Todo viaje tiene una historia previa y, por supuesto, este no es la excepción. A pesar de que el GS Trophy comenzó oficialmente para nosotros el 3 de febrero de 2020 y terminó el 17 del mismo mes, cuando abrí la puerta de mi casa para reencontrarme con mi familia, el viaje comenzó mucho antes, cuado ni siquiera sabía que en poco tiempo iba a vivir una de las experiencias más increíbles que la vida me haya puesto en el camino. Y si me limito estríctamente al mundo de las motos, difícilmente vaya a ser superada.

El viaje comenzó allá por septiembre del año pasado, cuando un jueves cualquiera pasadas las 4 de la tarde salí de la oficina a las corridas, pasé por casa y, literal, manoteé una carpa y una bolsa de dormir, me vestí para salir a la ruta y le senté el trasero a una BMW F850GS para llegar a Villa General Belgrano, donde se iba a llevar a cabo la clasificación para el GS Trophy 2020, a la medianoche. No conocía a nadie, no sabía bien cómo iba a ser la competencia, ni nada. Solo tenía como referencia que la edición anterior había sido en Arawak, bajo el diluvio universal, y que había sido durísimo.

Quédense tranquilos que no se los voy a contar de nuevo, aunque creo que podría hacerlo mejor, así que el comienzo de la historia lo pueden leer en esta nota. Pero lo que si les voy a decir, y que es una constante que todos deben experimentar arriba de la moto, es que de esa experiencia me volví a casa habiendo aprendido un montón de cosas y con nuevos amigos. Como siempre, con la moto uno hace amigos. El viaje ya había comenzado, solo que yo no lo sabía.

Lo interesante vino unas semanas después, cuando en el medio de un día normal de trabajo me llamaron de BMW para preguntarme qué tenía que hacer la primera mitad de febrero. Mi respuesta fue inmediata: si lo puedo resolver en casa, supongo que estar en Nueva Zelanda. Obvio que quería decir que sí ahí nomás, pero más vale consensuarlo con la familia, eran muchos días del otro lado del mundo. Muchas millas me estaba gastando de un solo saque.

El primer paso fue ponerme en contacto con los chicos -Diego, Lucas y Agustín- que habían terminado en el podio en la clasificación en Córdoba. Todos nos acordábamos del frío que habíamos pasado durmiendo en carpa en las sierras. Descomunal. Y en pocos días se presentaba la R1250GS en Arawak, así que nos íbamos a reencontrar ya en otras circunstancias y con un viaje a Tandil en proceso de organización para hacer un entrenamiento de equipo antes de que terminara el año. Ah, pequeño detalle. Los chicos fueron a correr como equipo el Motodesafío Mendoza, una carrera espectacular a la que ya le daremos la cobertura que se merece, y se trajeron el primer puesto. Andan bien de verdad, en qué me estoy metiendo pensaba.

#HAYQUEANDARENMOTO rezaba un cartel en Pro Service, el taller de Nico Crocce en Tandil, donde acomodamos todas las motos esos días que fuimos a lo de Agustín. El hashtag me quedó grabado en la cabeza, ese lo hicimos con el Agus me dijo Nico, y  me puse a pensar en mi hija Isabel, en que quiero que sepa andar en moto de chiquita. Si después no le gusta y no quiere andar no importa, pero que sepa andar. Capaz después de grande le pica el bichito de las dos ruedas y la diferencia cuando andás bien en moto es enorme.

Entrené, salí a correr, me llevé una moto de 225 kilos durante diez días a las dunas para soltarme y mejorar. Cuando me quise acordar había dejado a mis mujeres y estaba en un avión con destino a Santiago de Chile para hacer escala ahí y volar a Auckland. El viaje ya había empezado, y no tenía la más mínima idea de lo que me esperaba durante las próximas dos semanas, pero el entusiasmo y las ganas de disfrutar cada segundo eran enormes.

Esperamos que esta experiencia sirva para que cada vez más gente se acerque a las clasificaciones, aún cuando tengan altas sospechas de que sus chances de clasificar sean muy lejanas, sepan que no solo va a ser un gran aprendizaje sino que se van a volver con algo aún más importante: amigos que comparten la misma pasión por la moto que ustedes. Y ganas de seguir andando.

