Texto de Lola Tyrrell
Fotos de Andrea Ussher y C.C.

Vivo en una zona del conurbano bonaerense donde los autos cásicos se ven bastante, pero el volante siempre lo tienen los señores. En este rubro, parece que las señoras somos como a la vieja usanza: elementos decorativos con sombreros y abrigos en el asiento de al lado.

Por suerte, siempre nos vienen a salvar del tedio las excepciones, como Candelaria May, una rubia en sus treinta, que todos los días lleva a su hijita Penélope al colegio, en un Mercedes-Benz 250 SE (W108) de 1967.

Rauda, en su bólido blanco, la veía pasar siempre un antiguo amigo desde un lavadero de la Avenida del Libertador. Una tarde se encontraron y se dieron manija. Más o menos así nació Mujeres-Benz, el primer club de autos clásicos de la Estrella, exclusivo para chicas. Como el Jockey o CUBA, ¿viste? Pero al revés.

El objetivo es el mismo que tienen los señores, calculo: sacar a relucir las joyas, darse cuenta de que las mujeres clásicas son mucho más que dos y, en el camino, pasarla bien.

Candelaria es el cuchillo de hierro en la casa del herrero. La veo sonriente y chiquita en una foto junto a su papá, Jorge May, en el garage con quincho y taller de Béccar, donde cuida y guarda sus reliquias. Están los trofeos, el Lancia Montecarlo y otro Mercedes digno de pasiones: nada menos que la Pagoda que perteneció a la vedette argentina Nélida Roca.

En pista, Jorge May corrió en GT2000, en Sport Prototipo y Fuerza Libre. En rally y regularidad, con el Lancia. En Uruguay se consagró campeón nacional de Velocidad, en 1988. Jorge también navega y, en los últimos años, se hizo conocido por su museo flotante de la Antártida: el catamarán Volker Ice Lady Patagonia II.

A veces, las chicas de Mujeres-Benz se reúnen en el taller de Béccar, pero Candelaria decidió que era hora de salir a la ruta y lanzar la propuesta, para que más mujeres clásicas se fueran arrimando.

Por eso, después de dos fines de semanas de cancelaciones por Sudestada, finalmente el sábado 6 de julio largó el 1° Rally Mujeres-Benz Arrecifes-Areco.

Desde bien temprano, con café y facturas, bancamos la ola polar frente al Río de la Plata esperando a las trece participantes, sus acompañantes y sus máquinas: 280 SL (1969), S600 V12 Coupe (1994), 280 SE (1977), E 300 TD (1994), 300 E (1989), C180 (1996), E 430 Touring (1997), E320 (1996), 190E (1990), C250 (2013), C63 AMG (2013), E300 D (1996) y el “colado”: Porsche 911 Targa (1978).

Como enviada especial de Autoblog tenía acompañante asegurada: en menos de una semana, mi amiga fierrera Lala se anotó otra vez (ver primera nota). Nuestra máquina, con el Número 2, era el Mercedes particular de Candelaria.

El día que me lo mostró por primera vez, lo miré con una especie de admiración desconfiada: seguía sin entender bien qué era eso del swap, que C.C. me había intentado explicar (leer más abajo).

Yo decía que “sí”, como los locos, porque en el fondo no me lo podía imaginar y porque de mecánica no sé nada más que el clásico cuentito de la chispa, los pistones y las levas (tomen nota: me prometieron un curso básico de mecánica en la Zona Norte, powered by Mujeres-Benz).

En mis primeras vueltas a la manzana entendí todo: ¡esto es un lobo con piel de cordero!

Pero el secreto parecía bien guardado, porque en las esquinas, los autos precavidos me daban paso calculando frenos y reacciones modelo ´67, sin sospechar mis tremendos discos 2012 (con ABS y ESP).

