Texto de Carlos Cristófalo

Jorge Gómez cuenta que, en 2016, venía pensando en comprarse un auto usado. Y un día, en la Estación Retiro, se encontró con un stand que exponía un Fiat. Ahí vendían planes de ahorro, para tentar a los pasajeros de los trenes y colectivos con el sueño de acceder a un 0km.

"En ese momento, el auto valía 200 mil pesos. Me dijeron que tenía que pagar cuatro cuotas, poner 70 mil pesos encima y me entregaban el auto", contó Gómez. Pero eso nunca ocurrió: cuando completó los pagos le dijeron que el auto demoraría entre tres y cuatro meses en llegar. Lo invitaron a seguir pagando cuotas y le informaron sobre los gastos administrativos extra, que también debía abonar.

Como muchas personas que cayeron en la tentación de los planes de ahorro -sin averiguar con anticipación sobre los costos extra y las cláusulas que permiten dilatar la entrega del vehículo- Gómez dejó de pagar.

Las cuatro cuotas abonadas, unos 10 mil pesos, las dio por perdidas.

"Me había olvidado del tema, hasta que el otro día me llamaron del concesionario y me dijeron que fuera a buscar el dinero, que me lo iban a devolver", contó Gómez.

Viajó 40 kilómetros desde la localidad bonaerense de Glew hasta el concesionario Fiat Taraborelli, en la ciudad de Buenos Aires. Pero, cuando llegó al local de Avenida Rivadavia 6150, no le dieron la plata: "Me ofrecieron suscribirme para comenzar a pagar otro auto o esperar otro año, hasta que se terminara el plan. Ahí me agarró un ataque de furia. Estuve 48 horas preso".

Jorge Gómez es la persona que protagoniza el video que se viralizó en las últimas horas (ver abajo). Con una silla, un tótem de metal y a patadas rompió un auto del concesionario Taraborelli. Los empleados del local llamaron a la Policía y Gómez fue detenido. Se le inició una causa penal por daños a la propiedad privada.

En las últimas horas, muchos medios de comunicación bautizaron a Gómez como "Bombita". Es una referencia al personaje de Ricardo Darín, en la película "Relatos Salvajes". "Bombita" era un ingeniero que detonaba con explosivos una playa de acarreo, cansado de que multaran y remolcaran su vehículo, por dejarlo mal estacionado.

Gómez incluso fue tratado como una especie de "héroe anónimo", que toma revancha "contra el sistema".

Aunque resulte obvio, es necesario ponerlo por escrito: romper autos ajenos y dañar la propiedad privada es un delito. Gómez no es anónimo ni tampoco es un héroe. Y, sobre todas las cosas, no es el personaje vengador de una historia de ficción. Hoy ni él se imagina bien cómo terminará su causa penal.

Sin embargo, su caso sirve para recordar que los planes de ahorro, que muchos vendedores deshonesto usan para acorralar a los consumidores incautos, pueden convertirse en una verdadera trampa.

La solución no es salir a romper todo. La solución es evitar, más allá de cualquier tentación, esta modalidad de compra de vehículos. Es un sistema que no existe en países donde hay mayores facilidades de acceso a créditos. En el resto del mundo, los planes de ahorro sólo prosperaron en repúblicas soviéticas: mercados cerrados, sin opciones alternativas, donde se pagaba durante una vida entera para acceder a un vehículo mediocre.

Otro caso histórico famoso: en Alemania aún hoy se recuerda la gran estafa de Adolf Hitler, que convenció a los ahorristas de pagar cuotas por adelantado, con la promesa de un Volkswagen Escarabajo. Los autos nunca se entregaron y el dinero se finalmente utilizó para financiar los proyectos bélicos del nazismo.

En pleno Siglo XXI, la Argentina se mantiene como el caso extraño donde los planes de ahorro aún siguen vigentes. Automotrices como Toyota admiten que tardaron años en convencer a los ejecutivos de la casa matriz de Japón sobre la necesidad de ofrecer esta modalidad tan extraña y arraigada, para poder competir con otras automotrices en el mercado local.

No debe ser fácil explicarle a un japonés que hay gente dispuesta a pagar cuotas durante años, con la esperanza de recibir algún día su anhelado 0km.

Como en las repúblicas soviéticas, el plan de ahorro sobrevive en la Argentina debido a la falta de alternativas accesibles para la mayoría de los consumidores. La financiación convencional es costosa. El leasing es sólo para la minúscula parte de la población que tiene ingresos estables, holgados y en blanco. En ese contexto, el plan de ahorro es siempre una tentación: la suscripción se puede hacer en una estación de tren, sin tantos requisitos como los que exigen los bancos.

A cambio de eso, el riesgo es muy alto. Es un sistema donde la inflación, un mal endémico de la economía argentina, vuelve imprevisible la planificación sobre el aumento de las cuotas a lo largo de los años.

¿Existe entonces alguna otra opción? Sin créditos accesibles y con planes tramposos, la única alternativa más o menos segura para comprar hoy un auto en la Argentina es ahorrando -en cualquier moneda más estable que el peso- hasta poder realizar la operación con pago en efectivo. Y, llegado ese punto, es imprescindible recordar que no es lo mismo llegar a pagar el precio de lista que estar en condiciones de asumir los costos de mantenimiento, los impuestos y los gastos administrativos que acompañan a un 0km.

En la Argentina de hoy, es tan ingenuo creer que todos pueden acceder a un 0km, como lo es pensar que todos los vendedores de concesionarios son honestos.

Por ese motivo, una vez más, Autoblog no recomienda la compra de autos por planes de ahorro.

C.C.

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VIDEO: El hombre que atacó el concesionario Fiat