Voy a ser extenso y tratar de cubrir todos los detalles del viaje, por eso lo voy a dividir en secciones al estilo de las críticas de Autoblog. De paso, si ven alguna que no los entretiene tanto la pueden saltear. Es muy probable que esta sea la única vez en mi vida que escriba sobre esta competencia, al menos como una experiencia en primera persona, así que quiero poder contarles todo. Durante 14 días recorrimos ambas islas de Nueva Zelanda de norte a sur durmiendo en carpa, por todo tipo de caminos y paisajes, principalmente off-road. Esto fue el International GS Trophy 2020 y así lo vivió Motoblog desde adentro.

PREPARATIVOS FINALES Y VUELOS

La última semana antes de partir fue a las corridas, puesto que yo viajaba tres días antes que el equipo, y a eso hay que sumarle la diferencia de 16 hs. con Nueva Zelanda, que no cambian nada pero cambian todo. No se si soy claro. Te perdés en el tiempo y si llegaba a necesitar algo de acá de parte de ellos que viajaban después no era tan simple, los chicos venían directamente de otros lugares del país a tomar el vuelo y tenían sus propias urgencias. Lo último que hice fue repartir los cascos Just1 J32 que gentilmente nos cedió Motologik y, como sabíamos que los últimos días del Trophy íbamos a andar por lugares de altura y frío, quedaron pendientes de retirar unas balaclavas Rev'it. Decisiones de último minuto.

Pasó el fin de semana, obviamente aproveché para estar todo el tiempo con mi familia, a la que iba a dejar por dos semanas, y cuando me quise acordar, ya estaba camino a Ezeiza rumbo a un evento totalmente desconocido. No tenía idea de nada. Lo único que sabía era que me tenía que subir a un avión, hacer escala en Santiago de Chile, donde me reuniría con otros dos periodistas de Chile y México, y de allí seguir para Auckland, donde ya quedaríamos en manos de BMW por completo.

No hemos hecho muchos viajes al exterior todavía con Motoblog. Dos y medio les diría, porque el último que hizo Max por Europa fueron sus vacaciones y lo organizó por completo él, obviamente con el beneficio de poder contar con una moto para recorrer más de 5 mil kilómetros por el viejo continente. Los otros dos viajes si fueron estríctamente relacionados con Motoblog y organizados completamente por las marcas.

Dependiendo de la marca que te invite, cada una maneja distinto tipo de estándares. Hasta ahora venimos con un 100% de efectividad, ya que tanto Royal Enfield como BMW, cuando invitan sus casas matrices, tienen como norma que los periodistas viajan en clase ejecutiva, premium o business, como quieran llamarle. Y la verdad es que eso cambia por completo la experiencia del viaje, sobre todo cuando son viajes largos o con escalas.

En este caso me tocó de ida 2 horas de vuelo, 4 horas de espera en Santiago de Chile y 12 horas más de vuelo a la ciudad más importante de Nueva Zelanda. El viaje de vuelta era bastante mejor, porque si bien tenía el tramo obligado de Queenstown, donde terminó la competencia, a Auckland, el vuelo a Argentina era de 10,5 horas y sin escalas hasta Ezeiza.

Y la verdad es que es una experiencia totalmente diferente a lo normal. Porque una vez que se hace migraciones en el Aeropuerto, que por suerte es igual para todos y ha mejorado enormemente en el nuestro, al menos para los argentinos, uno puede esperar el vuelo en alguna sala VIP con internet, comida de todo tipo, bebidas, si la escala es larga hasta se puede dormir una siesta y bañarse. Y durante el vuelo se puede dormir de verdad, casi como en la cama de tu casa. Y digo casi para mi, que con mi 1,93 mts de altura me sobran unos cms para hacerlo completamente estirado. O al menos así fue hasta que llegó el vuelo de regreso.

Y para el vuelo de regreso, párrafo aparte. Durante los últimos 15 años he tenido la suerte de viajar bastante, tirando a mucho en ocasiones. Alguna veces por vacaciones y muchas por trabajo. Si bien no siempre me tocó viajar en business, me ha tocado en más de una ocasión. A veces porque algún trabajo me pagó el pasaje, otras de pura suerte o algún upgrade que pude conseguir. Nunca, pero nunca, en mi vida tuve una atención como la que me brindó Air New Zealand en el vuelo de regreso a Buenos Aires.

Atención excepcional, comidas increíbles y, la frutilla del postre, a la hora de dormir vino Penélope, la azafata a cargo, y me pidió que me levantara del asiento para hacerme la cama. Yo pensé que iba a reclinar el asiento, como había visto hasta ahora,  y después iba a poner alguna manta, pero no. Hizo unos pases de magia, dio vuelta el asiento 180? y de repente me encontré durmiendo boca abajo, totalmente estirado a 40.000 pies de altura. Una locura. Va a ser difícil volver al 194 Plus después de esto.

