El presidente Mauricio Macri anunció esta tarde que se firmó el varias veces anunciado acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. Es un tratado que permitirá un mayor intercambio comercial con el Viejo Continente. Desde que comenzó a negociarse, hace 20 años, siempre tuvo al mercado automotor como eje principal.

Sin embargo, los detalles del acuerdo firmado entre las dos partes indican que transcurrirán al menos 15 años antes de que se puedan eliminar los aranceles que tienen hoy los vehículos importados de Europa, que tributan un 35% aduanero.

Además, entre las condiciones se menciona que, antes de un libre comercio automotor con Europa, se debe concretar el varias veces postergado intercambio irrestricto con Brasil. Hoy el acuerdo con el país vecino contempla un "flex" que limita el ingreso de autos brasileños a la Argentina.

Los detalles del acuerdo entre la UE y el Mercosur se informan en el comunicado de prensa de acá abajo y en el análisis que realizó hace ya tiempo el diario Ámbito Financiero, más abajo.

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Comunicado de prensa de Presidencia de la Nación Mercosur-Unión Europea: Acuerdo Histórico de Asociación Estratégica

A partir de su entrada en vigencia, la Argentina pasará a tener una red de acuerdos comerciales que cubren más del 30% del PBI mundial.

Las PyMEs argentinas podrán acceder a un mercado de 500 millones de personas.

Entre los beneficios del tratado se destaca la mejora en el acceso de productos y servicios argentinos al mercado europeo y genera calidad institucional, reglas claras, transparencia y previsibilidad frente al mundo.

El Mercosur logró hoy concluir las negociaciones para la firma de un Acuerdo de Asociación Estratégica con la Unión Europea, el más amplio y ambicioso alcanzado por ambos bloques en toda su historia. Así culmina un proceso negociador que se extendió durante más de 20 años y que cobró un renovado impulso desde 2016.

El acuerdo fue cerrado por el ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Jorge Faurie, y el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, junto con sus pares del Mercosur y sus contrapartes de la Unión Europea. También participó el secretario de gobierno de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere. Las negociaciones fueron lideradas por el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Horacio Reyser y la secretaria de Comercio Exterior, Marisa Bircher.

El texto consensuado por ambas partes asegura los principales objetivos trazados por los países del Mercosur ya que mejora las condiciones de acceso en bienes y servicios a un mercado de 500 millones de habitantes con un PBI per cápita promedio de USD 34.000.

Se trata de un hito para la inserción internacional de la Argentina en tanto promueve la llegada de inversiones, genera un incremento del producto bruto nacional en el mediano plazo, aumenta las exportaciones de las economías regionales y la generación de empleo de calidad, consolida la participación de nuestras empresas en cadenas globales de valor, acelera el proceso de transferencia tecnológica y aumenta la competitividad. Además, constituye un sello institucional que da carácter permanente a la relación estratégica con la UE, garantizando transparencia, previsibilidad y reglas claras para los actores económicos.

Por su capacidad para transformar la economía nacional y diversificar la matriz productiva, el acuerdo trasciende los fines meramente comerciales y marca un antes y un después en la integración internacional de la Argentina. El tratado es, además, el resultado de un esfuerzo de diálogo, coordinación y entendimiento tanto entre los países miembros del Mercosur como entre sus gobiernos y el sector privado. Por sus características, no solamente fortalece internamente al Mercosur sino que consolida y amplía el horizonte de su agenda futura de inserción internacional.

El ministro Faurie sostuvo, “Mercosur – UE es mucho más que un acuerdo comercial: es un avance estratégico en el posicionamiento argentino en la escena internacional que refuerza la agenda comercial de nuestro país y nuestro bloque. Se trata de un verdadero hito para nuestra política exterior y para la inserción internacional de la Argentina porque el crecimiento y desarrollo inclusivo no se pueden lograr en soledad sino con más y mejor comercio internacional basado en reglas”.

El ministro Sica resaltó, "El acuerdo UE-Mercosur es un paso fundamental de nuestra política de inserción inteligente en el escenario internacional. Antes, la Argentina estaba cerrada al mundo; en 2015 éramos la tercera economía detrás de Nigeria y Sudán, y teníamos acuerdos comerciales con tan solo el 10% del PBI mundial. Con este acuerdo, alcanzaremos el 30% del PBI mundial, lo que significa que nuestras PyMEs podrán llegar a un mercado de 500 millones de personas. En lo inmediato, este acuerdo con la UE es clave porque genera calidad institucional, reglas claras, transparencia y previsibilidad lo que es fundamental para la llegada de inversiones".

