Ayer se anunció que, después de 39 años en la compañía, Gabriel López decidió retirarse como presidente de Ford Argentina. A partir de julio, su lugar en el cargo será ocupado por Martín Galdeano (ver comunicado abajo). Además de su puesto al frente de la filial local, López también era presidente de Adefa, la asociación de fabricantes de autos de Argentina. Galdeano no heredará ese cargo.

López estuvo al frente de Adefa durante un período y medio, ya que asumió en medio de una de las mayores crisis internas de esa entidad.

La tradición de Adefa era alternar la presidencia siguiendo el orden alfabético del nombre de cada automotriz. Por eso, en octubre de 2018, se esperaba que Toyota tomara el volante de esa asociación.

Sin embargo, un grupo de marcas decidieron realizar una votación y nombraron en su lugar al entonces presidente de Volkswagen, Hernán Vázquez. Aunque duró poco. Unos meses después, Vázquez se alejó de la automotriz alemana y la presidencia de Adefa volvió a quedar vacante. Ese tampoco fue el momento de Toyota: el sillón fue para Gabriel López de Ford, quien ocupará el cargo hasta el próximo 1° de julio.

La jugada que le sacó el lugar a Toyota generó una crisis interna en esa entidad. Daniel Herrero, presidente de Toyota Argentina, cuestionó a sus pares de otras marcas: “Tenemos una filosofía de negocios diferente”, aseguró y dejó su silla vacía durante algunos encuentros de Adefa (ver nota).

Hoy la situación es muy diferente. Ayer trascendió que Daniel Herrero ocupará el lugar de López al frente de la misma entidad que hace dos años cuestionó. Lo hará de manera interina, a partir de julio, pero con grandes chances de ser reconfirmado a fin de año, cuando se complete el mandato de las actuales autoridades.

Es un momento histórico diferente para Adefa. Pero también para Herrero, Toyota y toda la Argentina. El actual presidente de la Nación, Alberto Fernández, es un devoto fanático de la marca japonesa. Y no lo oculta: “Yo uso Toyota, soy un cliente que valora mucho la marca. Me deben estar odiando todas las demás marcas”, dijo la semana pasada al visitar la fábrica de la Hilux en Zárate (ver nota).

Pero a Fernández no sólo le gustan los autos de la marca japonesa. También se siente identificado con su filosofía de trabajo en la Argentina: “Es la mosca blanca”, la bautizó en enero de 2020. Y así dejó implícito que las otras automotrices argentinas serían “moscas negras”. Un motivo más para que el Jefe de Estado piense que “las demás marcas” lo odian.

Herrero y Toyota también despiertan los elogios del gobernador bonaerense de Axel Kicillof, el socio ineludible de Fernández en el poder. La semana pasada, Kicillof mencionó que, cuando fue ministro de Economía de Cristina Kirchner, le facilitó créditos a la automotriz japonesa. También se maravilló por la cantidad de “tornillitos” que lleva una Hilux.

Por eso, la jugada de Adefa resulta comprensible. Esta entidad, que no duda en aplicar su poder de lobby para perjudicar la seguridad de los automovilistas en beneficio de sus finanzas, también tiene la cintura entrenada para adaptarse al nuevo clima político de la Argentina.

Por más que las otras automotrices no olviden los dardos que les lanzó Herrero, las terminales saben muy bien que un presidente de Adefa con buena llegada a la Casa Rosada permitirá hacer oír sus mensajes, reclamos y sugerencias con mayor facilidad.

Hace dos años, Herrero y Toyota tuvieron un pie afuera de Adefa. Hoy tienen más poder que nunca en esa entidad. Harán valer su rol de automotriz favorita del Gobierno.

C.C.

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