Lo cierto es que este tipo de trato hace que uno pueda llegar a destino bien descansado y listo para bancarse la que venga. Y en este caso me esperaban 12 días de carpa. Ni una noche de hotel.

LLEGADA A NUEVA ZELANDA Y RECEPCIÓN

La llegada fue impecable. Si bien tardamos bastante en pasar migraciones y aduana en un país que cuida sus recursos naturales como nadie en este mundo, y ahora con la amenaza del Coronavirus ni les cuento, apenas terminamos con esos trámites y ya en compañía de Felipe Horta, de Chile, Erick Llamas, de México y Cleuci Trinity Ronzella, de Brasil,  nos subimos a una van que nos llevaría al campamento base, en las cercanías de Rotorua a unas 3,5 horas de viaje. A pesar de estar bien descansados, el cambio de horario fue brusco. Me subí a un avión un lunes a las 3 de la tarde y ya era miércoles 8 de la mañana y todavía tenía un rato hasta llegar a ni idea donde me están llevando. Así que aproveché para descansar un poco más.

El paisaje se pone interesante muy rápido en Nueva Zelanda. Me queda la sensación de que tienen el NOA, el NEA, Cuyo, Córdoba, Tandil y la Patagonia cerca. Todo bien juntito. Sin tener que recorrer miles de kilómetros como acá para llegar a terrenos con montañas y llenos de curvas. Nos esperaban días entretenidos en las tierras de J.R.R Tolkien. Y así fue como llegamos al Lake's Lodge en Lake Okataina, donde BMW montó la base de operaciones para los próximos 5 días en los que periodistas y pilotos de todos lados del mundo llegarían para formar parte del International GS Trophy 2020.

Y los alemanes no desaprovecharon la oportunidad para mostrar por qué son impecables con la logística, la organización y la puntualidad. No terminé de bajar de la van que ya le estaba dando la mano a Tim Diehl-Thiele, director de comunicación de BMW Motorrad, con quien había estado intercambiando información por mail desde octubre de 2019, y quién vino a recibirme para darme una cálida bienvenida.

Y mientras conversábamos un poco me dejó en manos de Sabrina, a cargo de IT, quién me dió una SIM local para que tenga datos en el teléfono y un número para que me puedan localizar, powerbanks para cargar los dispositivos móviles en la carpa, algunos formularios que había que firmar, configuramos wi-fi, etc. y al rato quedé nuevamente en manos de Tim, para finalmente hacerme del bolso y el Rallye Suit de BMW que no pudimos recibir en Argentina por cuestiones aduaneras históricas. Sin darme cuenta estaba sobre un pasto súmamente verde y prolijo armando Chateaux Motoblog, que no es otra cosa que la carpa que sería mi domicilio durante los próximos 12 días.

EL EQUIPAMIENTO

Además del beneficio de participar de un evento único en el mundo, con gente de más de cuarenta nacionalidades diferentes, los participantes se hacen acreedores de algo que con los chicos del equipo denominamos el bolso de la felicidad. Algo que el dinero no puede comprar y para lo que tampoco existe Mastercard, al menos para esta edición limitada exclusiva para quienes participan del International GS Trophy.

Dentro del mismo está el Rallye Suit de BMW Motorrad, a medida de cada piloto, con el nombre, el grupo sanguíneo y la banderita indicando la nacionalidad de cada participante. Obviamente bordado con el logo del evento y todos los sponsors involucrados. A eso se le suman dos juegos térmicos de pies a cabeza, dos juegos de camelback, un chaleco interno con protecciones para pecho y espalda, antiparras, remeras, gorra, gorrito, buzo, impermeable, linterna, guantes BMW Motorrad GS, protector de cuello Leatt, carpa, bolsa de dormir, el thermarest y el bolso y la mochila que contenían todo de Lowe Alpine.

Teniendo en cuenta que en Argentina todo cuesta el doble, el valor de lo que cada competidor recibe en su bolso de la felicidad, puesto en nuestro mercado costaría entre USD 5.000 y 7.000 oficiales. Para los pilotos es parte del premio, para los MRP  -o Media Responsible Person-, es decir yo, hay que comprarlo, pero por un precio que no supera el 10% de lo que mencioné arriba. Obviamente me lo traje. No se cuantas veces voy a poder usarlo, pero era un crimen no traerlo.

