Se trata del llamado “impuesto al lujo”, que en la práctica afecta cada vez a más vehículos de gama media y producción nacional.

El cambio que se aplicará en septiembre no será en respuesta a los reclamos de fabricantes e importadores que vienen pidiendo su eliminación. En cambio, será un “ajuste por inflación” en las bases imponibles que definen a las dos escalas de este impuesto.

La primera escala del impuesto interno para autos afecta en la actualidad a modelos con precios de lista por encima de valores de alrededor de 2.9 millones de pesos. A partir de septiembre, la nueva base imponible impactará a partir de 3.1 millones de pesos.

La modificación no impedirá que los impuestos sigan distorsionando los valores de varios modelos de producción nacional, como los Toyota SW4, VW Taos y Chevrolet Cruze.

Es un cambio pequeño, que intentará acompañar el ritmo de la inflación y que, en los hechos, sólo mostrará cambios en las listas de precios oficiales: permitirá que los modelos “topeados” en 2.9 millones de pesos salten a 3.1 millones de un día para el otro. En la práctica, por la escasez de stock y la brecha cambiaria, la mayoría de los concesionarios vienen negociando desde hace meses ventas con sobreprecios (cómo denunciarlos).

El diario Ámbito Financiero brindó más detalles sobre el cambio impositivo que regirá desde septiembre.

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Nota del diario Ámbito Financiero Los autos de más de $3.120.000 pagarán el impuesto al "lujo"

Por Horacio Alonso

A partir del 1 de septiembre, el impuesto al “lujo” para los autos alcanzará a los modelos de más de $3.120.000, como consecuencia de la suba de la base imponible que establecerá la AFIP.

De esta manera, los 0 km por arriba de ese valor estarán gravados con la primera escala de los Impuestos Internos que equivale a una alícuota de 20%. El nuevo cuadro impositivo tendrá vigencia hasta fin de noviembre.

Esto se debe a que el monto que se toma para el cálculo impositivo pasará de los $2.012.678, que rige en la actualidad, a un valor de salida de fábrica o distribuidor de $2.216.200. El número surge de un ajuste de 10.11%, correspondiente al aumento de los precios mayoristas de los vehículos en el trimestre (SIPM) de abril, mayo y junio.

A este valor imponible hay que sumarle el pago del 21% de IVA más el margen de comisión de la red comercial de 15%.

Debido a las distintas formar de computar el gravamen y a la posibilidad de que se resigne ese margen, no hay un precio al público único pero el valor de referencia ronda los $3.120.000. Hasta fin de agosto, los modelos que deben pagar son los que se ubican por arriba de $2.900.000.

Por la forma de cálculo de Internos, una alícuota de 20% equivale a una suba de precio de alrededor de 25%, lo que hace que los modelos que sean afectados queden fuera del mercado. Es por eso que las marcas tienden a mantener los 0 km que ronden ese precio justo por debajo de ese tope para evitar que tributen el recargo fiscal.

Una vez que se actualice la nueva base, los modelos que están “topeados” cerca de la base imponible tendrán un incremento al público acorde a la variación de índice mayoristas, es decir, un 10%.

Si se toma la cotización del “blue”, los 0 km de más de 17.500 dólares “billete” deberán tributar. Esto afecta a modelos importados pero también a algunos nacionales.

Este tributo está pensado para gravar a los bienes suntuarios, pero los vehículos que estarán afectados pertenecen a un segmento medio. Hay que tener en cuenta que los 0 km más baratos del mercado parten de $1.500.000.

En el caso de la segunda escala, con una alícuota de 35%, la base imponible pasa de $3.715.714 a $4.091.446. De esta manera, deberán tributar los modelos de más de $7.960.000. También, por la forma de calcular este impuesto, los precios de los modelos alcanzados, con este 35% adicional, provoca una suba de precio al público de 50%.

Este gravamen se viene aplicando desde hace años con distintos niveles de intensidad. Comenzó a tener relevancia en el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, fue subido a un nivel récord desde el 2014, sólo se atenuó –pese a que había anunciado eliminarlo– durante la presidencia de Mauricio Macri y volvieron a tener un impacto mayor desde la llega de Alberto Fernández. De hecho, se modificó la forma de cálculo (antes era por la inflación general, tal como se estableció en el gobierno de Cambiemos) para pasar a un índice mayorista.

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