El Fiat Cronos fue el auto más vendido de la Argentina en 2021 y todo indica que repetirá la hazaña en el 2022: transcurrido medio año, ya le lleva más de 10 mil unidades de diferencia al segundo más patentado, el Peugeot 208. En los últimos años, el mercado argentino de autos tuvo líderes muy diversos -desde el Volkswagen Gol Trend hasta la Toyota Hilux- pero ninguno de ellos se acercó a la participación de mercado que alcanzó el Cronos: en lo que va del 2022, el modelo de Fiat acumula un 11.5% de market share. Esto significa que algo más de uno de cada 10 vehículos vendidos en la Argentina -de cualquier marca, tamaño, precio y segmento- es un Cronos. Es un logro que se produce pocas veces en un mercado y que Fiat no conseguía en la Argentina desde 1993, con el recordado Duna.

La semana pasada, Fiat presentó el Cronos Model Year 2023 (ver equipamiento y precios). El modelo fabricado en Córdoba -que gracias a las exportaciones, hoy se posiciona también como uno de los sedanes más vendidos de América Latina- presentó un leve rediseño y algunas novedades importantes. Por ejemplo, el motor Firefly 1.3 de 99 cv ahora se puede combinar con una caja automática CVT.

Sin embargo, el Cronos (2023) también sumó dos nuevos defectos. Por un lado, se dejó de ofrecer la versión más potente, con el motor E.torQ 1.8 de 130 cv. Y, por el otro, perdió equipamiento de seguridad: ahora todos los Cronos vienen sólo con dos airbags frontales de serie. Se eliminaron del catálogo las únicas dos versiones que hasta ahora tenían dos airbags laterales: 1.8 Precision Manual (en opción) y 1.8 Precision Automático (de serie).

No es un tema menor. Es una decisión comercial grave para un auto que acaba de ser calificado por LatinNCAP con la nota más baja posible en sus crash tests: cero estrellas en seguridad (ver prueba de choque).

En Motor1 Argentina ya analizamos varias veces a este fenómeno en ventas llamado Fiat Cronos. Con diferentes matices y enfoques, las notas de opinión firmadas por mí en diciembre de 2021 (leer acá) y por la dupla Juan Deverill-Renato Tarditti en julio de 2022 (leer acá), coinciden en un punto ineludible: el Cronos vende mucho en la Argentina, básicamente, porque no tiene competencia.

Las restricciones a las importaciones, las trabas para el acceso al dólar y los constantes cambios en las normativas del Banco Central para el ingreso de vehículos a la Argentina dejaron al Cronos casi sin rivales en nuestro mercado. El ejemplo más claro es el caso del Chevrolet Onix brasileño que -hasta el comienzo de la pandemia, donde a la crisis económica local se sumó la escasez global de semiconductores- vendía más unidades mensuales que el Cronos. Lo mismo puede decirse de otros sedanes del Segmento B (chico), como los Toyota Etios y Yaris brasileños.

El cerrojo a las importaciones es tan fuerte que, en la Argentina, se produjo un fenómeno a la inversa de las tendencias mundiales: tenemos un sedán que vende más -pero mucho más- que cualquier SUV. ¿Sería igual si existiera una libre competencia? Es difícil saberlo. Lo cierto es que, sin estas restricciones, el Cronos tal vez nunca hubiera llegado al market share actual de 11.5%.

Fiat podría haber aprovechado esa posición de dominio para mejorar y ampliar la oferta del Cronos en la Argentina. En un acto de responsabilidad empresaria, la marca podría haber intentado mejorar la calificación en seguridad y ofrecer -aunque fuera como opcional- un equipamiento de protección más completo para los clientes que quisieran pagarlo. Sin embargo, se eligió el camino contrario: Fiat optó por recortar equipamiento en áreas muy sensibles, como los airbags.

Ahí es donde comienzan a surgir nuevos puntos en común que unen a los fenómenos de los Fiat Duna y Cronos. Ya no hablamos sólo de market share: pareciera que Fiat está encaminada a usar el dominio del Cronos en beneficio propio, no de sus clientes, y con las cuestionadas estrategias de la vieja Sevel (leer historia).

En 1987, y bajo el control del Grupo Socma, Fiat comenzó a producir en la Argentina el Duna, que era un sedán basado en el Uno. Para ser el auto que reemplazaba al Fiat Súper Europa, el Duna tenía un diseño más moderno, un mayor espacio interior y un equipamiento más completo.

Fue un éxito en ventas instantáneo y, entre 1990 y 1995, se coronó como el auto más patentado de la Argentina. Más allá de ese logro, el Duna se hizo famoso por algunos defectos ineludibles: su mecánica -que estaba lejos de ser la más confiable- y la pobre calidad de fabricación de Sevel.

Sin embargo, se vendía como pan caliente. El motivo básico era muy similar al que hoy impulsa las ventas del Cronos: el Duna no tenía competencia. Durante la primera mitad de los años ‘90, el mercado automotor argentino comenzaba a abrirse a las importaciones después de décadas de proteccionismo, pero los primeros autos extranjeros que llegaron al país pertenecían a segmentos más caros y exclusivos. El Duna recién se encontró con rivales de su mismo nivel de precio a fines de los ‘90, cuando mediante el acuerdo del Mercosur comenzaron a ofrecerse en la Argentina modelos más modernos y competitivos, como los Volkswagen Gol, Polo Classic, Chevrolet Corsa y Renault Clio, entre otros.

Durante sus años de reinado en el mercado argentino, en lugar de modernizarlo y mejorarlo, Sevel trabajó para amortizar y mejorar la rentabilidad a la hora de producir el Duna. Cualquiera que haya conocido los Duna de primera generación y los haya podido comparar con los últimos ejemplares que se produjeron recordará la pauperización de materiales, la economía de revestimientos y la pobre calidad de terminación. Esos últimos Duna de Sevel -poco confiables y abaratados hasta el hartazgo- fueron en gran parte los responsable de arruinar la imagen de Fiat durante décadas en la Argentina.

El Cronos (2023) de Stellantis está lejos de alcanzar al nivel de mediocridad de los olvidables Duna de Sevel. Sin embargo, la eliminación del motor más potente y -sobre todo- los recortes en seguridad, parecen decisiones tomadas sobre la base de la misma lógica: la falta de rivales, que facilita el amplio dominio del mercado y desata el apetito por maximizar rentabilidades. Todo a costa de sacrificar la calidad del producto.

En ese sentido, la historia se repite calcada: cuando un producto exitoso de Fiat no tiene competencia, la primera víctima de ese suceso es el mismo consumidor que lo sentó en el trono.

C.C.


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