El casco y las botas fue lo único que BMW Motorrad no se encargó de proporcionar. Por suerte contamos con el apoyo de Motologik con los cascos y de Pro Skin, que me dio una mano enorme para calzarme una de las mejores botas que hay en el mundo, las Sidi Crossfire 3. Así que me fui equipado hasta las tabas. Y eso no iba a ser un tema menor.

Lo que sí puedo decir una vez terminada la experiencia, es que llevé ropa de más. Por un lado porque, como en los viajes de La Chata Solidaria, me gusta la experiencia de andar mugriento en este tipo de viajes, aunque me bañé religiosamente todas las noches e hice laundry un par de veces, y por otro lado porque el bolso que nos dieron tenía prácticamente todo.

Eso sí, cuando regresé a casa advertí a todos que lo que había dentro de mi equipaje era radiactivo.

INTRODUCCIÓN AL GS TROPHY

El hecho de que todos los periodistas -o pseudoperiodistas en mi caso- llegaran a Nueva Zelanda unos días antes que los pilotos fue algo muy positivo. Está más que claro que los ganadores de las distintas clasificaciones que se hicieron alrededor del globo son personas muy experimentadas arriba de la moto y sin tanta necesidad de adaptación al terreno, pero en el caso de los media riders si bien BMW Motorrad recomienda un nivel avanzado de manejo, no necesariamente todos pasaron por un tamiz que garantice que sepan andar en moto.

Hay de todo en el revoleo de los periodistas. Desde un entusiasta como yo hasta ex campeones del GS Trophy, como Byron Coetsee de Sudáfrica, o ex corredores de MotoGP y MX como el pelado Felipe Horta, de Chile. O el caso de Dimitrios Tournas, griego-americano, que siempre estuvo a un pelín de clasificar en la quali de Estados Unidos y se ganó la invitación como media por parte de BMW Motorrad USA.

Así los días previos a la llegada de los 23 equipos -22 en realidad, por la exclusión de China- fueron una buena prueba para probarse la moto y empezar a tener una idea de lo que los más de 2.500 kilómetros a lo largo de las dos islas de Nueva Zelanda nos ofrecerían. Y ahí descubrí la primera constante que el terreno iba a presentar en forma diaria: el ripio más suelto que se puedan imaginar, casi canicas,  con curvas para todos lados, en subida y en bajada, con precipicio, sobre calles muy abovedadas y con el agregado de que había que conducir a la izquierda de la izquierda, porque nunca se sabe cuando puede venir alguien de frente.

En el medio de la nada te puede aparecer otra moto, un auto, un UTV, un camión o hasta el cartero. Fue una recomendación que la organización no se cansó de repetir: left left. La dificultad no era tanta en las curvas a la izquierda, porque uno las tomaba por el lado interno y con el peralte a favor, pero si con la curva hacia la derecha, sobre todo en bajada, donde el peralte era invertido y en la mayoría de los casos presentaba un hermoso precipicio a escasos metros. De todos los colores: con caída libre, con árboles que podían o no atraparte, con cascadas, con piedras o con algún río, pero lo suficientemente largos como para lastimarse feo o peor.

Así que iba a tener que estar muy atento los días que venían, porque además el ritmo de manejo iba a ser aún mayor que el de la introducción. Imagínense formar parte de un pelotón de 9 pilotos, donde uno es un instructor certificado por BMW y los otros siete son pilotos de algo, obviamente iban a andar rápido. Yo ya había visto como andaban los chicos del Team Argentina cuando fui a Tandil. Sabía lo que me esperaba.

Más allá de eso, fueron dos días lindísimos de disfrutar de un terreno complicado pero espectacular, y lo coronamos con un single track a través de un bosque tremendo, pasando por debajo de troncos y saltando raíces de árboles enormes. Todo sirvió para ir soltándome un poco más. Y a BMW le sirvió para darse cuenta que todo el mundo podía andar en moto. Parece que en ediciones anteriores hubo gente que no llegó a salir con la moto del estacionamiento, así que estaban muy contentos con el nivel de esta edición.

LA LLEGADA DEL EQUIPO ARGENTINO

Todos los equipos llegaron el mismo día, entre ellos el argentino. De repente, luego de estar conociendo gente nueva constantemente entre los que pertenecían a la organización, los marshalls, sponsors y los media de todo el mundo, finalmente se daba el reencuentro con Diego Noras, Lucas Estuardo y Agustín Salanueva. Después de más de 4 meses desde que nos vimos en la clasificación en Villa General Belgrano, de manijearnos interminablemente con el viaje, las veces que nos vimos y a través del chat de Whatsapp, finalmente la aventura iba a comenzar.

