En los años ’80, las noticias internacionales sobre autos tardaban entre dos y tres meses en llegar a la Argentina. No hablo de 1880. Me refiero a 1980.

En esos años, el telégrafo ya se había inventado. También la radio y la televisión. Pero, si eras un pequeño nerd de los autos -como lo era yo- tenías que ejercitar la paciencia y dominar la ansiedad.

La única forma de recibir noticias de autos en aquella época era comprando revistas de autos europeas. Y tardaban muchísimo en llegar. No era que los barcos mercantes navegaran a vela. De hecho, te juro que en 1980 ya se habían inventado hasta los aviones. Se trataba sólo de un problema de “circulación”.

En la jerga de la industria editorial, se llama “circulación” al recorrido que realiza una publicación, desde que sale de la imprenta hasta que completa su ciclo comercial: se transporta en camiones hasta los kioscos y se exhibe en los puestos con suerte dispar.

Algunos ejemplares tienen la fortuna de ser comprados por algún lector, que se lo lleva a su casa (para leerlo, atesorarlo o envolver huevos).

Otros ejemplares, los menos afortunados, pueden pasar semanas en exhibición. Hasta que llega el número siguiente de esa publicación.

Entonces, y esto pocos lo saben –porque además de nerd de los autos, me apasionan todos los pequeños misterios de la industria periodística-, esa revista que muchos atesorarían, pero al final nadie compró, se convierte en “pieza de devolución”.

Vuelve en camión a la editorial y se guarda en un depósito. Si tiene mucha, pero mucha suerte, tal vez en varios años alguien compre esa revista como “ejemplar atrasado”.

En los ’80, las revistas de autos argentinas estaban tan concentradas en las novedades locales que casi no informaban sobre lo que ocurría fuera del país. ¿Para qué, si total la importación de autos estaba prohibida?

Pero la importación de revistas, no.

Y algunos distribuidores comenzaron a traer al país revistas extranjeras. Las españolas, por una cuestión de idioma, eran las más populares. Esos ejemplares llegaban con dos o tres meses de retraso, porque el importador las compraba como “piezas de devolución”. Eran verdaderos saldos de papel, pero con buenas fotos y textos sobre autos.

Con mi hermano Orly comprábamos en el kiosco de la estación de trenes de Acassuso –aún hoy, uno de los más importantes del país en materia de revistas importadas- varias publicaciones extranjeras.

La francesa Sport Auto era nuestra favorita, pero resultaba carísima. Lo mismo pasaba con las legendarias Road&Track y Quattroruote, de Estados Unidos e Italia. Las alemanas Auto, Motor und Sport y AutoBild eran un poco más accesibles, pero no entendíamos un cazzo de alemán.

Las revistas españolas, en cambio, ofrecían una buena relación precio/comprensión-de-textos. Comprábamos Autopista, Automóvil, AutoHebdo y Sólo Auto. Especialmente, Sólo Auto. No porque fuera mejor que las otras. La comprábamos porque era la que tenía la frecuencia más constante y pareja en la Parada Acassuso.

Si pensás que las SUVs son una moda reciente, tengo una noticia para vos: ya en los ’80, Sólo Auto dejó de dedicarse a los vehículos de calle y pasó a llamarse Sólo Auto 4x4, para poner el foco en los todo terreno y las primeras SUVs.

Por eso, el evento más importante del año para esa revista era el Rally París-Dakar de enero. Lo cubrían periodísticamente y lo corrían deportivamente varios cronistas de esa redacción. Los más reconocidos, Juan Porcar y Raymond Blancafort.

Blancafort es un ingeniero y periodista con gran experiencia. Un tipo con muchos años de oficio, muy metódico en los datos y con un humor genial. “Ví correr a Ben Hur. Las ruedas de cedro del Líbano marcaron diferencia”, bromea hoy sobre su veteranía, desde una cuenta en Twitter.

Porcar, en cambio, era un poeta del periodismo de autos. Los textos sobre sus desventuras en África eran fenomenales. Nunca ganó nada. Siempre se extraviaba en las dunas. Vivía penando con problemas mecánicos. Sin embargo, se subía al podio de los campeones cuando se ponía frente al teclado y aporreaba con sus dedos un texto siempre magistral. Era un cuentista del automóvil.

Crecí leyendo las crónicas de Porcar sobre sus travesías por los desiertos africanos.

En las próximas horas, voy a estar viajando a Marruecos. Nissan me invitó a probar toda su gama internacional de vehículos 4x4, en las dunas del Sahara.

Nunca estuve en ese lugar. Pero lo conozco desde chiquito. Me lo enseñó Juan, en las páginas de una revista que se creía condenada a ser “pieza devolución” y que terminó -por esas casualidades de la circulación- del otro lado del Atlántico y a miles de kilómetros de España: sobre en mi mesita de luz.

C.C.

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El desierto africano, según Autoblog
Juan Porcar, director de la revista española Sólo Auto 4x4 y piloto del Rally París-Dakar.

El desierto africano, según Autoblog
En el Desierto del Sahara vamos a probar la gama internacional completa de Nissan 4x4. Son los herederos del legendario Patrol (foto principal y sobre estas líneas).

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