Un percance de salud me dejó en casa; pero muy tranquilo, porque un amigo muy profesional se hizo cargo. Hubo visita a la planta de transmisiones de Scania, pero antes de entrar hubo una cita con la historia de la marca en el país. Quién mejor que el más fino especialista sobre la industria automotriz argentina de todos los tiempos: Gustavo Feder

Encuentro con el Número Dos

Texto y fotos de Gustavo Feder (editor de Autohistoria)

La semana pasada fuimos invitados a la planta Scania de Tucumán para tomar contacto con la nueva generación de las cajas de cambios GW. Para este cronista era la primera visita a la fábrica, una oportunidad largamente deseada que finalmente se pudo concretar. Un periodista amigo me había pasado el dato que allí se exhibía un ejemplar del camión L-111, aunque no podía confirmarme si se trataba de la primera o segunda unidad. No importaba. La sola presencia de un L111 significaba un “bonus track” para una visita por demás interesante. La  producción de engranajes y ejes puede verse en esta nota, y hoy nos dedicaremos a la historia.

Apenas el bus estacionó en la puerta del complejo de Colombres lo pude ver. Su inconfundible silueta asomaba a un costado del playón principal, en una especie de plazoleta. Fue apenas un primer contacto y lejano. Había que esperar la oportunidad.

Cuando la apretada agenda de actividades ofreció una pausa, me “escapé” a conocer mano a mano al histórico ejemplar. Se trataba, efectivamente, de la segunda unidad. Según pude averiguar, el primer ejemplar fue entregado al entonces gobernador de facto Domingo Bussi, y hasta hoy se desconoce su paradero.

El ejemplar exhibido en la fábrica fue adquirido por Scania y sometido a un minucioso proceso de restauración para formar parte de los festejos por el 40 aniversario de la inauguración de la planta tucumana.

La fábrica de Colombres comenzó a operar el 26 de marzo de 1976 y el 1 de diciembre de ese año salió de la línea de montaje el primer camión L111. Estaba equipado con un motor DN11 de seis cilindros y 202 hp acoplado a una caja de velocidades GR 860, fabricada en el mismo complejo. Su cabina trompuda de tipo HL23 lucía un característico naranja, único color disponible para el modelo. Se montaba sobre un de chasis de configuración 4x2. Estas características son idénticas a las de la unidad exhibida.

En poco tiempo, el “Yacaré naranja” se convirtió en un habitante habitual de las rutas de todo el país. Su inmediata aceptación por parte de los transportistas lo convirtió en líder del mercado de camiones pesados, segmento donde Scania superó cómodamente el 30 % de participación.

Se mantuvo en producción hasta 1982, cuando fue remplazado por la Serie 112. En total, se fabricaron 2306 unidades de sus diferentes versiones.

El L111 acusa 30.634 kilómetros y se expone junto a la piedra basal de la planta industrial de la por entonces “Saab-Scania”, que fue colocada el 1 de diciembre de 1972.  

En una industria que en general suele desentenderse de su pasado, recuperar un ejemplar histórico y exhibirlo en la propia planta industrial donde fue fabricado constituye un hecho inédito. Además, cabe destacar la honestidad de reconocerla como la segunda unidad y no caer en la tentación de exhibirla como la “Nº1”. Lo de Scania es un ejemplo que desearíamos que imiten otras automotrices con historia industrial en el país.

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Desde 1976 producidos en Argentina. Una marca, un sello
A bordo sigue en condiciones como para emprender viaje. Eterno L-111
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Esta es la segunda unidad producida en la planta tucumana y luce impecable
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Es el faro guía de una notable mejora en la calidad de los transportes pesados, desde que la empresa comenzó a producir en el país.
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Hoy se lo sigue viendo en las rutas trabajando, pero también custodiando la entrada a la planta donde fue fabricado por manos argentinas
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