A principios de 2020 nos encontramos indagando sobre cierto personaje que organizaba viajes en moto distintos. Una persona con un halo de misticismo tras sus viajes que pocas personas pueden lograr, con un recorrido extenso en competencias de Motocross, Rally Raid y con muchos viajes por todo el mundo. Ustedes tienen que viajar con Andrés Memi, nos decían, y finalmente el viaje llegó. Luego de un viaje por la provincia de Córdoba (ver) llegaba el plato fuerte, a fines de Febrero de 2021. Un viaje por la provincia de Catamarca, una provincia que, al menos en nuestro caso, no solía aparecer en las charlas de motos, pero que sin dudas tiene mucho para ofrecer.

Nuestro trabajo con este viaje arrancó hace bastante, con entrevistas, notas, preparar las motos, practicar sobre las BMW F850GS que nos llevaríamos y muchas otras cosas más que se tuvieron que ir haciendo lugar a medida que las restricciones pandémicas lo fueran permitiendo. Hoy con esta nota y este video se cierra un capítulo que difícilmente se nos borre de la memoria.

Vamos a contarles de qué se trata este viaje para ponerlos a tono con lo que se viene, pero les pedimos que se tomen el tiempo de ver el video, más bien la película, que retrata de manera muy fiel lo que fue vivir una aventura semejante. Y para que vean como hombre y máquina trabajan en conjunto para lograr cosas que ni nosotros creíamos que eran posibles.

Imposible sería empezar a contar esta historia sin agradecer, además de a Andrés Memi, Pablo Canepa y equipo, a dos grandes sponsors que nos acompañaron en lo que solo puede describirse como una verdadera locura. Desde el primer momento BMW Argentina no dudó en acompañar a dos periodistas que lejos están de un nivel de profesionalismo arriba de las dos ruedas como tienen varios de los pilotos que asistieron al viaje, que en algunos casos suman más de un Dakar en su haber. Confiar dos BMW F850GS en nuestras manos es algo que vamos a agradecer siempre. Las motos resultaron ser casi ideales para el viaje, y con ya varios viajes encima, GS Trophys, Road Trips, logramos un vínculo que nos permitió pasar obstáculos que viendo las imágenes nos hacen preguntarnos cómo lo hicimos.

Otro sponsor importante vino desde el lado de las 4 ruedas y también fue instrumental en toda esta ecuación. Claro que hablamos de Toyota Argentina y su servicio de alquiler Kinto Share. Con este servicio pudimos retirar una camioneta, plotearla, cargar absolutamente todo el equipo y recorrer los más de 1.100 kms que nos separan de la capital de la provincia de Catamarca. Pero eso no fue todo, porque como ya van a poder ver en las imágenes, nos acompañó durante toda la travesía, sirviendo como vehículo de asistencia y contrayendo la obligación de pasar por los mismos lugares por los que pasaron las motos, en algunos de los lugares más recónditos de nuestro país.

Por último pero no menos importante fue Intercap, nuestro proveedor de cubiertas que nuevamente nos apoyó con las Kenda Big Block K784. Fundamentales para poder pasar por todos los terrenos que pasamos y, junto a las llantas para uso sin cámara de las BMW F850GS, logramos llegar sin pinchaduras ni ningún tipo de averías.

Ahora si, vamos a empezar el viaje al día siguiente de nuestro arribo al Hotel Casino de San Fernando del Valle de Catamarca, en lo que denominamos Día 0. Este día previo al lanzamiento del Motoadventure Rally Raid sirvió para terminar de poner a punto tanto máquinas como pilotos. Si bien no es una carrera, hay lugares fuera de pista que son realmente exigentes para ambos y es muy importante tener bien en claro la situación actual de la moto, hacer ajustes, modificaciones, y sacar o poner todo lo que haga falta.

En esto la organización y su equipo de mecánicos estuvo ayudando a todos los pilotos, incluyendo al Team Motoblog a dejar las motos prontas para el día de la largada. Se cargaron los GPS con las hojas de ruta y se entregaron los bolsos junto con una serie de regalos para armar el equipaje que se despacharía y sería trasladado durante todo el viaje a cada punto al final del día. Luego de una charla y una cena para celebrar el hecho de estar viviendo semejante aventura en este precioso país, en medio de una pandemia, nos fuimos a descansar para arrancar bien temprano a la mañana siguiente.

El Día 1 arrancó a puro way point y familiarizándonos con el concepto de navegar ni bien salimos del hotel. Si bien en nuestro caso era tan simple como seguir una línea en el GPS, por momentos había que elegir la mejor ruta o huella y nos tocó perdernos en alguna ocasión. Los primeros kilómetros fueron de asfalto sinuoso hasta que logramos, en muy poco tiempo, alejarnos de la capital catamarqueña. Al poco tiempo llegó la tierra y prácticamente por el resto del día le dijimos adiós al asfalto. El plato fuerte de la jornada fue un curso de río seco de un total de 26 kilómetros que fue hizo de introducción acelerada a lo que nos esperaba el resto de la semana. La organización, muy atenta a las ambiciones y capacidades de cada uno, había preparado 3 salidas cada 3 kilómetros para los que decidieran abandonar la super especial. Luego de esos 9 kilómetros iniciales ya no habría retorno y se asumía el compromiso de llegar al final. En este escenario nuestras máquinas se portaron muy bien y se bancaron las primeras caídas del viaje. El terreno era muy complicado, con cortadas importantes, trepadas, surcos, piedras y mil obstáculos más que las motos pasaron de manera excelente y nos dejaron en claro que están a la altura de cualquier viaje, por más extremo que se ponga. El primer día concluyó en una pileta refrescando el cuerpo y relajando la mente.

