El coleccionista y empresario argentino, Ricardo Zeziola, anunció ayer que el Pronello Huayra Ford -el prototipo nacional de competición más revolucionario de la historia- fue invitado para ser una de las estrellas del Goodwood Festival of Speed en julio próximo, uno de los eventos de autos más importantes del mundo. El Huayra creado por Heriberto Pronello será exhibido al público, trepará por el circuito inglés con algunos pilotos célebres al volante.
Tras recibir la invitación formal para presentarlo en Goodwood, el diseñador bahiense Sergio Rinland y el historiador Gabriel de Meurville someterán al Huayra a una prueba en un túnel de viento en Inglaterra: estudiarán la aerodinámica del auto argentino, que fue pionero en el uso del "efecto suelo", mucho antes de que la técnica se implementara en la Fórmula 1.
Antes de embarcar rumbo a Inglaterra, Zeziola llevó ayer el Huayra al Autódromo de Buenos Aires para girar una última vez en el Gálvez antes de partir hacia su merecido homenaje. El prototipo fue conducido por el propio Zeziola, quien compartió la pista con el Peugeot 205 Turbo 16 que corriera Carlos Reutemann en el Rally de Argentina de 1985 (leer historia) y el Rauda Díscolo que compró el piloto Lucho Martínez (leer crítica).
"El auto viajará primero a la Universidad de Oxford, en Inglaterra", explicó Zeziola el plan del Huayra. "Allí, los alumnos de Sergio Rinland le instalarán los sensores para medir el coeficiente aerodinámico en un túnel de viento en movimiento. Van a estudiar cuál era la succión y la carga aerodinámica generada por el auto, que tiene un efecto suelo ideado por Pronello. En su momento, Heriberto probó la maqueta en escala 1:5 en Córdoba, donde se fabricaban los aviones, y ahí el coheficiente le dio CX = 0.22. Ahora lo medirán en un túnel de viento en movimiento y en escala real, para estudiar lo que hace 55 años ideó un genio como Pronello", agregó Zeziola, quien es coleccionista de autos clásicos nacionales, incluyendo al IKA Torino reconocido como el mejor ejemplar de la Argentina (ver nota).
"Después el auto será llevado a Goodwood, donde se exhibirá en el Paddock junto a los Sport Prototipos que celebrarán los 100 años de las 24 Horas de Le Mans. Si bien el Huayra nunca corrió esta carrera, pertenece a una generación de prototipos contemporáneos que bien podría haber participado en esta competencia", añadió. "Y estamos en conversaciones para definir quién manejará el Huayra sobre la trepada de Goodwood. Yo voy a llevar mi buzo antiflama y mi casco, pero también queremos invitar a algún amigo piloto con mucha trayectoria", completó Zeziola.
El Huayra Pronello Ford fue creado por Heriberto Pronello en 1968. Tenía un motor Ford V8 de la pick-up F-100, pero con carburadores Webber y caja de cambios ZF. Participó en el Campeonato Argentino de Sport Prototipos con los pilotos Carlos Reutemann y Carlos Pascualini. El Lole Reutemann lo recordaba así: “Los Huayra andaban fuertísimo. Fue de los primeros que tuvo el concepto del efecto suelo. Tenía forma alar, o sea que el aire pasaba por debajo y tira el auto hacia abajo, que es el principio del efecto suelo. En el circuito de Rafaela era un auto de 270, 275 kilómetros por hora. Andaba muy fuerte para tener sólo 270 caballos".
El plan es que Heriberto Pronello participe en Goodwood de los homenajes a su auto más famoso. Son detalles de organización que aún se están definiendo, porque Pronello se encuentra en pleno proceso de fabricación de su nuevo deportivo de calle: la Liebre 4 (leer nota). Pero ya conviene ir marcando calendarios: del 13 al 16 de julio, el Pronello Huayra Ford rugirá en la trepada frente al castillo de Goodwood.
Hay más información sobre la historia de este auto en la galería de fotos y la nota de archivo del diario Clarín, acá abajo.
C.C.
Fotos: Asociación Argentina de Volantes, Familia Zeziola, Tito Pérez y Clarín.

Ricardo Zeziola, propietario del Huayra Pronello Ford, giró ayer en el Autódromo de Buenos Aires antes de embarcar el auto rumbo a Inglaterra.

Aceleró en compañía del Peugeot 205 Turbo 16 (un auto ex Reutemann, igual que el Huayra) y el Rauda Díscolo.