Así que los recibí y les dí una mano con algunas cosas durante todo el proceso de acreditación, por llamarlo de alguna manera, y mudé Chateaux Motoblog a otro lugar para que pudiéramos estar los 4 juntos . Un poco el rol del MRP es, además de cubrir el evento, hacer de embajador del equipo y acompañarlos en la llegada. En algunos casos, ninguno de los participantes hablaba inglés, así que el rol del periodista era aún más importante.

La primera tarde de ellos fue igual que la mía, una vez que terminaban con todos los trámites y la recepción de sus bolsos y el armado de las carpas, quedaba la tarde libre para disfrutar del Lago Okataina, con una temperatura de agua ideal, la comida de la noche y a descansar, que el día siguiente iba a ser una maratón de eventos previos a la ceremonia de apertura y la inauguración de la competencia.

La mañana siguiente fue una demostración de organización por parte de los alemanes, luego del desayuno, muy temprano, llegó el desayuno y enseguida la entrega de las motos a cada participante y la charla con Christian Preining, quien sería nuestro marshall el primer día de competencia, junto al equipo Australiano -las primeras salidas fueron por orden alfabético-. En la entrega de la moto además estaban los mecánicos disponibles para hacer ajustes para cada piloto de su unidad e incluso, de ser necesario, cambiar el asiento por uno más bajo. Después de eso vinieron charlas con médicos, regulación del neckbrace a cargo de Leatt, instalación del sistema de intercomunicadores a cargo de Sena, filmación de videos de presentación del equipo y más.

Entrada la tardecita hubo una ceremonia muy linda, y a la vez sencilla, frente al lago. Un grupo de Maoríes interpretó canciones típicas y nos educó un poco repasando su historia y tradiciones. También hizo participar a las mujeres participantes del certamen y finalizó con todos improvisando el esperado haka. Las banderas de todos los países participantes flameaban en un atardecer impecable mientras todos nos mirábamos las caras como tratando de entender que lo que estábamos viviendo era verdad. Todas las motos ya habían quedado formadas para la largada del primer día. Argentina salía con Australia a las 7 en punto. El International GS Trophy ya había comenzado.

LA COMPETENCIA, EL VIAJE Y LA CONVIVENCIA

Quizás esto sea lo más difícil de describir con palabras. Motoblog acaba de cumplir 3 años, ni en mis sueños más ambiciosos me imaginaba vivir algo así en tan poco tiempo. Todavía no lo puedo creer. Viajar a un lugar del mundo como Nueva Zelanda para participar de una competencia en moto organizada por BMW Motorrad con el equipo argentino, llegar y que te esté esperando una moto con tu nombre y la bandera de tu país, la ropa con tu nombre y el talle a medida. Hacer kilómetros y kilómetros de off-road de la mano de tipos que andan muy bien y muy fuerte en moto. Desde que son chiquitos que andan en moto, a otro nivel. Y vos ahí, que no lo podes creer, que no te entra en la cabeza estar ahí.

La competencia es una anécdota al lado del viaje. Y también fue una sorpresa. Creo que los chicos fueron mentalizados y preparados para pruebas de enduro extremo y se encontraron con algo totalmente distinto. Entrenaron para hacer lo que hicieron en Córdoba multiplicado por diez, en cantidad y dificultad, y de repente se encontraron haciendo pruebas para las que no se habían preparado ni se imaginaban que iban a tener. Y también faltó un poquito de tranquilidad, de pensar más en equipo antes de iniciar cada especial, quizás en ese aspecto yo tendría que haber ayudado más a que se relajen y disfruten de lo que les estaba pasando. Que les importe menos el resultado y se soltaran más. Pero no era fácil, el marshal de la prueba te tiraba las instrucciones y enseguida te estaban apurando para que empieces.

La primera prueba la hicieron fenómeno, era un circuito con puertas y un doble cruce de río lleno de piedras y muy suelto. Tenían que hacerla los tres, cuando el primero llegaba a la meta salía el segundo y así. Arrancaron los Australianos porque iban adelante, los nervios se empezaron a sentir cuando vimos que los aussies se cayeron varias veces en el agua o se les atascó la moto. La 850GS en Enduro Pro con el sistema Akrapovi? quedó bastante más violenta de abajo de lo que todos conocíamos. Pero los chicos andan bien en moto, y ver que los primeros habían acelerado de más los hizo tener más cuidado. Apoyaron alguna que otra vez los pies pero no se cayeron, no pifiaron ninguna puerta y lo hicieron rápido. Se fueron con el ánimo arriba.