“Esto es muy, muy interesante”, nos dijimos con Lala. Se me pasaron por la cabeza miles de metáforas, pero me quedé con un recuerdo de mis quince, cuando me quise poner mi primera remera blanca ajustada y sexy. Mi mamá me sacó corriendo. Esquivé la prohibición usando una camisa blanca suelta y medio anticuada arriba, que me duró lo que tardé en llegar a la fiesta.

El primer tramo por Panamericana hasta Pilar fue doblemente cuidadoso, porque el auto no era mío y porque nuestra fiera y yo nos estábamos conociendo. Era yo la que estaba “en ablande”. Ni se me pasó por la cabeza seguir a la Pagoda que, confianzuda, se me escapaba por el carril rápido, liderando la caravana. Fue en ese tramo donde terminé de asimilar eso del swap mecánico.

La sensación de manejo estaba como divorciada: el acelerador me pedía más, mientras la carrocería me recordaba su año de nacimiento, con una resistencia aerodinámica parecida a la de un elefante blanco en un túnel de viento. Llegando a los 80 km/h, además, los chifletes le daban a nuestra cabina un sonido ambiente igual al de la cima del Aconcagua. En pleno invierno.

Salvo porque no nos dejaba escuchar el CD de Jennifer López que ya venía con el auto y porque al final del tramo nos descubrimos afónicas, de tanto charlar gritando, lo del ruido de viento nos encantó. Eso y la sensación de manejar un paquebote. A juzgar por el equipaje que había traído Lala (bolsa y cartera llenas de cremas, manteca de cacao, confituras de papaya, nueces, pastillas, mate con coco, lona de picnic y hoverboard para los niños) éramos caracolas con su casita. Los autos que se sienten así -amplios y generosos- pienso, no te apuran a llegar.

El tramo rutero de la 8 fue también un recorrido por las ramas de mi tradición familiar materna: los pueblos como Hughes, Duggan, Gaynor, Todd me recuerdan a los apellidos ingleses e irlandeses que escuché nombrar toda la vida en la zona de Mercedes. Y en San Antonio de Areco pasó su segunda infancia mi mamá, Maureen Tyrrell. Todo era material para seguir contándonos con Lala nuestras vidas a bordo del paquebote.

Cuna de Campeonas

Llegar, llegamos. A Arrecifes, que te recuerda que es “Cuna de Campeones” desde el primer pasacalle, con un candidato de apellido Di Palma. Pasando el centro, curva a la derecha hasta Todd, el pueblo que nos esperaba con el prometido asado con limonada en el taller de Reklus (ver nota aparte). También con las medallas que nos entregó el director de Turismo de Arrecifes, el ex periodista de automovilismo Guillermo Di Giovanni, que estaba encantado con nuestra invasión de botas y brillos, para subir un poco el color de la tradición fierrera local.

Cerca de las tres de la tarde enfilamos los motores hasta la largada en camino de tierra, con tramo terraplenado en construcción incluido. Yo seguía con la misma sensación ambivalente de cautela y ganas de tirar tierra, como en mi adolescencia en los veinte kilómetros de Mercedes a Franklin, en las F100 y Subaru Wagon de papá.

Lala puso el celular en modo cronómetro. Creemos que fueron 11 minutos con cuarenta. Más o menos. Al fin y al cabo, las medallas ya las teníamos. En la vieja estación de ferrocarril de Viña bajamos, nos formamos para la foto de grupo y vimos los trabajos de remodelación del futuro Motor Club. Fue el principio del fin, hasta Pampas de Areco, el hotel cinco estrellas que nos recibió con café, pastelitos tibios y finger food.

De ahí a casa, con el corazón ventilado y contento, porque en el fondo -y a fondo- las chicas sólo queremos divertirnos. Si los hombres son de Marte y el escape, las mujeres somos de Venus y todo lo que sucede al interior del tapizado. Ahí, todo queda registrado.

