El Hipódromo de San Isidro se convirtió el sábado pasado, por primera vez en su historia, en un circuito de Grand Prix. Allí se celebró la primera edición del GP "Cartoneros y sus Hijos", a beneficio de esta fundación que brinda asistencia y educación a los chicos de los recicladores urbanos. El equipo de Motor1, integrado por Carlos y Vito Cristófalo, participó con un BMW M3 de 1989.

El Grand Prix consistió en una carrera de regularidad sobre un circuito inédito de siete kilómetros. El trazado estuvo conformado por todas las calles y avenidas internas del hipódromo. Incluyó desde los famosos boulevares donde se suele celebrar Autoclásica hasta las calles que bordean la pista de caballos y los escenarios del Lollapalooza.

La organización corrió por cuenta del equipo de Pablo Kavulakian, que es el mismo que celebra la Primera Milla Pilar, en el country Martindale.

Los chicos y docentes de la escuela estuvieron a cargo de las acreditaciones, presentaron shows musicales y obsequiaron a todos los participantes con dibujos de los autos de cada tripulación.

Participaron en total 34 tripulaciones y lo recaudado por las inscripciones se donó a la Fundación. Entre los autos más destacados había un Rolls-Royce Twenty de 1927, un Lancia Lambda de 1927 y un Ford Baquet de 1931.

Sin embargo, el premio al "Best of Show" fue para el único Toyota 2000GT de Argentina. Se trata de una de las 351 unidades fabricadas entre 1967 y 1970 de la coupé que está considerada como el "primer superauto japonés". Tiene un motor dos litros con 150 caballos de potencia y pesa sólo 1.050 kilos.

El Toyota 2000GT superaba en performance a los Porsche 911 y Jaguar E-Type de su época, aunque también era más caro. Debido a su exotismo y escasez, hoy es uno de los clásicos japoneses más codiciados.

Bastante más modesto, aunque no menos espectacular, el BMW M3 con el que participó Motor1 fue cedido para este evento por el coleccionista Diego C. y a través de TB2, el garage de autos clásicos de Tito Barreiro y Tomás Bord.

Entre 1987 y 1990, el E30 fue uno de los autos deportivos más ganadores en toda clase de competencia. Se imponía tanto en las carreras de turismo en circuitos como en los rallyes europeos, que se disputaban principalmente sobre asfalto.

El M3 E30 fue la respuesta de BMW al sedán Mercedes-Benz 190E 2.3/16 y se diferenció por ofrecer una atractiva carrocería Coupé (aunque también hubo versiones Cabrio y hasta Touring). Este ejemplar llegó a la Argentina después de haber pasado muchos años en España y se encuentra en estado inmaculado.

El circuito del Hipódromo, que combinaba tramos de asfalto con otros de ripio, eran ideales para este deportivo alemán liviano y con tracción trasera. Tiene un motor de cuatro cilindros de 2.3 litros, que en este caso fue preparado con las especificaciones del M3 Evolution II: entrega 220 caballos de potencia y 245 Nm de torque, con un peso de 1.200 kilos.

Piloto, copiloto y auto nos sentimos tan a gusto en el circuito que nos olvidamos de lo más importante: era una competencia de regularidad, no de velocidad. Por ese motivo, a la hora de la tabla de posiciones por tiempos de exactitud, no destacamos.

Sin embargo, fuimos campeones morales en Sonido de Motor Aspirado y Comportamiento Dinámico.

Hace poco manejé un BMW Z3M Roadster bastante más potente (leer crítica) y tengo que reconocer que este M3 menos potente me pareció mucho más divertido de manejar. Sólo colocar la primera marcha resultaba un poco problemático, ¿pero a quién le molesta eso cuando sólo la tenés que engranar la primera para salir desde la línea de largada? El resto fue una combinación de curvas y tramos de ripio en segunda, tercera y cuarta velocidad.

No hubo público y todo el predio de San Isidro estuvo reservado para este evento: vía libre para acelerar sin complejos.

La competencia se planteó en dos etapas de carrera en pista y tres culinarias.

Me explico: el evento arrancó con un generoso desayuno, seguido por una vuelta al circuito, un descanso para una picada con fiambres, la segunda vuelta y el almuerzo donde brillaron las empanadas de cordero y el pollo al curry, todo donado por empresas que apoyan a la Fundación.

Fue un verdadero hallazgo de "Cartoneros y sus Chicos". Resulta que un día todos descubrimos que el Hipódromo de San Isidro tenía su propio circuito de Grand Prix. Y está buenísimo.

Ojalá se repita.

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C.C.

Fotos: Orly Cristófalo y Tito Barreiro

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Carrera Solidaria Cartoneros y sus hijos

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