Por Jacinto Campos
Crítico rural de Autoblog

Desde la Cuenca del Salado (Buenos Aires) - La verdad es que, si hay un lugar en donde las restricciones que impone la lucha contra el Covid-19 se notan menos (pero mucho menos), es en el campo.

Para quienes vivimos en zonas rurales, no se sintió la restricción ambulatoria que se experimentó en las ciudades (grandes o chicas, da lo mismo, ya que la cuestión era, al menos en la primera etapa, no salir de la casa).

Lo que normalmente se considera “aislamiento”, en nuestro caso es cuestión de todos los días. Salvo algunas limitaciones -especialmente afectivas, como la de no recibir visita de parientes o amigos-, nuestra vida siguió y sigue como siempre.

Por ello, en términos comparativos, vivir en el campo en estas etapas de encierro forzado es casi un privilegio.

“Ojo -me dijo un amigo- no se lo digas a los políticos que le van a poner un impuesto a ese privilegio”. Y quizás tenga razón, ya que la recuperación de la economía y el costo de las ayudas que se dieron y dan en esta etapa, seguramente tendrán un costo que -si no hay crédito- alguien va a tener que pagar.

Una pequeña digresión nos hace recordar al impuesto a la “ventana”, creado por Guillermo III en Inglaterra y Escocia: cobraban dos chelines por una casa, pero se agregaban cuatro chelines adicionales si tenía entre 10 y 20 ventanas. Si tenía más de 20, ocho chelines. Así que ojo al parche y a no decir que uno la “pasó bien”.

Pero volviendo al tema de esta nota: la producción agrícola ganadera -como parte del sector alimentario- se vio exenta de ciertas restricciones y entre ellas la de circular. La única exigencia fue que se hiciera con justificación en la causa eximente. Es decir, en términos sencillos, no “irse de joda”.

Pero, en la práctica, en algunas zonas la circulación se vio inevitablemente afectada por la demora que causan los controles que se efectúan en muchas localidades, por la falta de homogeneidad en las disposiciones provinciales y municipales y por la incapacidad de interpretar las restricciones, por parte de algunos de los responsables de hacerlas aplicar. Ello se notó en muchas zonas y, en especial, con las patrullas rurales, que están más acostumbradas a prevenir robos, hurtos y abigeato que a interpretar la variopinta cantidad de normas y excepciones que nacieran con la Cuarentena.

Las demoras y trastornos que generalmente se están produciendo en las rutas y caminos asfaltados ha llevado a que mucho del transporte eligiera circular por caminos rurales, de tierra o ripio, para evitarlos los retenes. Esto provocó el consiguiente deterioro sobre calzadas -ya de por sí detonadas, por la falta de obras esenciales-. Es cierto que en algunos partidos -los menos, desgraciadamente- se los mantiene; pero en la casi totalidad sólo se hace eso: “mantenerlos”.

Imaginen que esos caminos, alguno de ellos con una sola huella para circular, fueron pensados para el tránsito de “conexión”. Es decir: entre el lugar de origen -sea cosecha, leche, madera, ganado– y la ruta principal.

Ustedes saben que Don Jacinto es de la Cuenca del Salado y del “Cercano Oeste”. En esta zona ya se está levantando la soja y el maíz. Y también es época de traslado de la “invernada”. Con lo cual, los caminos rurales se están -valga la metáfora- “haciendo polvo”.

Piensen que el límite para los camiones con acoplado es de aproximadamente 33 toneladas. Y ninguno va a media carga. Podrán apreciar lo que queda después de que pasen por los caminos rurales: huellones, alcantarillas rotas, puentecitos hundidos y guadales (arenales) que afloran ante la pérdida del “firme” (y que muchas veces son peores que los pantanos).

Esta situación, que se agravará en cuanto sigan las restricciones, llevará tiempo de remendar y demorará: ya no será prioridad de nadie frente a otras necesidades más urgentes y notorias. Pero eso no debe significar que haya que olvidarse del todo, ya que por allí transita el producido de más del 60 % del PBI del país.

Bueno amigos, hasta la próxima lluvia y hasta que C.C. nos traiga alguna “chatita” para probar. Fuerte “codazo”.

J.C.

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Opinión: “Lo bueno y lo malo de estar exceptuados de la cuarentena en el campo argentino”
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