Texto de Carlos Cristófalo

“Todo el día hablando de autos, ¿no se cansan ustedes?” Tengo 15 años, están terminando los años ’80 y estoy en el medio del patio de recreos del Colegio Marín, en San Isidro. Ahí la grieta está bien marcada. De un lado, los fanáticos del rugby. Del otro, los hinchas de fútbol. Y, en el medio, Javier y yo, que nos pasamos el día entero hablando de autos.

Con Javier Previgliano nos intercambiamos revistas, datos de programas de televisión, autitos, figuritas y… ¡no mucho más! En la era pre-internet no abundan las fuentes de información y no existe un Google que zanje las discusiones. Podemos pasarnos todo el día discutiendo sobre la potencia de la Ferrari F40, sin ponernos de acuerdo. Hay que esperar hasta volver a casa, buscar en la repisa de revistas la Quattroruote de 1987 y ahí sí: confirmar quién tenía razón.

Hacía años que no veía a Javier, por eso me sorprendió cuando me escribió para saludarme por mi cumpleaños, en julio pasado: “Feliz cumple, Carlitos. Tengo aún pendiente visitarte, así te devuelvo el libro de Fangio”.

Ahí me acordé. Con Javier también intercambiábamos libros.

En febrero de 1986, Juan Manuel Fangio y el periodista Roberto Carozzo publicaron “Cuando el hombre es más que el mito”, la única autobiografía oficialmente autorizada por el Quíntuple (ver explicación del Chueco, abajo).

Por supuesto, apenas salió, Orlando “Poroto” Cristófalo –mi papá- corrió a comprar esa biografía en la Librería Marciano. El libro lo leyó primero él, después mi hermano Orly y recién después me tocó a mí, que era el más chiquito. Obvio: apenas lo terminé, se lo pasé a Javier.

Hay un dicho que dice: “Tonto el que presta libros y tonto el que los devuelve”. Y así fue cómo, 33 años después, estos dos tontos se juntaron para completar el recorrido del libro de Fangio.

Las vueltas de la vida. Justo por esos días, Lola Tyrrell me había ayudado a pintar la Torre de Autoblog. Así le decimos a mi oficinita, ubicada en un primer piso, en el fondo de nuestra casa en la República de Béccar, justo encima del quincho.

La oficina había quedado impecable, pero yo ya no sabía adónde meter los autitos, los cascos, las fotos y un montón de pequeños recuerdos que fui acumulando a lo largo de mi carrera periodístico-fierrera.

Bueno, resulta que Javier es diseñador industrial y nuestro amigo en común, Rafael Borrego, tuvo una idea genial: “¿Y por qué no le encargás a Javier una vitrina?”

Todo esto transcurrió durante agosto. Javier tiró a la basura el boceto infame que yo había dibujado en un papel, me propuso una idea mucho más cool, escuchó con paciencia infinita mis dudas y finalmente la instalamos juntos, con mate, facturas, sanguchitos de miga y cuatro metros de luces de leds.

Lo hicimos como corresponde: hablando todo el tiempo de autos. Sin cansarnos. Como si todavía tuviéramos 15 años.

C.C.

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La Vitrina de Autoblog: “Todo el día hablando de autos, ¿ustedes no se cansan?”
"Cuando el hombre es más que el mito", introducción de Juan Manuel Fangio. Click en la imagen para ampliar.

La Vitrina de Autoblog: “Todo el día hablando de autos, ¿ustedes no se cansan?”
La Vitrina de Autoblog. Obra de Javier Previgliano (visitar su web oficial).

La Vitrina de Autoblog: “Todo el día hablando de autos, ¿ustedes no se cansan?”
Javier Previgliano: un amigo serio y confiable, que devuelve los libros prestados (aunque se demore unos 33 añitos).

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VIDEO: La Vitrina de Autoblog

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