L.T.
PD: Además de reunir a las mujeres amantes de los clásicos, el Rally Mujeres-Benz tuvo un fin solidario. En esta primera edición ayudamos al Hogar Los Querubines de Béccar.

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Largada bien temprano, junto al Río de la Plata. Pica en punta la vedette del Rally: la Pagoda ex Nélida Rocca.

Mujeres-Benz: así fue el rally de las Mercedes
Antes que nada, la foto de rigor: las Mujeres-Benz con sus pasaportes oficiales.

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"¡Numerarse!"

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Lola al volante, Lala de navegante. El Team Autoblog.

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Y el Vehículo de Apoyo de Autoblog: Ram 1500 Laramie (leer crítica).

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Vamos a la ruta. Bienvenidos al País-Benz.

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Llegada a Todd. Visita a los talleres de Reklus (ver nota aparte).

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Asado con limonada (había que seguir manejando).

Candelaria May, fundadora de Mujeres-Benz, y Guillermo Di Giovanni, director de Turismo de Arrecifes.

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Entrega de medallas.

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Tramo de tierra cronometrado, rumbo a Viña.

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Foto de grupo en el futuro Motor Club, en la vieja estación de Viña.

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El Mercedes-Benz 250 SE (W108) de 1967. El Swap del Team Autoblog (ver detalles abajo).

Mujeres-Benz: así fue el rally de las Mercedes
Penélope, la glamorosa y fierrera heredera del Clan May.

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ADEMÁS Cómo es el Mercedes-Benz 250 SE Swap

Por la República de Béccar solía andar un vecino con un Fiat Uno muy especial. Tenía motor de Regatta 2000 y era el único Uno SCV 2000 fabricado por Sevel (leer historia). Era un auténtico Swap, un vocablo inglés que nació en el mundo financiero –para definir a una permuta o intercambio- y que fue adoptado por el mundo de los autos, para definir la costumbre de cambiarle el motor original a un auto, para colocarle uno más potente.

El tema es que el auto que corrieron Lola & Lala en el Rally Mujeres-Benz, no es un swap convencional. Jorge May creó un verdadero Frankie Stein (más Monster High que Mary Shelley), mezclando diferentes generaciones del ADN de Stuttgart.

La cosa es así: tomó un Mercedes-Benz C 250 (generación W204, año 2012) y le desmontó todos los paneles de la carrocería. Conservó el interior, el piso del chasis, el motor la transmisión y todo el resto del auto. Lo único que se desechó fue la vestimenta. En su lugar, se colocó la cáscara de un 250 SE (generación W108, año 1967).

Las adaptaciones que se realizaron fueron mínimas, porque los dos modelos tienen casi la misma distancia entre ejes. Incluso se conservaron todos los dispositivos de seguridad, como los frenos ABS, el control de estabilidad (ESP) y los airbags. Sólo no se pudieron instalar las bolsas de aire de cortina. Tampoco se instalaron los sensores de estacionamiento, pero no alterar la carrocería del ’67. Conserva, incluso, el equipo multimedia del modelo 2012.

Al tratarse de receptor y donante de la misma marca, ni siquiera fue necesario cambiar la documentación del vehículo. Alcanzó con informar las modificaciones que se le hicieron, para conservar la patente original.

Este Swap acelera, frena y dobla como W204, pero te apabulla con todo el glamour de un W108.

C.C.

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El Swap, mostrando sus entrañas en Reklus, un lugar donde es habitual realizar este tipo de conversiones y recreaciones.

Bajo el capot, el motor 1.8 turbo con 204 caballos, del C250 W204 (2012).

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Por dentro, el interior intacto del W204.

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Incluyendo todos sus comandos.

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Y hasta el equipo multimedia original.

Todo el confort y las prestaciones de un Mercedes-Benz moderno.

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Con el glamour de un verdadero clásico.

Mujeres-Benz: así fue el rally de las Mercedes
Gracias a las @MujeresBenz.

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VIDEO: Rally Mujeres-Benz 2019

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