El secretario de gobierno de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, recalcó, “Es un acuerdo histórico que ubica al Mercosur en un lugar clave del mundo como proveedor de alimentos. Nuestra región es una de las principales productoras del mundo, y tenemos calidad y cantidad para el intercambio con los europeos. En particular, para la Argentina, es una gran oportunidad para darle previsibilidad a nuestras economías regionales que verán incrementar sus envíos al exterior, y redundará sin dudas, en más trabajo, inversiones, y arraigo en los lugares donde producimos.”

“Este acuerdo abre toda una nueva etapa para la inserción económico-comercial de la Argentina, con potencial para ser un pilar clave de la transformación productiva nacional que garantice crecimiento y desarrollo sostenido a largo plazo; es parte fundamental del cambio estructural que está transitando nuestro país”, sostuvo el jefe negociador de la Argentina y secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Horacio Reyser.

“Después de 20 años de negociaciones, logramos que se cerrara un acuerdo histórico para el bloque MERCOSUR y para nuestro país. Hoy tenemos una oportunidad única para ser reconocidos a nivel mundial, promover el comercio internacional, diversificar y aumentar nuestras exportaciones, incrementar las inversiones y crecer económicamente”, añadió la secretaría de Comercio Exterior, Marisa Bircher.

La UE es el primer inversor global, con un stock de inversiones supera el 30% del total mundial. Importa el 17% del total de las compras mundiales de bienes y servicios y representa más del 20% del producto de la economía internacional. El acuerdo crea un mercado de bienes y servicios de 800 millones de consumidores, que accederán a una oferta más diversa y de mayor calidad de productos a precios más competitivos.

Entre los principales ejes del acuerdo se destacan los siguientes logros para el Mercosur:

  • Mayor calidad institucional: Establece un vínculo político, cultural y económico estratégico y permanente con la UE, con entorno económico, normativo e institucional moderno; presenta una normativa transparente y consensuada que reduce la discrecionalidad en la aplicación de las políticas económicas.

  • Mejora la competitividad de la economía argentina: dinamiza las condiciones de acceso a bienes, servicios e inversiones, al reducir y eliminar restricciones. A su vez, simplifica procedimientos de operatoria comercial, facilita el acceso a tecnología, insumos y bienes intermedios que son necesarios para producir bienes con valor agregado.

  • Favorece la integración regional: Consolida el Mercosur a partir de reafirmar el proceso de integración y los compromisos asumidos en materia de circulación, armonización normativa y simplificación de procedimientos, entre otros.

  • Beneficios para PyMES: Contempla beneficios específicos para las PyMEs a partir de programas que facilitan su integración en cadenas de globales de valor, asistencia técnica, participación en compras gubernamentales, asistencia financiera, entre otros.

  • Promueve la atracción de inversiones: Facilita el incremento de la inversión extranjera al otorgar certidumbre y estabilidad de las reglas de juego. Otros países o bloques que firmaron acuerdos con la UE incrementaron significativamente la captación de IED.

  • Contempla los diferentes niveles de desarrollo y el estadio en el proceso de integración: El acuerdo se implementará en forma gradual en tiempos que garantizan un proceso de adecuación de la economía argentina a la competencia internacional. Para los países del Mercosur los plazos de desgravación arancelaria se extenderán, en promedio, en períodos de 10 y hasta 15 años, mientras que la UE aceptó plazos de desgravación con el Mercosur de forma inmediata, situación sin precedentes en otras negociaciones del bloque europeo.

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    Nota de Diciembre de 2017 del diario Ambito Financiero Autos: apertura con Europa, por ahora sólo una utopía

    Por Horacio Alonso

Mauricio Macri y Michel Temer son dos presidentes optimistas. Eso quedó demostrado tras el encuentro que mantuvieron el domingo pasado en el que coincidieron en buscar un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea con el sector automotor como cabeza de playa. El plazo para llegar a ese objetivo, aunque primero se habló de 10 años, es en realidad de 15, aunque podría ser mayor por el tiempo que llevará la reglamentación que deben hacer los Parlamentos respectivos. Por eso, el anuncio rimbombante busca más un impacto político que un hecho palpable. Pero hay otro inconveniente más allá del plazo lejano y tiene que ver con el sentido común. Para que el Mercosur logre avanzar en algo concreto con Europa debe primero mostrar que sus integrantes principales (Argentina y Brasil) lo hacen primero entre sí. Ayer, Ámbito Financiero publicó una entrevista con el CEO regional de General Motors, Carlos Zarlenga, en el que el ejecutivo apeló a un principio elemental: "No podemos tener libre comercio con Europa si no lo tenemos con Brasil". Y en ese punto, todavía falta mucho camino por recorrer.