Después vinieron pruebas de moto y otras que no tanto. Muchas de ellas relacionadas con los sponsors de la competencia, en las  que tuvieron que inventar un poco para hacerlas cuadrar.

La prueba de Sena comprendía ponerle una antiparra ciega al piloto y que luego, desde una zona pintada, otro compañero lo vaya guiando con instrucciones a través del intercom -el nuevo 50R que fuimos los primeros en el mundo en probar, ampliaremos- para que pasara entre puertas armadas con conos, el piloto obvio podía llevar los pies apoyados en el piso.

La prueba de Leatt era directamente sin la moto, y armaron una especie de Sapo en una playa increíble al lado de la rompiente, con los protectores de cuello y los participantes tenían que embocar sus guantes en un día con bastante viento. El truco estaba en que podías meterle piedras a los guantes para que el viento molestara menos, pero eso lo supimos después. Había que estar pillo. 

La de Emirates era una prueba de enduro que los muchachos hicieron rapidísimo, pero en el medio había un boleto de avión con información a memorizar que tenían que darle al marshall al finalizar, y la velocidad y la capacidad de memorizar quizás no sean los mejores aliados.

En el desafío de Metzeler, que consistía en sacar la rueda trasera de la moto, dar una vuelta alrededor de la moto con la misma y volver a colocarla, estuvieron a punto de romper el récord intergaláctico, en menos de 45 segundos ya estaban por pasar el eje nuevamente para poner la rueda y se les desacomodó una pastilla de freno. Y ahí vino la hecatombe, de todas formas lo acomodaron bastante bien.

En fin, el GS Trophy no lo gana el que mejor anda en moto, hay muchas cosas que no tienen nada que  ver con la moto, como correr y meterse adentro de una carpa y una bolsa de dormir, y salir de esta y dejar la bolsa acomodada en el menor tiempo posible. También hubo un exámen escrito el día que cruzamos de isla en el ferry, sobre los 40 años de GS, que se cumplen este año.

El equipo argentino logró un muy buen décimo puesto, y de la misma forma podría haber terminado entre los primeros cinco, la diferencias de puntos no fueron enormes. Pero de todas formas, el resultado es anecdótico, por más que los muchachos fueron a competir y querían ganar. La verdadera victoria fue el viaje, la experiencia, el hecho de conocer la gente que conocimos, todos en ese lugar por la pasión que los mueve por las motos.

El viaje sinceramente fue sublime. Más de 2.500 kilómetros desde Rotorua, donde inició el recorrido, hasta Queenstown, en el sur de la isla idem. De nadar en el Lakes Lodge donde fuimos recibidos a las playas de Napiers, Castlepoint y Westport. De no poder creer los lugares por donde anduvimos. Ripio, arena, barro, caminos de piedra e incontables cruces de ríos. Y cuando volvíamos al asfalto mantener la sonrisa porque las curvas eran una mejor que la otra, y todas juntas. Como para dejar las cubiertas bien redonditas.

Párrafo aparte para las cubiertas Metzeler Karoo 3, que tuvieron un muy bien comportamiento en off-road, para lo que fueron pensadas, pero que realmente sorprendieron en las curvas de la ruta con un agarre excepcional y sin transmitir vibraciones o zumbidos propios de una cubierta de tacos. Realmente recomendable para todo aquel que se compre una moto para viajar y poder encarar todo tipo de caminos.

Realmente para mí la mayor dificultad estuvo en el recorrido y a eso sumado el ritmo de manejo. Siempre se viajó a velocidades legales mientras circulamos por caminos, 100 km/h en la ruta y 50 km/h en las zonas urbanas, por un lado porque las multas son fuertes y por el otro porque muchas veces el camino es tan trabado que no se puede ir mucho más rápido. Hay curvas que realmente son muy cerradas y hay que tomarlas muy despacio. Pero cuando el camino se terminaba y empezaba el off-road, el ritmo lo ponían los pilotos, y yo ahí en el entrevero, tratando de seguir el ritmo.

Los primeros dos días estuve manejando muy por encima de mis capacidades arriba de la moto, bastante tenso y pensando todo el tiempo ¿cuándo me la voy a pegar?. Ripio muy suelto, peralte invertido, precipicio de acá y de allá. Lo disfruté, pero por momentos la idea de ¿quién me mandó a venir acá? se me cruzó. El primer palo vino rápido y por suerte no paso nada, pero al precipicio lo vi muy de cerca. Según algunos en el intercom se escuchó ay, ay, ay antes de irme al piso.

