Texto y fotos de Raúl Tomás Boetsch
@RaulTomas.Boetsch

Me llamo Raúl Tomás Boetsch, tengo 58 años y soy médico radicado en Santa Fe. Entre mis pasatiempos y preferencias están los viajes y los autos. Hace poco tiempo tuve conocimiento de una entrevista realizada a Horacio Pagani en Autoblog (leer acá) y es ese el motivo por el cual les estoy escribiendo.

Pagani y yo tenemos especialmente el amor por el Torino. Tengo uno GR de 1980, con el que recorrí el trayecto desde Ushuaia hasta Alaska, ida y vuelta. El coche está ahora en Europa y, por causa de la pandemia, se encuentra inmovilizado desde hace casi dos años. Mi idea es comenzar una gira europea, con el plan de llevarlo a Italia entre agosto y septiembre próximos.

Cuando mi padre se recibió de médico, en 1963, se fue a vivir a un pueblito y un paciente le dijo: “Usted no puede ejercer aquí si no tiene un auto. Aquí tiene el dinero, cómprese uno y, cuando pueda, me lo devuelve”. Se compró una Estanciera, que al tiempo cambió por un Rambler Ambassador.

En 1971, pudo comprar su primer 0km, una Torino Coupé TS. Deliraba con ese auto y cruzaba la Pampa de Achala como en el "Desafío de los Valientes". Luego la familia se agrandó y llegó el primer Grand Routier SE, con palanca al volante. En 1980 llegó el GR, con el que me llevaron a mí y a cada uno de mis hermanos a la Iglesia cuando llegó el día del casamiento de cada uno.

El viejo era tuerca y a los Torino les siguieron tres coupés Fuego. Ya mayor se pasó al Laguna y terminó sus días en un Mégane, sin perder su acento cordobés. Cuando en 1983 me casé, mis padres nos regalaron a mi esposa y a mí un Renault 4L. El viaje de bodas nos llevó desde Santa Fe hasta la Península de Valdéz, y de ahí a la cordillerana Trevelín. Algunas noches nos tocó dormir en el auto. Innumerables viajes de Santa Fe a Córdoba, donde estudié Medicina y los fines de semana a recorrer las Sierras.

Cuando mi hija bebé no podía dormir, había que sacarla a pasear en la Renola. Amé ese auto y todavía lo extraño. Un par de años después de recibirme y, ya con la familia más numerosa, la cambié por un noble Renault 6. Tuve muchos coches de cuatro marcas distintas, pero mi corazón fue siempre Romboidal.

En 2003, pude comprarme un auto dominguero y elegí un Torino GR de 1980. Estaba tan bien conservado y con tan poquito usado que fue seleccionado para la "Caravana" que conmemoró los 50 años de la Fábrica Santa Isabel, la que disfruté acompañado de mi padre. Era lindo asistir a las exhibiciones y a los encuentros, pero yo quería usarlo, y que se distinguiera por algo que muchos pueden hacer, pero pocos lo hacen.

Decidí entonces, en la Semana Santa de 2009, llevarlo al extremo Sur del continente y así llegamos desde Santa Fe hasta la Bahía Lapataia, fin de la RN3. Ahí me propuse llevarlo hasta el otro extremo, la Bahía Prudohe, en Alaska. El 9 de Julio de 2012 agitábamos la celeste y blanca a orillas del Ártico, después de ocho etapas de viaje de entre tres y cuatro semanas cada una.

Mi situación familiar y laboral no me permitía hacer un viaje ininterrumpido, así que el Toro esperaba donde lo dejara a que regresara para continuar. Y así lo hizo a la ida en Brasilia, Recife, Cayenne, Santa Elena de Uairén, Isla Margarita, Panamá, Austin y Fairbanks. El regreso también fue en la misma modalidad, haciendo etapas en Sacramento, Los Ángeles, Playa del Carmen, San José de Costa Rica, Panamá, Guayaquil, Lima y llegamos al puente colgante de Santa Fe en noviembre de 2016, después de haber recorrido 75 mil km y todos los países continentales de las tres Américas (excepto El Salvador), durante aproximadamente 400 días en 16 etapas repartidas en poco más de siete años.

