Por Facundo García.

Renovación francesa. Mucho cacique y poco indio es una combinación que, en general, sale mal. No me gusta hablar del trabajo ajeno, pero al equipo de 2018 le faltaba barro, identidad y humildad. Por algo la gente pidió cambio de DT, ¿no? Sin resignar el buen juego para tomarse un extra brut frente a la TV, vamos a cambiar la filosofía de esta selección. A partir de ahora, la única estrella es el escudo con el gallito. Y que los resultados me juzguen. 

Para elegir al “uno” me remití a la historia: no hubo equipos campeones del mundo con arqueritos medio pelo, de esos que cuando el rival ataca te hacen transpirar más que el display del surtidor mientras llenás el tanque. Por eso vamos a lo seguro y se pone los guantes el Peugeot 3008 (leer crítica), rey de los SUV, y premiado más de una vez en distintas partes del planeta. Tiene la famosa facha francesa, calidad suficiente para moverse por el área y no se le van a caer los anillos por tirarse al pasto en alguna jugada peligrosa. No te digo que se la banca en cualquier terreno, pero casi. Hay que acordarse de moverle la perillita.

La línea defensiva de tres jugadores tiene al Renault Mégane R.S. (leer crítica) como último hombre, puesto que demanda velocidad y potencia. Y lo acompañan dos torres: el Citroën Spacetourer, uno que de cubrir espacios sabe mucho, y la Renault Alaskan. La prensa criticó su inclusión porque es hija de padres japoneses y juega en la Argentina, pero tiene alma francesa. Vamos a darle un voto de confianza para que muestre sus capacidades ante las estrellas internacionales.

En el medio busco experiencia, historia e identidad. En este equipo los kilómetros son bien valorados. Formamos con tres Renault conocidos hasta por quien no cambió una rueda en su vida: Twingo, Kangoo y Clio. Todos tienen varios mundiales con esta camiseta puesta y pretemporadas fuertes que lo dejaron como nuevos, así que son una fija en la mitad de la cancha.

Un pasito adelante va el Peugeot 208 (leer crítica), el jugador más querido por todos y capitán del equipo. Por su amplia variedad de facetas, lo aplaude desde el que cuida el mango para comprar la entrada hasta el que se da el gustito de un palco en la mejor ubicación de la cancha. Además, ahora tiene ese costado argentino que en toda competencia deportiva otorga un plus.  

El enganche es el Citroën E-C4. Con su silencio puede hacer daño detrás de los volantes rivales. Por las dudas va a jugar paradito, sin exigirse mucho, aunque la autonomía le alcanza para un partido con ida y vuelta de hasta 350 kilómetros. Espero que esté enchufado.

La delantera te li-qui-da. Por las bandas va el Bugatti Chiron (saber más), uno de los autos más rápidos del mundo (en su versión Super Sport 300+). ¿Existe algún defensor capaz de contrarrestar sus 400 y pico kilómetros por hora? No lo creo. Para colmo, por su capacidad de frenado (tiene récord en 0-400-0 km/h) puede dejar pagando a más de un grandulón que se atreva a enfrentarlo. El otro delantero es el Alpine A110 (saber más), con corazón Renault. Es una propuesta “guardiolesca”, sin un nueve de área fijado, para aprovechar el explosivo 0 a 100 km/h (4,5 segundos) y llegar al área con sorpresa cuando el Chiron rompa por afuera. 

Sabemos que no somos los candidatos principales a llevarnos el título, porque esto de la pelotita y los autos está hecho para que ganen siempre los alemanes. Pero confiamos en la seguridad de nuestro arquero, la fuerza de la defensa, la experiencia del mediocampo y la explosión de la delantera. Allez la France!


Los jugadores.
El equipo francés.
La "data".

El Capitán

“Hacer las cosas un poco distinto de los demás”, siempre fue un denominador común en la  tradición automovilística francesa. Modelos de Citroën como Traction Avant, 3 CV, Mehari, DS, CX, o los de Renault como Twingo, Espace, Avantime, Twizzy, le han granjeado a los autos franceses la fama de “raros”, en la misma medida que son admirados por su personalidad e innovación. Lamentablemente, los tiempos han cambiado, y la capacidad de las marcas galas para tomar riesgos ha disminuido mucho. El je ne se quoi francés a gran escala pasa ahora más por pequeños detalles estilísticos y funcionales, que por grandes cambios de diseño o ingeniería. Sin embargo, hay un terreno en el que la industria francesa se ha mantenido fiel a sí misma desde hace décadas: el de la producción de pequeños autos familiares, esos que “le resuelven la vida a la gente con un toque de charme”. Es una tradición que viene desde el 2 CV, pasó por el Renault 4 y llegó a un punto altísimo con el Peugeot 205, tal vez el más alto en la historia de los autos “chicos familiares” (seguido muy de cerca por el Renault 5 y el Clio, también franceses por supuesto).

El heredero directo de esa noble tradición es el 208, que hoy va por su segunda generación, y en el se deposita la confianza del equipo galo para llevar la cinta de capitán. Pero no solo es por una cuestión hereditaria; el “nuevo” 208 es un auto que volvió a subir la vara por diseño, calidad y tecnología (tiene incluso una versión 100% eléctrica). Y recupera ese carisma que lo hace un favorito no solo en Francia sino también en toda Europa. Es así, Francia confía en sus “superminis” (como se les dice cariñosamente a los hatchbacks del segmento B en el Viejo Continente) para llevar la banda de capitán. Porque si al 208 le toca salir, se pasa al Renault Clio.

F.G.

El capitán de Francia: Peugeot 208.
PORTADA

Todo sobre el Mundial de los Autos en estas notas.

Enviá tu noticia a novedades@motor1.com