Pablo Sibilla es el presidente de Renault Argentina, pero también es un fanático de los autos. El ejecutivo es admirador de los modelos de los años '60 y '70. A fines del año pasado, Sibilla presentó en sociedad su Torino 380 recién restaurado (ver primera nota).

En Motor1 Argentina quisimos conocer un poco más acerca del auto y de la pasión de Sibilla por su "Toro". Pasamos una tarde en San Isidro. Recorrimos la Avenida del Libertador con su auto y realizamos una producción de fotos exclusivas en El Hub Garage.

El diálogo completo y todas las imágenes de este encuentro se reproducen a continuación.

-¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de un Torino?

-El primer recuerdo que tengo de un Torino es casi el único recuerdo que tengo de un Torino. Es de mi tío, que tenía un TS color azul. Mi tío era bastante fierrero, siempre le gustaron los autos deportivos y tenía ese Torino, con el que me sacaba a pasear. Me acuerdo que me encantaba el ruido del motor. Yo siempre quise tener un Torino por el ruido, que es muy característico, muy específico. Recuerdo de ir por una avenida un fin de semana, era verano, con las ventanillas abiertas y escuchar ese sonido: eso fue lo que me enamoró del Torino.

-¿Y cuándo fue la primera vez que pensó: “Quiero tener un Torino”?

-Cuando trabajaba en Renault de Brasil empecé a coquetear con la idea de tener un auto clásico. Siempre me gustaron los autos de los años ’60 y principios de los ’70. Me parece que es una de las épocas más lindas de diseño de autos, teniendo en cuenta que yo nací en 1970. Pero claro, en Brasil no había ningún auto clásico de Renault. Menos aún algo parecido a un muscle-car, que es el tipo de auto que me gusta a mí. Por eso, cuando volví a vivir en la Argentina, dije: “Este es el momento de tener un Torino”. Empecé a charlarlo con mi mujer que, la verdad, muy convencida no estaba. En esa época, todavía estábamos en las carreras con nuestro equipo de competición. El director comercial, Alejandro Reggi, me presentó a Oscar “El Fino” Fineschi, que en ese momento tenía a su hijo corriendo con nosotros. El Fino compraba y restauraba Torino. Empezamos a ver autos entre los dos, hasta que un día me acompañó a ver un auto que estaba en la Costa. Fue cuestión de ver el auto y enamorarme a primera vista. Ahí mismo lo reservé, porque el Fino me dijo que el auto estaba bastante bien.

-¿Siempre buscó un Torino 380 o estaba abierto a otras versiones?

-No, yo quería un 380. Los 380 y 380W son como el Santo Grial del Torino. Es un auto diseñado por Pininfarina, muy diferente a otros Torino, con su plancha de instrumentos en madera, que cuando lo mirás parece casi como un mueble, por todo el trabajo artesanal que tiene. Del 380 se habrán fabricado unas 10 mil unidades y unas mil del 380W. El problema con estos autos es que, con el tiempo, pasaron de ser autos nuevos a ser autos viejos. Y, cuando fueron autos viejos, empezaron a cambiar de manos, con pocos cuidados, muchos tuneados y tal vez modificados sin el mayor gusto. Empezó a hacerse como una mala fama con el Torino. Hasta que después el auto empezó a recuperar el valor de su historia, principalmente el 380, que se convirtió en un auto de culto. Se volvió a instalar como un auto nacional, deportivo y glamoroso.

-¿Cuánto tiempo llevó el proceso de restauración?

-Un año y ocho meses. Lo hicimos absolutamente todo a nuevo. Se lo peló hasta la chapa. Lo único que no le hice fue el motor, porque ya estaba hecho. Y bien hecho. Pero cuando lo agarró el restaurador, comenzó a señalarme cosas que no estaban bien hechas o que no eran originales del auto. Ahí fue que decidimos pelarlo por completo. Al final, nos metimos en una dinámica medio loca, el famoso “ya que estamos”. Terminamos haciendo los tapizados, el panel del techo, toda la plancha de instrumentos y hasta cambiamos la gran mayoría de los tornillos, porque no eran originales.