Este Toro es bien rutero, pero lo que más le ha gustado es atravesar puentes. Le encantó cruzar el Golden Gate en San Francisco, el viejo Puente de las Américas en Panamá y también sobre el Canal el moderno Puente Centenario, el JK en Brasilia, un gran puente de hierro sobre el Río Yukón en la Dalton Highway, los ríos Bermejo y Pilcomayo en la RN11, el Paraná entre Resistencia y Corrientes o el puente Ayrton Senna, que cruza el mismo río a la altura de Guaira.

Emocionante el cruce del Puente Orinoquia en Venezuela, el Paraguay frente a Asunción, el Negro, Colorado y Santa Cruz sobre la RN3 y el Uruguay entre Colón y Paysandú. También el Bermejo entre Aguas Blancas/Bermejo. Y cómo olvidar el histórico uente de Boyacá, donde se librara una gran batalla emancipadora en Colombia. Pero si no había puentes, también ha cruzado embarcado en balzas y ferries, como el cruce del Amazonas entre Belem y Macapá, que duró 24 horas, el estrecho de Magallanes, en ambos sentidos, el cruce del San Francisco en Penedo, el cruce del río de la Plata desde Colonia a Buenos Aires, la visita a la Isla Margarita en Venezuela desde Puerto La Cruz. El viaje a la Isla Victoria desde Vancouver en Canadá y desde ella a Port Angels en Estados Unidos.

Los cruces de los ríos Esequivo, Oyapoque y Maroní en las Guyanas, el cruce del lago General Carreras en la balza Pilchero en Chile, el cruce a la Isla de Ometepe en el lago de Nicaragua o el cruce del Mar de Cortez, desde la península de Baja California a Mazatlán en México.

El clímax llegó cuando se embarcó en un Boeing de la empresa Air Cargo Pack en Bogotá para cruzar el Tapón del Darién y aterrizar apenas una hora después en Panamá. El regreso no fue tan glamoroso, ya que volvió encerrado en un contenedor compartido con un Toyota, desde Portobelo a Cartagena, durante tres días, mientras nosotros lo hacíamos en un velero.

En cada etapa conté con muy buenos compañeros de viaje, pero dos etapas las hice solo, una con mi esposa y otra con toda la familia. Este periplo fue absolutamente enriquecedor e inolvidable, a pesar de que he tenido que dejar de lado vivencias y eventos con mis seres queridos y destinado recursos que debían ir a otros objetivos prioritarios, ya que nunca solicité ningún auspicio, colaboración o parcería.

El Toro Salvaje de las Pampas se comportó como lo que es: un digno y orgulloso exponente de nuestra Industria Nacional.

El próximo desafío ya empezó. El Toro cruzó el océano desde Montevideo al Puerto de Hamburgo y aunque la pandemia lo frenó, tenemos las esperanza de que sea sólo temporariamente. Entre los mayores anhelos están visitar el Museo Renault en París y concretar el sueño máximo: girar en el circuito de Nürburgring, donde tres Torinos 380W hicieron la carrera épica que los consagró mundialmente en 1969.

El Torino está actualmente en el garage de una casa de familia, en una localidad pequeña de Alemania, que se llama Brome. Se encuentra a unos 180 kilómetros de Hamburgo y muy cerquita de la central de Volskwagen, que se llama Wolsbourg. Esta buena gente me prestó el garage por cuatro meses y ya se lo he ocupado cerca de 20. Me da vergüenza y pena.

El Toro espera. Brama, brama y espera.

R.T.B.

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La historia del Torino más viajero del mundo (y cómo quedó varado en Alemania)
Raúl Tomás Boetsch y su Torino GR de 1980.

La historia del Torino más viajero del mundo (y cómo quedó varado en Alemania)
Es el Torino más viajero del mundo. Unió Ushuaia con Alaska, de ida y vuelta.

La historia del Torino más viajero del mundo (y cómo quedó varado en Alemania)
En 2019 fue enviado a Alemania, para seguir su viaje por Europa.

La pandemia lo mantiene atrapado desde hace 20 meses en Brome.

La historia del Torino más viajero del mundo (y cómo quedó varado en Alemania)
A la espera de seguir llevando la bandera argentina por todo el mundo.