Escribe Jerónimo Chemes

El verano es un momento de distensión y relax (o al menos eso dicen). Dentro de los planes de los que todavía pueden ir a la Costa con la familia, básicamente lo que termina pasando es que uno traslada su rutina a un lugar donde hay todavía más gente (y todo es bastante más caro).

Antes, cuando las playas estaban atestadas, los que teníamos vehículos con doble tracción nos íbamos al fondo y estábamos tranquilos. Hoy “el fondo” es un despelote de dimensiones bíblicas, donde hay riesgo concreto de lastimarse, por la proliferación de irresponsables con motores: chatas, SUVs, cuatris, UTVs, ATVs y la Mar en Coche. Hoy, donde vayas en la Costa durante enero, es un lío para todo. Desde comer hasta estacionar o trepar a un médano.

Ahora que hay fiebre de SUVs, muchas de ellas equipan sistema de tracción integral e invitan al “Active Lifestyle”, una frase que creo nació en la cuna del marketing (Estados Unidos) y que traducida sería algo así como: “Estilo de Vida Activo”, para gente “con onda”, que no se queda pegada al sillón. Y ahí es donde entra “la 4x4”, que es lo que te permite “ser feliz y libre”. Como idea, es genial.

Básicamente, vos pones 50 mil dólares en un producto de ellos y son ellos los que se sienten felices. ¿Y vos qué la compraste? ¿Podés concretar tu sueño de “Active Lifestyle”? ¿O es sólo “Sarasa”?

Esto me llevó, luego de haber manejado varias SUVs de distintas categorías -todas muy buenas por cierto-, a hacerme una pregunta simple: ¿se puede tener un momento de romanticismo en una SUV familiar (a.k.a.: “Líbido Killer”) en la costa en enero y sentirse joven, libre y con Active Lifestyle? Veamos.

Estás 15 días en -ponele- Pinamar, con la familia. Por esas alineaciones planetarias acomodaste los tres pibes en diferentes casas y conseguiste una niñera para que te banque al cuarto, porque te agarró un ataque de romanticismo y decidiste ir a cenar con tu pareja a un lugar lindo, mirando al mar.

Luego de hacer de Uber repartiendo tus pibes, llega la niñera, le abrís la puerta, tu mujer le da 143 instrucciones para que el cuarto sobreviva tres horas sin ella, mientras vos te bañas y te ponés lindo.

Finalmente tenés todo listo. Tu pareja y vos se “pusieron para salir”, con mucho perfume. Se despiden del cuarto y la niñera. Se toman de la mano, abren la puerta con actitud de libertad y aparece ante vos la silueta de… tu SUV vomitada. “Bueno, le pongo onda igual”, pensás. “Total, el auto no es importante y el perfume va a tapar el olor”.

Salen, pasan una velada romántica, comen rico, se miran lindo, recuerdan cuando eran jóvenes y libres, las anécdotas de los primeros encuentros en un tu hatch dos puertas base sin aire, incómodo como nada, pero era “tu nave”, que tantas alegrías te dio y hasta ofició de telo cuando los mangos no alcanzaban, y que incluso en Pinamar entró a la playa con otra novia/o previa/o (ella/él no debe enterarse). Se ríen. Se relajan. La niñera no llama (lo que indica que todo está bien, o todo mal). Y pasan un lindo momento.

Al terminar la cena, te agarra un ataque de juventud. Tu libido de repente se hace presente y le decís a tu pareja, mirando a los ojos: “¿Vamos a la playa ‘en la chata, para ver las estrellas?” Y te dice que sí.

Se te infla el pecho. Te sentís 30 años más joven, como cuando metías tu indomable hatch base a la arena.

Vas hasta la entrada de la playa, respirás profundo (casi con autoridad), ponés las luces altas (y los antinieblas también, fundamental para los que no saben andar con antinieblas sin niebla) y pueden pasar dos cosas:

OPCIÓN A

Bajás las gomas a 20 libras (porque lo leíste en Autoblog). Ponés 4WD Lock o Low (sabés que no tiene Baja, pero ponés cara de que sí tiene) y la caja CVT en L. Entrás por el plano (no por donde entran las chatas), la CVT queda trabada en lo que sería primera, acelerás a 4.500 vueltas y encarás.

Hay movimiento y por 12 segundos te sentís Ari Vatanen en su 405 Turbo 16, recorriendo África. La SUV hace todo bien y mientras no bajes las vueltas, no vayas a ningún médano y no esté toda la arena revuelta, podés ir casi a todos lados, estacionarla en la lejanía y usar la modularidad de la parte de atrás a tu gusto (son realmente prácticas para “eso”, me lo contó un amigo).

Tu SUV integral eso lo hace bien y tu pareja estará impresionada por tus dotes conductivas y romanticismo. La SUV hizo lo esperable y no falló (esperemos que vos tampoco) por lo cual tu pareja estará feliz y te lo hará saber. Al terminar, repetís el proceso y salís rápido. La niñera se tiene que ir.