Lo importante es que tuve la fortuna de viajar con tres tremendos pilotos y excelentes amigos, porque hasta se tomaron el trabajo de ir enseñándome durante el viaje. Primero fue Agustín -Chiche-, que se puso atrás mío ese mismo día y me fue cambiando la postura en las curvas, la posición de las piernas, de los brazos y hasta de las manos y me hizo entrar en ritmo. También me advirtió sobre el exceso de confianza una vez que empezamos a andar rápido, y tuvo razón, porque el segundo golpe vino de la mano de entrar a una curva pasado de velocidad. Lucas y Diego también me dieron buenos consejos en las trepadas de las piedras, y las bajadas con mucha pendiente que nos esperaban del otro lado.

En fin, conforme pasaron los días el viaje se fue poniendo cada vez mejor y mi ritmo sobre la moto también. Mi máquina terminó con algún que otro raspón, pero los dos llegamos al destino final sin ningún tipo de avería. Es más, con el correr de los días y todo el polvo que volaba y se iba metiendo por todos lados, el botón de arranque se fue poniendo más y más duro. Al punto que me dolía tanto el pulgar de hacer fuerza que ya la apagaba directamente largando el embrague de golpe y la prendía con el puño cerrado. Hasta que el último día en uno de los cruces de río la GS se me cayó y quedó totalmente bajo el agua unos segundos. La levanté bastante rápido y sin darme cuenta la puse en marcha con una suave presión con el dedo. El agua se había encargado de hacer su trabajo de limpieza.

Por el lado de la convivencia, también fue una experiencia inigualable. Es difícil acordarse los nombres de 200 personas que te las presentan de golpe. Pero 12 días, con desayunos, almuerzos, cenas y alternando cada día el equipo con el que se se viaja hacen que el último día no llames a todos por su nombre, pero si a una gran mayoría. Desde los pilotos, el resto de los periodistas, los marshalls y la gente de la organización hasta Christian Pingitzer, quién está al frente del desarrollo de producto de la compañía, y el mismísmo Markus Schramm, CEO de BMW Motorrad, a quién crucé en la fila del aeropuerto el día de regreso usando el cuellito que le obsequiamos del equipo argentino.

Sin dudas de casi todos los participantes del evento me traje algún recuerdo o alguna anécdota. Con muchos quedé en contacto por teléfono. Y la tecnología de hoy hace que estemos más conectados que nunca. Y por suerte con todos estos amigos que están alrededor del globo a través de Whatsapp o las redes sociales no nos contagiamos de nada, más que de risas y buenos momentos. Y cuando el mundo reabra sus puertas, post Coronavirus, volveremos a tener una casa en cada uno de estos lugares. Porque así es como funciona el mundo de las dos ruedas.  Nos han invitado a Australia, a Sudáfrica, a Malasia, a Corea del Sur, a Noruega, a Chile, a Colombia, a México y la lista es interminable. Y  probablemente empecemos por las que tenemos acá en Mendoza, Esquel y Tandil -guiño, guiño-.

CONCLUSIÓN

El viaje es tan de otra galaxia que de la moto ni hablamos. Si, la F850GS edición limitada del GS Trophy 2020, con su escape Akrapovi?, sus cubiertas Metzeler, su parabrisas regulable y sus protecciones y faros auxiliares quedaron en segundo plano. No porque no sea una buena moto, todo lo contrario. Es excelente y estuvo preparada para hacernos disfrutar del viaje de una forma inigualable. Mejoró mucho el rendimiento de la moto en baja con el sistema de escape, algo que se le podía criticar a la versión standard. Y en el escenario en el que la usamos pudimos experimentar en primera persona lo que la moto es capaz de hacer.

Unidades cero kilómetro se comieron el peor ablande de sus vidas, a fondo y respirando toneladas de polvo todos los días -porque prácticamente no llovió-. Solo recibieron un cambio de aceite y filtro a mitad de viaje y una reguladita de cadena. Salvo algunas unidades que sufrieron accidentes  -dos para ser más precisos- y quedaron fuera de competencia, todos los pilotos llegaron a la prueba final, arriba del Coronet Peak, andando en su moto. Sobre más de 140 motos muy maltratadas durante 8 días, apenas algunas pinchaduras y una cadena a la que se le montó una piedra y se cortó. Notable.

