Como si fuera el Día de la Marmota, donde la historia se reitera una y otra vez, las automotrices del Mercosur pusieron una vez en marcha un lobby para postergar la implementación del control de estabilidad (ESP) obligatorio en todos los vehículos vendidos en la región. Esta medida debería haber comenzado a regir en enero de 2020, pero la presión que ejercieron las marcas sobre los gobiernos de Argentina y Brasil consiguieron postergarla hasta enero de 2022.

En el caso de la Argentina, fueron once las terminales automotrices las que convencieron al entonces presidente Mauricio Macri de tomar esta decisión (ver marcas implicadas).

Desde enero de 2020, rige la obligatoriedad del ESP sólo para los nuevos modelos lanzados a la venta, pero el resto de los 0km presentados con anterioridad a esa fecha pueden seguir comercializándose sin este dispositivo de seguridad vital. Ahora las automotrices quieren volver a correr dos años el plazo de la obligatoriedad para todos los modelos 0km.

Este nuevo lobby lo pusieron en marcha las automotrices radicadas en Brasil agrupadas en Anfavea. Es la entidad industrial de mayor peso en nuestra región, porque gran parte de los vehículos que producen se venden también en Argentina, Uruguay, Paraguay y otros países vecinos.

Luiz Carlos Moraes, presidente de Anfavea (foto de arriba), aseguró en una entrevista con el sitio brasileño AutosSegredos: “No estamos en contra de la reglamentación de las metas y límites para ítems de seguridad, eficiencia y emisiones. Estamos a favor de un vehículo más limpio y seguro. Pero la cuestión es: ¿somos capaces de hacer eso ahora? ¿Tenemos la receta para hacer eso?”

Según Anfavea, la culpa es de la pandemia del Coronavirus. Las ventas de autos se desplomaron en toda la región por la crisis del Covid-19 y las fábrica tuvieron perjuicios financieros al permanecer cerradas y en cuarentena.

“El momento actual exige que se estudien alternativas para la supervivencia de la industria automotriz”, agregó Moraes.

El responsable de Anfavea no mencionó cuáles serían los nuevos plazos que necesitaría la industria automotriz regional para evitar sucumbir ante la implementación de un dispositivo que, según los organismos de seguridad, tiene un costo menor a 60 dólares por auto.

El ESP es un dispositivo de seguridad que ayuda a que el conductor mantenga el control sobre el vehículo incluso ante maniobras bruscas o de emergencia. También reduce la posibilidad de trompos o derrapes sobre superficies resbaladizas.

El ESP se introdujo en la industria automotriz por primera vez en 1995 y ya es obligatorio en casi todo el mundo. El primer modelo en equiparlo fue el Mercedes-Benz Clase S. Paradoja local: además de ser el titular de Anfavea, Luiz Carlos Moraes también es presidente de Mercedes-Benz Brasil.

Algunos de los modelos fabricados en el Mercosur que aún no ofrecen ESP de serie son los siguientes: Chevrolet Joy, Citroën Berlingo, Citroën C3, Citroën C3 Aircross, Fiat Mobi, Fiat Strada I, Honda WR-V, Nissan March, Nissan Versa II, Peugeot Partner, Renault Kwid, Renault Duster Oroch, Volkswagen Gol, Volkswagen Saveiro, Volkswagen Up!, Volkswagen Voyage.

El mes pasado, Autoblog entrevistó al nuevo director de la Agencia Nacional de Seguridad Vial. Pablo Martínez Carignano criticó la decisión del Gobierno anterior al haber postergado el ESP obligatorio, pero no mostró interés en corregir esa decisión (leer nota).

No hay dudas: en el Día de la Marmota del ESP, la marmota siempre resulta ser el consumidor.

C.C.

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Martínez Carignano: “Queremos reducir la brecha de seguridad entre los vehículos argentinos y los europeos”
El calendario de implementación de dispositivos de seguridad acordado por las automotrices y el Gobierno para la Argentina. La última modificación, tras un lobby de Adefa, se hizo en diciembre de 2017. ¿Volverá a cambiar?