrir que, después de todo, sobrevivir cuatro días comiendo sólo “Fish&Chips” y tomando Guinness no es una mala dieta nutricional.


7. Fundirte

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Para el bolsillo argentino, el pasaje a Inglaterra no es para nada accesible. La entrada a Goodwood es cara. El hospedaje también es oneroso. Y, a la hora de comer, te vas a convertir en un experto para sacar cálculos entre Pounds y Pennies. Justo ahí es cuando descubrís que, darte cualquier otro “gustito”, se vuelve casi prohibitivo. Sin embargo, las tiendas de memorabilia son toda una tentación para terminar de reventar la tarjeta: autitos de colección insólitos, indumentaria de diseño vintage, gorras, llaveros, vinchas -bueno, vinchas no hay-. Ya que fuiste hasta ahí: ¿cómo no te vas a llevar un souvenir? Ojo con el exceso de equipaje: el Autojumble de Goodwood es el Sawgrass de los petrolheads.


8. Emocionarte

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Mika Hakkinen pasa a fondo con el McLaren de Ayrton Senna. Nigel Mansell te deja sordo con su Williams campeón del mundo. Wayne Rainey abandona por un rato su silla de ruedas para volver a subirse a una moto. Acomodate bien la gorra para tapar esos ojos húmedos: “Ah, parece que está empezando a llover…”.


9. Aburrirte

9-Champagne

¿Llegó el cuarto día y ya tenés la sensación de que lo viste todo? Te falta lo mejor: relajate, tirate en el pasto a ver pasar los autos o simplemente tomate una copita de champagne mientras una banda de músicos toca clásicos en vivo. Lo mejor de Goodwood comienza cuando ya te sentís como en el patio de tu casa. Enjoy!


10. Despedirte

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Este festival es adictivo. Sabés que el año que viene será distinto. Que habrá otros autos que nunca viste. Que en la pista estarán otros ídolos. Es un sentimiento terrible: todavía no terminó y ya querés volver. El síndrome de abstinencia comienza cuando se corona al campeón del “Hillclimb Timed Shootout”. Acaba de terminar la mejor fiesta de autos del planeta. Y ya marcaste en tu agenda la fecha de la próxima edición. No sabés cómo lo vas a resolver, pero no tiene sentido intentar escapar de este verdadero Black Hole fierrero: bienvenido al Aleph de los autos.

C.C.

Galería: Goodwood - Nota MiuraMag


Nota publicada originalmente en la Revista Miura (ver tienda online).


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