Es difícil describirles todo lo que pasó durante todos esos días. Los lugares por los que anduvimos. La dificultad del terreno y del recorrido. Si bien era difícil, creo que el mayor peligro era, al ritmo al que anduvimos, distraerse admirando el paisaje y comerse alguna curva y su correspondiente salto al vacío. Los días fueron largos, muy largos. 360-400 kilómetros por día para las distancias a las que estamos acostumbrados en este país puede parecer poco, pero cuando el terreno presenta piedras sueltas y en punta del tamaño de pelotas de fútbol y pendientes que cuesta subir hasta caminando, el cuerpo te lo hace notar. Sobre todo después de dormir 12 días en carpa, armando y desarmando todos los días.

Los chicos se preguntaron todos cómo podía hacer para comer la cantidad que estaba comiendo y no engordar. Y volví a casa con casi cuatro kilos menos. El último día, cuando me bajé de la moto, me di cuenta que no estaba para hacer un kilómetro más por unos días. Me dolía todo y los últimos kilómetros tenía los brazos totalmente fatigados. Ya no sabía cómo acomodarme en la moto. Quedamos molidos, desmaiados. Pero difícilmente nos olvidemos de este verano en Nueva Zelanda. Va a quedar grabado en nuestra memoria para siempre.

A Agustín, Lucas y Diego, un gracias enorme. Ustedes hicieron que esta experiencia sea aún más grande. Desde el primer día me recibieron con los brazos abiertos, me tuvieron paciencia infinita y me enseñaron a andar en moto a un nivel muy superior al que tenía antes de conocerlos. Pero además fueron unos compañeros de la hostia. No hubo un momento de tensión, fuimos un verdadero equipo durante todo el viaje y, lo más importante, quedamos amigos para toda la vida. Ha sido un verdadero placer acompañarlos, disfrutar de verlos andar en moto como lo hacen, aprender de ustedes y ayudarlos en lo que he podido. Espero verlos muy seguido en Motoblog, para no ser el único privilegiado.

Y a los que están leyendo hasta acá, si no se aburrieron antes. Primero perdón por lo extensa de la nota. Segundo, espero que las fotos y el video resumen oficial de BMW les permita tener una idea de lo que ha sido esta experiencia. Luego saldrá un video con testimonios del equipo. Y tercero, y más importante, en 2021 vuelve a haber una clasificación para el GS Trophy 2022, que no tenemos idea donde será. Si tienen la más mínima posibilidad de participar, no dejen de hacerlo.

Hay muchísimos usuarios, hombres y mujeres, de BMW GS que no tienen la más mínima idea de lo que tienen entre las piernas -me refiero a cuando andan en moto-. Además pueden participar con cualquier GS de cualquier época, a excepción de la G310 y la RnineT Urban GS. No es estríctamente para propietarios de BMW, o al menos así fue acá en Argentina, pueden ir con la moto de un amigo -si se las presta- o hasta pueden alquilar una por dos o tres días para participar. Hay muchos lugares donde pueden hacerlo, y si no conocen ninguno pregunten, que acá les vamos a responder.

Las motos no se rompen por participar, no se anda fuerte en la clasificación, es mucho más de destreza, control y precisión que de velocidad. Además todo el mundo les saca los espejos, parabrisas y demás partes que puedan dañarse. Es en un lugar cerrado, con toda la seguridad y asistencia del mundo. Así estén a años luz de tener probabilidades de clasificar, van a volver mejores a sus casas. Van a regresar con nuevos amigos. Van a ver lo que seres humanos que andan realmente bien en moto son capaces de hacer con la R1200 que ustedes no se animan a sacar a la calle cuando llovizna un poco. Van a aprender un montón, de los que andan mejor, de los que ayudan en la organización y de ustedes mismos.

Y por sobre todas las cosas, van a volver a sus casas con ganas de más.

BMW Motorrad destina prácticamente la totalidad del presupuesto de marketing de su línea Gelande-Strasse a este GS Trophy. Son varios millones. Obvio que el objetivo es vender más, está en la naturaleza del negocio. Pero al mismo tiempo le da la posibilidad a un montón de personas alrededor del globo, no solo las que llegan a clasificar, de ser parte de una experiencia espectacular.  Ojalá muchas más marcas se embarquen en eventos como este. Al fin y al cabo, se trata de que cada vez más gente se suba a las dos ruedas y de que quieran mejorar cada vez más.

A mí, afortunadamente, me tocó ser parte del GS Trophy y, si bien mi deseo es imposible que se cumpla, es una experiencia que todos deberían vivir una vez en la vida.

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Galería: El GS Trophy de BMW: Una experiencia que todos deberían vivir una vez en la vida