Texto de Carlos Alfredo Pereyra
Fotos: Archivo Pagani Automobili y Exoticar

Parece mentira, pero ya van veinte años desde que me anoticié, así como al pasar, que un tal Horacio Pagani de Casilda (Santa Fe, Argentina), lanzaba su superdeportivo Zonda, fabricado en Módena (Italia). Por entonces, mi trabajo y vida social estaban algo alejados de una de mis grandes pasiones: los autos. Me dedicaba al cine publicitario, por lo que no estaba siguiendo minuto a minuto sus noticias (mucho menos las que proviniesen desde afuera del país), aunque ya me preparaba para volver a la industria combinando las dos actividades, puesto que maduraba en mi mente la idea original de lo que finalmente se convertiría en el programa de televisón “Planeta Camión”.

Por entonces, había cambiado las revistas que compraba y leía. De los autos pasé al mundo audiovisual y me deleitaba con “American Cinematographer” o “Cinefex”, ya que me había especializado en diseño y producción de arte audiovisual. Solo presté atención a la novedad, debido a lo singular y atractivo que era (y es) el Zonda; y que a su diseñador-constructor lo había conocido -de casualidad- unos años antes en Buenos Aires, durante una exposición que no era esencialmente de autos. Ahí me contó qué hacía y dónde trabajaba.

Este relato se origina debido a un algo tardío comentario que hice en la excelente nota que le realizó Dominico Savio Lee a Horacio Pagani la semana pasada, en el Salón de Ginebra 2019. Como C.C. y otros acotaron en los comentarios de esa nota-y además preguntaron algo- decidí ampliar la anécdota y describir con más precisión aquellos tiempos, protagonistas y lugares.

Supongo que fue a mediados de los ’90 (1994, creo), cuando se organizó por única vez una exposición en el Predio Ferial de Palermo (La Rural), llamada algo así como “Italia-Argentina”, donde empresas de allá y de acá mostraban lo que hacían (o lo que podían hacer) en innumerables rubros.

Fue un magno y elegante cocoliche, donde se podían ver desde marcas de pasta, o refinados ingredientes de cocina y vinos; hasta maquetas de helicópteros Augusta, o trenes diseñados por Pininfarina. Era la Italia potencia económica e industrial, que se mostraba al mundo, aún ya habiendo estallado el escándalo denominado “Mani Pulite” y siendo presidente Silvio Berlusconi, mientras acá en esos días campeaba el menemismo, apuntando hacia su segundo mandato.

O sea, puro humo: puesto que a la Argentina la esperaban la desinversión y falta de trabajo, y a Italia un serio blanqueo y descenso relativo en el ranking mundial. Todo un largo tema para conversar, y para contrastar, que conserva hasta hoy una absoluta vigencia.

La cosa fue que la expo tenía altibajos y no estaba resultando muy entretenida. Explotaba de stands de representación muy lujosos, con muchas maquetas de aviones o gigantografías de ruinas romanas. Sobraban funcionarios, o agregados culturales de embajada charlando con las elegantes promotoras, pero no había fierros. Mucho cóctel vip dentro de los stands, mientras los visitantes, como peregrinos sin rumbo, éramos ignorados.

Así deambulábamos, cansinamente, muy acalorados -con el pullover anudado al cuello, estilo Capusotto- y con una ristra de bolsas llenas con pesados folletos de empresas de ingeniería civil, que hacían represas. Por ahí veías un camión Iveco o alguna moto, pero no mucho más.

Todo cambió cuando, allá a lo lejos, despegando unos pocos centímetros del suelo, en un pequeñísimo stand estaba estacionado un Lamborghini Diablo 30 Aniversario, color púrpura. ¡Asombroso, no se podía creer! Le dimos varias vueltas, había que grabarse esa imagen y esa cercanía. No era habitual estar en presencia de algo así.

Ahora recuerdo por qué no llevaba la cámara fotográfica conmigo. El peso de mi equipo réflex Pentax era (como siempre) importante y en una expo uno quedaba normalmente sobrecargado de papeles y bolsas, así que fui ligero a Palermo. Lo siento, muchachos, pero mis fotos del auto, y de aquel joven Horacio Pagani, se las debo. En un bolsillo solo llevaba mi Movicom Phillips Isis (que apenas servía para hacer y recibir llamadas).

Pero, ¿quién era Horacio Pagani? El único con ese nombre conocido acá, por aquél entonces, era un periodista que escribía muy bien para Clarín sobre deportes y veladas de box en Las Vegas. Eso fue mucho antes de que interpretase a ese irascible personaje comentarista de fútbol devenido en representante de Riquelme.

