Texto de Nico Nikola

El principio general del seguro de nuestros autos, además de cumplir con la ley en cuanto a la Responsabilidad Civil, es restituir el estado de vehículo a la condición previa al siniestro.

No importa el tipo de seguro que tengas, sobre todo si no ha sido tu culpa. Pagando una franquicia, que ya estaba en sus cálculos al momento de contratar la póliza o haciendo un reclamo a la compañía de quien te embistió, tarde o temprano contarás con los recursos económicos para realizar la reparación. Claro está, que si ha sido tu responsabilidad y además no contás con un seguro contra todo riesgo, deberás hacer una erogación de tu propio bolsillo.

De todos modos, no voy a extenderme mucho en este punto: no hay nada que pueda agregar que vos no sepas.

Debido a mi trabajo, he tenido la oportunidad de visitar y conocer una innumerable cantidad de talleres de chapa y pintura, nos sólo en Argentina, sino también en Estados Unidos, España y algunos países de la región. Confieso que siempre lo encontré una experiencia fascinante, que supe disfrutar en cada ocasión.

Las anécdotas y experiencias han sido tantas y variadas que podría escribir un libro. Seguramente vaya sobre el tema en futuros artículos.

Se sorprenderían de las similitudes o diferencias que se observan entre un taller en Kendal Florida y uno en Madrid. O entre uno en Montevideo y otro en Santiago de Chile. Es también un tema cultural, como lo es lo que representa un automóvil para cada sociedad.

En el mundo de la reparación del automóvil, los talleres también se clasifican y les aseguro que dicha selección dice mucho del tipo de reparación. La primera división que podemos hacer es entre los que se dedican a la Restauración y realizan tareas más artesanales. Después están aquellos que se consideran talleres de Producción. Por su puesto, hay quienes realizan ambas actividades, pero son la excepción.

Dentro del mundo de los talleres de producción también existe una segunda clasificación asociada al volumen de producción medido en número de paños –paneles reparados, preparados y pintados- hechos al mes. Los hay Talleres A, B, C y D.

Algunos Talleres A son cuasi líneas de producción, con un diseño el “layout” muy parecido a una planta de montaje, en escala reducida. En este caso, hablamos de más de 500 o 700 paños al mes (algunos podrían llegar a 1.000).

Son medianas empresas, cuentan con un encargado o gerente y saben muy bien que el margen de ganancia se juega en la productividad de la mano de obra. El total de ellos tienen cabina de pintura (o más de una). Sin embargo, esto no garantiza que usen los mejores materiales, ya que lo dueños no están detrás de la operación y lo que realmente importa es cumplir con los plazos con una calidad aceptable y liberar espacio para el lunes siguiente por la mañana, para poder recibir a nuevos clientes.

Son ideales para reparaciones menores y generalmente rechazan “piñas grandes”. Estos Talleres A cuentan con métricas por auto y pueden estimar con cierta precisión la utilidad por vehículo reparado.

Los Talleres B, con una producción de entre 300 y 500 paños mensuales, tienen como principal característica el involucramiento, seguimiento y mano de sus dueños. Aquí la cuota de arte, con respecto a la cuota de ciencia, varía. La experiencia por sobre el manual y el libro, la "Decisión Ad-Hoc versus la Planificación".

Para los Talleres C no existe una regla definida y muchos de ellos son de crecimiento rápido. Como regla general, están en transición. En el caso de los Talleres D, aquí hay que prestar más atención. La mayoría no poseen cabina de pintura, ninguno tiene el sistema “mixer” y para preparar el color dependen del arte del colorista de la pinturería.

En muchos casos, se lija o pinta sobre zonas donde vuela polvo y se empapela con diario, sin ninguna barrera que evite el over spray. Los materiales son los más baratos y posiblemente se eche mano a repuestos usados. Una masilla de baja calidad, un enmascarado con cinta que transfiera el adhesivo o una operación de lijado salteándose pasos sin respetar los granos sugeridos para el proceso, se verán reflejados en el trabajo final.