-¿Los tornillos también?

-Sí, porque los tornillos originales del Torino tienen una característica que muy pocos conocen. Tienen barquitos.

-¿Barquitos?

-Sí, recordemos que Industrias Kaiser Argentina era la subsidiaria de Kaiser, un millonario de Estados Unidos que se hizo rico con su astillero, fabricando barcos. También fabricó aviones para la Segunda Guerra Mundial. Entonces, cuando empezaron con el tema del Torino, muchas de las partes llegaban desde Estados Unidos. Y, seguramente por un tema de homogeneización de las partes, para no tener que manejar tanta diversidad de piezas, usaron los tornillos y bulones de los barcos. Esos bulones tienen en la cabeza el dibujo en relieve de un barco. Ahí comenzamos a ver que algunas partes del auto tenía los bulones originales y otras no.

-En el proceso de restauración debe haber trabajado mucha gente, ¿quiénes fueron los más destacados?

-En primer lugar está el director de orquesta: Eduardo Leotta, responsable general de la restauración. El tema de la pintura estuvo a cargo de Ignacio Salvetti, que hizo un trabajo excelente. Los hermanos Gutiérrez fueron los que hicieron todo el interior, incluyendo la tapicería. Hay un chico llamado Leo380, que me ayudó a conseguir un montón de piezas originales. Manera Pérez, del concesionario Renault en La Pampa, me consiguió unas piezas inconseguibles, como el parabrisas original, que es templado y no laminado: lo tuvieron guardado en stock casi 45 años. Por eso es que salgo poco a la ruta con el auto, porque cualquier piedra lo puede astillar.

-¿Qué uso le da hoy al auto?

-Sólo salgo si hay sol, nunca cuando llueve, tampoco si hay tormenta de viento. No lo uso en rutas, lo más lejos fue un paseo que hice desde mi casa en San Isidro hasta Aeroparque, en Palermo. Ahí pude pisarlo un poquito sobre la Avenida Lugones, aunque no mucho.

-¿Ya lo llevó a eventos de autos clásicos?

-Tengo algunos colegas como Manuel Mantilla, que es presidente de Mercedes-Benz Argentina: tiene un Mercedes clásico y me propuso participar del Rally de las Bodegas. Pero andan en caminos de ripio y yo tengo muchos T.O.C.s como para andar por ese tipo de recorridos. También tengo amigos y colegas que exponen en Autoclásica de San Isidro, pero son muchos días, a veces a llueve o a veces vuela mucha tierra, como el año pasado. La verdad es que el auto no lo hice para exposición. Lo hice para mí y me gusta disfrutarlo a mi manera, tranquilo.

-¿Qué otro auto de colección le gustaría tener?

-A veces uso el Clio RS que es de Renault Argentina (ver nota), pero no tengo planes de comprar otro auto para mí. Tal vez algún día me compre un Jaguar, que es una marca que me gusta mucho. O un Nissan, por mencionar a una marca afín a Renault: me gustan mucho las coupés 280. La cosa es que mi mujer es “cero auto”, no le interesa el tema. Mi hijo y mi hija se enganchan un poco más.

-¿Cómo era la Argentina que permitió que una empresa como IKA fabricara el Torino y cómo había cambiado la industria para cuando el llegó el momento en que Renault decidió dejar de fabricarlo en Córdoba?

-Yo creo que, más que el país, hay que considerar varios fenómenos. En la Argentina que vio nacer al Torino había un espíritu muy desarrollista, de una “Argentina potencia”. Era la época del avión Pulqui, del proyecto de fusión en frío en la Isla Huemul, una época donde Argentina se sentía potencia. Después están las características de IKA: Kaiser era una empresa muy presente en Estados Unidos, que eligió expandirse internacionalmente empezando por la Argentina y que designó a James McCLoud como ejecutivo para hacerse cargo de la filial local. McLoud tenía autonomía total y no tenía que rendirle cuentas a nadie. Al encontrarse con ese clima de época en la Argentina, decidió desarrollar un auto emblemático para el país: de ese proyecto nació el Torino. Digamos que se alinearon los planetas. La pregunta que hoy en día nadie puede responder es si el proyecto fue rentable. Yo creo que no, que se gastó muchísimo dinero en un desarrollo y que nunca se recuperó.