El Horacio Pagani que nosotros hoy seguimos, y que se ha transformado en un embajador de lujo para los argentinos que admiramos el arte y la tecnología, era el único y amable recepcionista de ese extraño y despojado sitio, con un coche espectacular en el centro, y rodeado de vitrinas con maquetas de otros superdeportivos. No recuerdo identificación o logo que lo coronase, así que nunca supe bajo qué marca estaba expuesto. Visto el auto, y quedándonos muy cerca del mismo, un grupo de personas iniciamos una conversación con ese individuo, tan amable y dispuesto a contar cada detalle del Diablo.

Para la mayoría de la gente, y para uno mismo, cualquier coche es una escultura, y como tal la percibimos; pero para quienes traíamos formación en diseño industrial había algo más: la posibilidad de desmembrar al coche como producto y separarlo por partes producidas industrialmente.

Ese accesible y empático Horacio Pagani (pre Pagani Automobili) te contaba o contestaba todo, absolutamente todo lo quisieras saber. Eso lo ha distinguido siempre. Puede mostrarte el detrás de escena de lo excelso que hace, ya que es generoso transmitiendo conocimiento. Lo suyo no es información o argumento de venta: es una contundente demostración de su pasión y dedicación para mejorar lo que ya existe, y ponerlo más allá.

Por eso, se entusiasma cuando te cuenta su viaje. Y ese viaje que tantas veces contó, nos lo relató ahí por primera vez para nuestro asombro. Ahí estaban su habilidad con las manos, su pasado proyectando autos de fórmula para su hermano piloto, su admiración por Oreste Berta, su encuentro con Fangio y la recomendación por carta que el Quíntuple le hizo para que se le abrieran las puertas de Europa. Todo lo que ya sabemos.

También recorrimos bajo su guía el Lambo, y al darle una vuelta se detenía ante cada detalle hablando sobre la tecnología de fabricación, materiales, escalas de producción y las innumerables dificultades de trabajar en una empresa chica y empobrecida, como era Lamborghini por entonces.

Si bien ya formaba parte de Chrysler, estaba en un rincón, olvidada. Y con serias limitaciones para recibir inversión en investigación y desarrollo. A eso justamente se dedicaba Pagani, que ya tenía en su haber la experimentación y prototipado de un Countach construido en materiales compuestos, mejorando su performance, pero disparando sus costos de producción a dimensiones imposibles de ponerlo en fábrica. La empresa le había vetado la incorporación de dos autoclaves para curar las piezas de carbono de producción, así que se la jugó y pidió un préstamo para adquirir él mismo los dispositivos, y volverse a la vez tanto empleado como proveedor de la casa de Sant’ Agata Bolognese. Hubo dos alumbramientos entonces: la Edición Especial del Lamborghini Diablo, y a la vez Modena Design, la empresa madre de Pagani Automobili.

Como ejemplo, rescato la conversación acerca del diseño de los conjuntos traseros de luces del Lamborghini Diablo (que años más tarde se reprodujo, exactamente palabra por palabra, cuando Miguel Bustillo, diseñador de los buses de Metalsur nos contó cómo tenían que emplear luces traseras de camión ya desarrolladas y homologadas para poder equipar a sus vehículos). Hacer un diseño propio de luces sea en Lamborghini o en Metalsur no estaba al alcance de esas empresas chicas, y debían arreglárselas con lo que el mercado de reposición ofrecía. Diseño desde la escasez.

Terminado el meticuloso recorrido alrededor del Diablo, vino la conversación sobre esas impresionantes maquetas que mencioné en los comentarios de la nota de la semana pasada.

Ahí, directamente aluciné.

Horacio, muy suelto de cuerpo, nos comentaba que los fines de semana, o durante las vacaciones, hacía esas maquetas con diseños de superautos. Eran unas representaciones en escala 1:5, 1:4 y 1:10 de sus futuros proyectos. Nunca había visto algo así en ese tamaño, y tan livianas, esculpidas en espuma de poliuretano rígido, a lija, con una terminación superficial que las dejaba listas para ensayos aerodinámicos, o para pintarlas con la misma calidad que un coche real.