OPCIÓN B

Bajás las gomas a 20 libras (porque lo leíste en Autoblog). Ponés 4WD Lock o Low (sabés que no tiene Baja, pero ponés cara de que sí) y la caja CVT en L. Entrás por el plano (no por donde entran las chatas), la CVT queda trabada, aceleras a 4.500 vueltas y encarás.

Hay movimiento y por 60 segundos te sentís Ari Vatanen en su 405 Turbo 16 recorriendo África.

Pero, como ves que va bien, te sentís aún más joven y empezás a hacer pendejadas, ya que tu cerebro conecta con tu hatch base dos puertas y con el razonamiento de hace 30 años concluís que: “Si con mi hatch iba a los médanos, con esta que es 4x4 hago lo que quiero”.

Ahí se desata la Madre de todas las Tormentas. Encarás los médanos convencido de que Nasser Al-Attiyah es un gil en el Dakar, al lado tuyo, en tu SUV integral con CVT. Tu pareja te dice suavemente: “¿Gordi, estás seguro?” Traducción: “Imbécil, vas a romper todo por hacerte el péndex”.

Al primer médano pequeño, lo encarás a 6.000 rpm y aparece un tsunami de realidad en su máxima expresión. A los 15 metros de intentar subir, se encaja y se traba. Vos apretás con todas tus fuerzas el acelerador para no quedar como un nabo, logrando recalentar el sistema integral, quedando en simple y logrando encajarla del todo.

Tu pareja te dice ya no tan suavemente: “Te dije…”. Traducción: “No madurás más”. Ahora estamos en el medio de la nada, la niñera se tiene que ir y rompiste el auto. Transpirás. Ponés R porque recordás haber leído en Autoblog que si no se puede ir para arriba, se sale siempre para abajo, acelerás y apenas se mueve escuchás: “¡crack!”. Se rompieron los broches del spoiler delantero. Se suelta el paragolpes de adelante. Y te encajás para siempre.

Ya lograste tener 5 problemas:
1. El motor está recaliente.
2. La transmisión está recaliente.
3. La niñera está recaliente.
4. Tu pareja está recontra caliente.
5. Tus posibilidades de tener un encuentro romántico se desvanecieron por completo por los próximos tres siglos.

Tu acompañante ya deja los modos suaves y te reputea en 39 idiomas diferentes. Lo peor de todo: tiene razón.

Desesperado, salís: subís a la punta del médano a ver si ves a alguien y estás más solo que vegano en un asado. Llamás a un amigo que tiene una chata y “más o menos sabe”, para que te saque y se da el siguiente diálogo.

-Che, disculpá que te moleste, ¿me bancás que me quedé en los médanos?
-¿Qué hora es? ¿Cómo que te quedaste en los médanos? ¿En que médanos?

-Si, acá: en los “medanos del fondo”.
-¿A esta hora? ¿Con los chicos? ¿Qué hacías en los médanos a esta hora?

Y vos, encajado. Con la SUV rota. Tu pareja en llamas, tratás de no perder la paciencia y le decís: “Dale, bancáme. Te lo pido por favor, después te explico”.

Le mandás ubicación por WhatsApp y, al recibirla, tu amigo que sabe te escribe: “Ah, pero sos un nabo importante, ¿para que te metiste ahí con eso? Jajajaj!”

Vos tragás saliva, porque tenés que volver al auto donde te espera tu pareja, que está enojada y encima de todo, tiene razón.

Te sentís como Máximus en Gladiador, cuando lo mandan al Coliseo solito y herido, a enfrentarse con los leones. Solo que no tenés ni la actitud, ni las agallas, ni los abdominales de Máximus. Solo tenés una SUV importada sin trompa, encajada en un médano. Lo único que tenés en común con Máximus es que te esperan los leones.

Apenas subís, tu pareja está hablando con la niñera. El cuarto llora y no lo puede calmar: “¡Oh, shit!, la tormenta perfecta”. Cada segundo es un año luz. Te insultan a mansalva. Vos, calladito. A los 45 minutos, ves luces que se acercan.

Es tu amigo, que al llegar te engancha, te tira para atrás y te saca. Tu paragolpes te saluda, allá a lo lejos.

Ya sin tiempo porque el cuarto llora, la niñera está enojada y tu pareja te quiere matar, encarás para afuera y le decís a tu amigo: “Porfa, seguime, por las dudas”. Salís de la playa y en cada lomo de burro escuchás a tu auto crujir. Llegás a tu casa, tu pareja sale corriendo y entra.

La niñera sale corriendo y se sube a un hatch viejo, rebaqueta, picado, con escape deportivo y cuatro de los cinco vidrios polarizados (porque el del conductor se rompió y no alcanzó para polarizarlo) de su novio, que hace dos horas espera para intimar con ella en la playa, justo donde vos te encajaste y rompiste todo.

Vos bajás despacio y tratás de no mirar la trompa, hasta que no podés más, te das vuelta, dándote cuenta de que si no sos razonable y usás tu vehículo para lo que está pensado, el Active Lifestyle es mucho, pero mucho más caro de lo que pensabas. Y encima es tu culpa, no del auto.

Moraleja: no le pidas a tu vehículo lo que no puede dar. A menos que tengas mi Azul, pero esa no está en venta.

J.Ch.

***