Adelantado a su época. La historia del Pronello Huayra Ford se puede leer acá abajo.
Galería: Huayra Pronello Ford
Nota del diario Clarín (20/11/2022)
Pronello Huayra: la historia del súper auto argentino que generó una revolución y todavía acelera

A fines de los años 70, la Fórmula 1 incorporó un avance aerodinámico que hizo más rápidos a sus autos. Colin Chapman, uno de los ingenieros más prolíficos de la categoría, dotó a la escudería Lotus con una geometría en sus autos que los hicieron imbatibles y le permitió al estadounidense Mario Andretti ganar el campeonato de 1978. Pero la revolución del “efecto suelo”, el cambio tan mentado, había empezado una década antes y en la Argentina con un modelo de competición que todavía acelera: el Pronello Huayra.
El auto, tan extraordinario como llamativo desde el diseño, permanece inalterable más de 50 años después de su creación. Y su creador, Heriberto Pronello, lo describe con el entusiasmo que tenía en aquellos tiempos de un automovilismo nacional en constante experimentación. Era el momento de los Sport Prototipo y de la transición más exótica del Turismo Carretera, que dejaba atrás las cupecitas y se preparaba para la era moderna de las Chevy y los Falcon con una batería de peculiaridades en el medio. Uno de los pilotos de esta maravilla mecánica fue nada menos que Carlos Reutemann, antes de que partiera a Europa para su prolífico paso por la Fórmula 1.
Pronello es cordobés de Morteros. Nació el 2 de febrero de 1936. A los 86 años, todos los días trabaja en su taller en la ciudad de Buenos Aires. Ahora tiene en marcha un proyecto de deportivo nacional de calle, la Liebre 4, que es justamente la evolución de aquellos autos que revolucionaron el TC a fines de los 60.
Hasta allí llegó el Huayra, que pasó por Buenos Aires para participar de Autoclásica, pero en realidad suele ser exhibido en el Museo Juan Manuel Fangio de la ciudad de Balcarce. No suelen encontrarse con frecuencia el creador y su creación, entonces. Pero cuando estuvieron juntos, Clarín se permitió ser testigo de ese momento para que el propio Pronello explicara aquella revolución que se terminó replicando en la Fórmula 1.
La base de Pronello está en una zona difícil de contextualizar con la competición: Libertador casi La Pampa, en pleno barrio de Belgrano. Allí hay muchos fierros: del pasado que fueron exitosos; de proyectos que no llegaron a prosperar, como el MAP que se había pensado como un auto nacional de bajo costo; y de los que están por venir.
Para entender quién es Heriberto Pronello, basta con describir quién lo visitó en medio de la entrevista con Clarín. Sergio Rinland es un argentino radicado en Gran Bretaña, que en la Fórmula 1 trabajó para Brabham y Williams. “Este hombre es una eminencia, un libro abierto, y resulta increíble que a su edad mantenga la misma pasión de siempre”, comenta Rinland, quien pasó por el taller para regalarle a Pronello un ejemplar dedicado de su libro "Mis 20 años en la Fórmula 1".
El deportivo creado a fines de los 60 por el ingeniero Heriberto Pronello incorporó el llamado “efecto suelo”, un fenómeno aerodinámico que llegó a la Fórmula 1.
Rinland se detuvo en el Huayra; lo recorrió mientras le hacía preguntas al veterano ingeniero. “Fue el primer auto a nivel mundial con efecto suelo”, sostiene Pronello sobre su creación. El efecto suelo fue una de las grandes novedades en la temporada 2022 de la F1, ya que se rehabilitó su uso después de 40 años de haberlo excluido del reglamento.
El efecto suelo dota al piso de los autos de túneles que agilizan el flujo de aire y les permiten alcanzar más velocidad, sobre todo en los tramos más trabados. “Están realizados de tal manera -explica Pronello- que el aire se acelera a mayor velocidad que la que está desarrollando el auto y produce una depresión, una especie de ventosa que pega el auto al piso y eso le permite doblar algo más rápido que los autos que no tienen ese tipo de solución”.
Con esa avanzada apareció este súper auto a finales de la década del 60, forjado en el taller que Heriberto Pronello tenía en Villa María. El Huayra fue creado para competir en el Campeonato Argentino de Sport Prototipos, la versión local del Mundial de Endurance (WEC, su sigla en inglés), que surgió como una alternativa para que los preparadores y diseñadores de esos años pudieran expandir los límites de la experimentación porque en el TC trataban de mantener cierta estandarización del parque.