Este genio que había aterrizado en la Tierra, junto con su Lambo, nos contó que días antes de la expo había llevado al coche al Autódromo para una sesión de fotos, y nos señalaba que debido a su baja estatura no alcanzaba a tener una buena visibilidad hacia adelante (para atrás, directamente imposible). Sin ironía, y con profunda reflexión, nos remarcaba el especial nicho de mercado al que apuntaba un producto así: gente que ya tenía los mejores autos y que estaba en una etapa de alcanzar lo exótico. Para ellos diseñaban en Lamborghini. Conocían bien los países árabes ya que habían comprado el Lamborghini LM002, proyecto en el que un jovencísimo Horacio Pagani estuvo involucrado, cuando llegó a Italia en 1983. Ese bruto todo terreno V12, nacido militar, se construyó sobre la base de un Countach. Fue la punta de lanza para tender un puente de autos cada vez más extremos hacia el Medio Oriente petrolero.

Todo eso sirvió para asfaltar el camino de los futuros Zonda y Huayra. Pero esa historia recién comenzaría en 1999.

La exposición terminó ahí, para mí. No recuerdo más nada. El tiempo se detuvo. En algún momento, se llevaron a Pagani a charlar con alguien, o le presentaron a alguna personalidad. No dudo que hubiéramos seguido conversando de no haber interrupciones. Sólo conservo una tarjeta personal que me dio y que atesoro como un souvenir prehistórico.

Qué amable que fue conmigo.

Pero los caminos volvieron a juntarse. Años después, un Pagani Zonda protagonizó la filmación (sí, en esos años se imprimía material fílmico) de un comercial de YPF sobre las naftas Fangio XXI (ver video abajo). En un tramo del spot, un auto espectacular entra a un box a reabastecerse y lo hace por medio de una manguera de alta presión (tal cual lo hacía la Fórmula 1 de entonces) Mi equipo de realizadores hizo la maqueta de la manguera y el dispositivo de acople, y remitimos ese prop a la productora encargada de hacer el corto. La parte con el Zonda se rodó en un aeródromo de Miramar, y por estar ocupado con otras cosas, no pude presenciar la jornada. Debería esperar unos cuántos años para ver a un Zonda en vivo.

Haber hallado esa vez a un hombre visonario como Horacio Pagani, dialogar con él, y luego ver en retrospectiva todo lo que logró, ha sido para mí una permanente gratificación. Me reconforta poder escribir y contarles esto; ha sido muy significativo para mí ese breve encuentro. Placer de compartirlo.

Freddy Pereyra

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1994: cuando Horacio Pagani expuso por primera vez en la Argentina
Horacio Pagani nació en Casilda en 1955 y se radicó en Italia en 1982.

1994: cuando Horacio Pagani expuso por primera vez en la Argentina
Su primer trabajo fue en Lamborghini, donde colaboró en el desarrollo del LM002.

1994: cuando Horacio Pagani expuso por primera vez en la Argentina
Para Lamborghini también desarrolló el primer Countach construido por completo con materiales compuestos.

1994: cuando Horacio Pagani expuso por primera vez en la Argentina
El Diablo 30 Aniversario, que se expuso en el stand de Pagani durante la exposición "Italia-Argentina 1994".

1994: cuando Horacio Pagani expuso por primera vez en la Argentina
Cristina Pagani, Leonardo Pagani y Cristopher Pagani, con el sulky en fibra de carbono construido en el autoclave de Modena Design, la empresa de Horacio Pagani predecesora de Pagani Automobili.

1994: cuando Horacio Pagani expuso por primera vez en la Argentina
Dibujos de Horacio Pagani para Lamborghini.

1994: cuando Horacio Pagani expuso por primera vez en la Argentina
Maquetas de Horacio Pagani para Lamborghini.

1994: cuando Horacio Pagani expuso por primera vez en la Argentina
Diseño del Lamborghini Countach 25 Aniversario, firmado por Horacio Pagani.

1994: cuando Horacio Pagani expuso por primera vez en la Argentina
Primeras maquetas construidas por Horacio Pagani.

1994: cuando Horacio Pagani expuso por primera vez en la Argentina
Maqueta construida para Lamborghini.

Juan Manuel Fangio y Horacio Pagani. Varias cartas de recomendación del Quíntuple le abrieron las puertas de Europa.

1994: cuando Horacio Pagani expuso por primera vez en la Argentina
Una de esas cartas, dirigida a Enzo Ferrari.

1994: cuando Horacio Pagani expuso por primera vez en la Argentina
Tarjeta personal que Horacio Pagani le entregó al autor de esta nota.

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VIDEO: YPF Fangio XXI - Publicidad

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