El valor o costo de paño está regulado y consensuado por las compañías de seguro o el Cesvi (Centro de Estudios sobre Seguridad Vial), que además de hacer ciencia e investigación, tiene un programa de homologación de talleres y sus procesos.

A la vez el precio, podría variar de taller en taller y desde mi punto de vista es correcto y justo. Los costos de una reparación guardan una indiscutible correlación con la calidad de la reparación, además del trabajo ajustado a proceso, teniendo los talleres de más volumen alguna ventaja en la absorción de los costos fijos.

Es por eso que los talleres buscan un mix beneficioso entre las reparaciones de particulares -quienes llevan sus autos debiendo abonar el costo total- o las que son a través de compañías de seguro, donde la compensación por panel es un estándar.

Volviendo al principio de la nota, contar con un buen seguro es al menos el 50% de la solución. Dar con un buen taller que realice una buena reparación, es lo segundo más importante.

No te aconsejo (porque es una mala idea) tomar el cheque de la compañía de seguro y luego buscar quien haga la reparación por un costo menor, quedándose con dinero a favor. La inspección habrá considerado por menos y no por más la valuación del arreglo (no es lógico que sobre algo). Así, es probable que tengas que poner dinero de tu bolsillo si lo que buscás es realmente volver a lucir el auto como antes del incidente.

Tengan en cuenta lo siguiente: una reparación mecánica mal hecha tiene solución, es molesta y costosa, pero tiene arreglo y nunca se notará el traspié. Sin embargo, un choque mal arreglado es prácticamente un daño definitivo. Una pintura mal hecha, un “miss matching” en el color, una pérdida o blend que se evita para ahorrar material, exceso de masilla o una reparación hecha calentando la pieza en lugar de hacerlo en frío, traerá consecuencias muy difíciles de corregir y (lo que es peor) disimular.

La reparación de un auto siniestrado es un tema técnicamente complejo. Hay manuales de reparación, especificaciones y procesos rigurosos. Algunos de estos hacen más a la productividad del taller que a la calidad de la reparación.

Otros, en cambio, influyen directamente en el resultado final. Por cuanto reparar un plástico, óptica o paragolpes dependen de la destreza del operador, así como también del nivel de daño.

En ambos casos hay una mejor decisión a tomar. ¿Enmascarar o desarmar? (¿hasta donde?). Desarmar de más implica el riesgo de no volver a armar igual por roturas en encastres, partes o pérdida de piezas.
Hacerlo de menos tiene sus consecuencias y se nota en el detalle. Pintar es otro capítulo: es cada día más sofisticado. Un buen taller invierte tiempo y dinero en capacitar a su gente. En muchos casos, son también buenos formadores, cumpliendo con una labor social.

Cuando la desgracia haya ocurrido, hacé tu duelo y reflexioná. Hay que ser diligente, hacer los tramites, también los números y saber que la elección del taller no es algo que debas delegar en la compañía de seguro. Preguntá con obsesión y considerá opciones. Aunque tengas que poner dinero de tu bolsillo, no corras riesgos: una reparación mal hecha arruinará tu auto para siempre.

Recuerdo en una oportunidad, ingresando al taller junto al vendedor y al técnico para hacer una demostración de líquidos de lustre, que el tallerista estaba usando el habitáculo de un Ford Focus semi-nuevo como depósito temporal de partes y repuestos.

Noté que un extremo de paragolpes se hundía lentamente, con todo su peso en el tapizado de cuero del asiento trasero. Se lo hice notar y restó importancia. Luego de un rato, no pude con mi genio y acomodé la pieza, sin que se diera cuenta, evitando un daño mayor.

Este es sólo un ejemplo y hay otros. No subestimes la tarea de armado y desarmado, el almacenamiento de las piezas y la clasificación de las mismas. No es inusual que sobre algún tornillo en el armado. Entonces, prestá atención. Observá cada detalle, consultá y no te dejes convencer: el taller lo elegís vos.

N.N.

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La columna de Nico Nikola: “Por qué Argentina nunca volverá a fabricar un Torino”
Todas las notas de Nico Nikola, en esta sección de Autoblog.

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