Según el acuerdo firmado el año pasado entre los dos países, a partir de 2020 debería regir el libre comercio bilateral. Sin embargo, muy poco se hizo desde la rúbrica de ese convenio hasta hoy y, en las automotrices, nadie cree que se pueda implementar en término. Pero esto no es una falla de los gobiernos actuales de cada lado de la frontera ni de la ineptitud del sector privado. Es una constante del país. A comienzos de los 90, cuando Domingo Cavallo contaba con el poder absoluto, se anunció que para 2000 regiría el libre comercio con Brasil en el sector automotor. Durante el Gobierno de la Alianza, también se fijó una fecha para quitar las fronteras comerciales y más acá en el tiempo, Néstor Kirchner y Lula, fantaseaban con la misma idea. Nunca se concretó. Incluso, el año pasado, cuando Argentina y Brasil negociaron el acuerdo vigente, desde el país vecino proponían ¡apertura ya! y los funcionarios de Cambiemos se opusieron. Lo que se acordó fue un régimen administrado de intercambio -conocido como Flex- y una nueva promesa para 2020. El problema no es la falta de palabra de los políticos; son las asimetrías.

Como están dadas las cosas, el libre comercio con Brasil significaría la desaparición de la industria automotriz argentina. ¿Por qué? Por varios motivos. Producir un 0km en el país es 25% más caro que hacerlo en cualquier planta brasileña. Este dato es anterior a la reforma laboral que implementó Temer, lo cual abarató, entre otras cosas, el costo de litigiosidad para las empresas. Brasil tiene un mercado que en el pasado ya superó las 4 millones de unidades y la Argentina festejará este año poder llegar a vender 900.000 vehículos, de los cuáles el 60% son importados del país vecino. A esto se suma que el sector autopartista brasileño es poderosísimo y que el Estado incentiva a las empresas a radicar inversiones mientras que en la Argentina se las castiga, poniendo el mayor peso impositivo -que en total representa 54% del valor de un 0km (en Brasil es poco más de 30%)- en la cadena de producción lo que hace que con cada auto que se exporta cerca del 20% sean impuestos. Está presión tributaria, sumado a otros costos, hacen que los autos en la Argentina estén entre los más caros del mundo, más que en Brasil y más que Europa, con quienes se quiere competir de igual a igual.

Además de estas asimetrías macroeconómicas hay un sinfín de distorsiones que llevarán años alinear. Un auto argentino y uno brasileño pueden ser iguales por fuera pero por dentro llegan a tener más de 200 diferencias. Algunas menores, otras profundas. Eso hace que cuando entra un vehículo en la línea de producción, hay que saber previamente hacia qué mercado va a ir. Las diferencias van desde cuestiones de seguridad hasta tipos de motor o exigencias de emisiones. Las variaciones de una legislación a otra son abismales y los requerimientos aduaneros hasta contradictorios. Pensar que todo esto se solucionará en dos años es un plan ambicioso pero es necesario hacerlo para competir en igualdad de condiciones y, recién después, se podría pensar en la apertura con Europa.

Si no fuera por el régimen de compensación del intercambio comercial que estableció Cavallo en los 90 y que ningún gobierno hasta hoy decidió eliminar, no habría industria automotriz en la Argentina, como hace mucho decidió no tenerla Chile y como acaba de hacer lo mismo Australia. La Argentina podría hacer lo mismo o seguir manteniendo la actual protección. También podría liberar sólo el rubro de autos - y que las leyes de mercado definan si es mejor importar o producir 0km - y proteger el segmento de pick-up en el que se está especializando. Cualquier alternativa demanda una definición política que tiene beneficios y costos. Lo que no se puede hacer es todo a la vez.

Mientras Macri y Temer se abrazan al libre comercio, la Argentina intimará en las próximas semanas a las automotrices locales porque pasaron el tope de importación que establece el Flex. Esto se debe a que por la crisis interna de Brasil, los 0km de ese país llegan en cantidad y a precios muy competitivos. ¿Qué pasaría con un sistema de libre comercio? Mientras Macri y Temer se abrazan al libre comercio, Brasil está haciendo ahora una propuesta más proteccionista, respecto a la apertura con Europa, a la presentada el año pasado porque sabe que en el cambio puede salir perdiendo. Los deseos de Macri y Temer pueden ser ambicioso pero otra cosa es la realidad.

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