-¿Sería imposible desarrollar hoy en la Argentina un auto como el Torino?

-Sería inviable, porque hoy ninguna empresa puede gastar sin control y sin calcular la rentabilidad de un proyecto. Hoy sería imposible. Sería inviable económicamente, porque para hacer un auto como este, incluso usando una plataforma ya existente, habría que invertir como mínimo unos 400 millones de dólares en desarrollo. Y no se pagaría nunca, porque además el Torino fue un auto que no logró ser conocido fuera de Argentina. Se hizo sólo para el mercado local. Nació en una época rara, donde había mucho romanticismo empresarial y menos números, por eso es que también es una época linda para los amantes de los autos. Esa época de romanticismo nos dio muchos vehículos muy raros y muy lindos, que en muchos casos terminaron fundieron a las compañías que los crearon. Porque, desde el punto de vista del negocio, eran decisiones malas. Recién hablaba de lo lindos que son los autos ingleses. Eran autos raros y con personalidad, ¿pero cuántas de esas marcas sobrevivieron? Se fundieron todas. Esos autos eran lindos, pero también eran pésimos negocios.

-Entonces, ¿ya no es posible hacer autos lindos y románticos?

-Es posible, pero es muy difícil. Lamentablemente, hoy las decisiones empresariales son 100% racionales, porque tenés que rendir cuentas a un grupo de accionistas y estás sometido al constante escrutinio de los analistas de mercado, que recomiendan o no comprar las acciones de tu empresa, en función de las decisiones comerciales que tomes. Vos hoy podés tener un proyecto alucinante, pero si no te dan los números, no lo hacés y se acabó, porque tenés un grupo de accionistas que te está pidiendo rentabilidad, crecimiento y números positivos. El propio CEO de Renault no puede tomar ninguna decisión que no sea un negocio redondo para la compañía. Entonces, si vos empezás a hacer inversiones medio románticas, que no se justifican en los números, los analistas de mercado te quitan el apoyo, te bajan el pulgar y destruyen el valor de la acción de tu compañía.

-¿Pasa lo mismo también con los diseños de los autos?

-Ahí ya es más una cuestión de normativas y eficiencia aerodinámica. Por ese motivo, como los diseños están tan condicionados, muchos autos tienden siempre a tener formas y diseños muy parecidos. No es que se copien, pero si todos tienen que cumplir las mismas normativas de seguridad y alcanzar determinados niveles de consumo y emisiones contaminantes, es lógico que todos los diseños tiendan a llegar a la misma conclusión. Por eso, cuando me preguntan si es posible pensar en un nuevo Torino, yo siempre respondo: es imposible, así que trabajemos para preservar, restaurar y disfrutar a los que ya existen. Lamentablemente, ya no habrá autos así.

Entrevista de C.C.

Fotos de Orly Cristófalo

Agradecimiento: Pablo Sibilla, Virginia Rivera y El Hub Garage

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C.C. y P.S.: salimos a pasear en el Torino 380 del presidente de Renault Argentina.

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El nivel de restauración es fabuloso.

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Tiene hasta el juego de naipes que venía de regalo en la guantera.

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Salimos a pasear por San Isidro.

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Y llegamos hasta El Hub Garage, en Martínez.

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Reunión de familia con un Rambler Ambassador y un Torino 380W (en proceso de restauración).

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En El Hub Garage siempre hay alguna sorpresa para los amantes del Rombo.

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Periodismo de investigación: "¿A ver cómo es eso de los bulones con barquitos?"

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Recuerdo de los orígenes navieros de Kaiser.

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Mirá todas las fotos de Orly Cristófalo en la galería de acá abajo.

Galería: Especial Torino Pablo Sibilla


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