El Pronello Huayra mide 4,35 metros de alto, 1,88 de ancho y apenas 1,10 de alto. Está dotado de un motor Ford V8, el mismo que por entonces equipaba a la la pickup F-100. Para subir la potencia le sumaron cuatro carburadores Webber de doble cuerpo verticales, que le permitían erogar 270 caballos de potencia. Su caja de cambios es ZF y tiene embrague bidisco.
A fines de 1968, Pronello construyó el chasis tubular y moldeó en yeso la maqueta en tamaño real para generar la carrocería de fibra de vidrio. Aerodinámicamente era impactante: con un coeficiente estimado hoy en Cx 0.22, superaba los 300 kilómetros por hora con un motor inferior a los 300 caballos. Uno de los que comprobó la furia del Huayra fue el Lole Reutemann, quien en el equipo tenía como compañero a Carlos Pascualini.
Era tanta la potencia de los autos que, según recuerda Pronello, “los neumáticos duraban 20 minutos de marcha porque empezaban a saltar los pedazos de cubiertas”. Y abunda: “El auto causó mucha expectativa. Pero a las otras marcas no le gustaba mucho la participación del Huayra porque el auto mostraba un potencial superior a todo lo que había”.
Carlos Alberto Reutemann, nacido en 1942, tenía menos de 30 años cuando se embarcó en la aventura de conducir este bólido que al principio asomaba indómito, hasta algo arisco porque la solvencia aerodinámica contrastaba con problemas de confiabilidad de los motores Ford. Lole, fallecido en 2021, les guardaba respeto a los autos de Pronello.
“Los Huayra andaban fuertísimo. Fue de los primeros que tuvo el concepto del efecto suelo. Tenía forma alar, o sea que el aire pasaba por debajo y tira el auto hacia abajo, que es el principio del efecto suelo. En el circuito de Rafaela era un auto de 270, 275 kilómetros por hora. Andaba muy fuerte", rememoró el santafesino.
Y Pronello, ahora, refrenda aquello que dijo Reutemann. “Es que al Lole le gustó el auto. No era muy de halagar nada. Era muy austero con sus palabras y una persona extremadamente concentrada en lo que tenía que hacer. Después de un triunfo, mientras todos festejaban, él salía caminando e iba a la pared que separa los boxes de la pista. Apoyaba los codos ahí y se quedaba mirando el infinito, pensando qué podía mejorar, que en qué lugar había que cambiar la conducta y qué sé yo. Cuando me lo contaba, la radiografía que le sacaba el auto era fenomenal”.
Ford retiró el apoyo en el proyecto del Huayra a finales de 1970. El auto siguió en la categoría el año siguiente, pero como una estructura privada. Tampoco se prolongó mucho más la categoría Sport Prototipo, que se despidió en 1973 y tuvo como campeones a Eduardo Copello en 1969; Néstor Jesús García Veiga en 1970 y Luis Di Palma (con mecánica de Berta) en 1971, 1972 y 1973.
Hay dos unidades del Huayra, en manos de coleccionistas privados, y ambas ganaron premios en Autoclásica. Una es la que descansa en Balcarce y aceleró Pronello para Clarín. El nombre del auto, que fue elegido por el artista plástico Rogelio Polesello, significa “viento” en Quechua. Es la denominación que fue replicada por el constructor argentino Horacio Pagani para bautizar su segundo auto, el que le siguió al Zonda.
Pronello dice no guardar el mejor recuerdo del casildense radicado en Italia. “Pagani fue deshonesto conmigo. Primero le puso el nombre su auto, lo registró en Argentina y después me llama para felicitarme”, apunta el ingeniero octogenario.
Y la referencia a su edad es justamente un valor en sí mismo, porque Heriberto Pronello trabaja en la construcción de un auto de calle, la Liebre IV, que promete recrear otro deportivo legendario que marcó una revolución en el Turismo Carretera y también es de su autoría. La Liebre fue el modelo que rompió la hegemonía de las cupecitas, cuando Eduardo Copello se coronó campeón en 1967.
“Este auto justamente está hecho para la gente que le gusta divertirse con la velocidad, pero también servirá para que se pueda ir a hacer las compras al supermercado”, anticipa Heriberto Pronello. El talento que no descansa.