Después de aggiornarnos con las F850GS el segundo día tuvo ritmo, mucho ritmo, y tal como el día anterior, el Día 2 estuvo repleto de distintos tipos de caminos de montaña, llanuras, cruces de río y un nivel de exigencia para las motos y todos sus componentes, que fueron sometidos por las miles de piedras, quebradas, guadales, subidas y bajadas. Arrancamos luego de un enlace muy corto trepando por caminos que de a poco nos llevaron hasta las nubes ida y vuelta, y nos dieron uno de los paisajes más lindos de todo el viaje, estamos seguros de que si miran en video estarán de acuerdo. Pasamos de un clima casi tropical y húmedo, a un clima árido donde acampamos después de un tramo muy exigente que intercalaba caminos rectos muy rápidos con secciones de arena y piedras que, si bien divertidos, era algo peligrosos y no aptos para distraídos. Esa noche nos esperó un bivouac, con pileta y una cena gourmet a cargo de nuestro amigo de la casa, el señor Kircho.

El Día 3 era el gran desafío, el que iba a separar hombres de cobardes, o al menos eso gritaron en el video, pero sin dudas iba a ser el día más mágico y gratificante. La mañana arrancó lenta, poniendo en orden las motos que quedaron pendientes de reajustar la noche anterior, guardando todo el equipo de campamento y volviéndonos a vestir en una mañana que arrancó fresca. Después de un camino de piedra similar al del día anterior empezamos a bajar hacia un desierto de dunas con un paisaje salido de otro planeta. Acá tuvimos que dejar los miedos atrás y seguirle el ritmo a un montón de monstruos que nos ayudaron realmente a superar muchos desafíos e incluso nos dieron una mano para pasar algún obstáculo. Salir de un lugar así, intacto, después casi 30 kilómetros te genera un vínculo con la moto que es difícil de explicar. Esa especial concluyó al mediodía y rápidamente seguimos viaje trepando hasta unos 3600 m.s.n.m donde nuevamente nos esperaba un bivouac escondido entre las montañas. Allí tuvimos la posibilidad de darnos una ducha caliente, se repararon las motos, y volvimos a cenar como reyes.

Ya acercándonos al final, y con solo 2 jornadas por delante, el Día 4 nos hizo ir encarando la vuelta para la civilización, pasando de un paisaje árido de vuelta a las montañas tupidas de Catamarca, donde nuevamente los caminos rápidos, trepadas y algún vado ocasional fueron la norma. Ese día concluyó nuevamente en el hotel al que fuimos el primer día, en Belén, que significó terminar el día recuperando energías en una pileta.

El último día de competencia fue la vuelta hacia San Fernando de Valle de Catamarca, un día que pensamos que iba a ser el que menos iba a tener para darnos pero sobre el que, afortunadamente, estuvimos equivocados. Caminos rápidos, buenas trepadas y paisajes espectaculares nos acompañaron todo el trayecto, y terminó de cerrar un viaje que va a quedar grabado en el recuerdo.

La organización funcionó con gran precisión, el espíritu del Dakar y de la competición se siente. El nivel de exigencia al que algunos pilotos someten a sus motos genera desperfectos, radiadores rotos, pinchaduras de tanques, embragues quemados, y otro sinnúmero de posibles fallas que el equipo de mecánicos se encargó de solucionar al final de cada día. El fin de esto es que todos los que asistieron al viaje puedan terminar. En las zonas complicadas los marshalls, responsables de la seguridad de los pilotos ayudaban brindando consejos y tips de manejo o, simplemente, poniendo el cuerpo y haciendo toda la fuerza necesaria para que los participantes pudieran seguir.

Dos trailers inmensos transportaban un taller móvil con capacidad de resolver problemas de alta complejidad, además de cubiertas de repuesto, cámaras, comida, combustible y agua. Con la filosofía de que nadie puede quedar atrás y no hay problema que no se pueda resolver. Llegó el momento en que un participante no pudo soportar la temperatura y el nivel de exigencia. Su moto se cargó y se llevó hasta el próximo destino, mientras el piloto se podía recuperar en una camioneta con aire acondicionado.

Vivir esto desde adentro es un privilegio que lo tratamos de documentar de la mejor manera posible para que todos puedan vivirlo y recorran el país junto a nosotros. El video, o película, es un poco extenso, pero retrata mucho de lo vivido. Ojalá puedan sentirse un poco partícipes de esta aventura.

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