Martín Christie (foto de arriba) es el Señor Rally: este cordobés de 64 años fue navegante de algunos de los mejores pilotos de la especialidad en los años ’80 y 90. Con sus apuntes en las manos, le cantó las curvas a campeones como Jorge Recalde, Gabriel Raies, Ernesto Soto, Massimo Biasion, Juha Kankkunen y Didier Auriol (leer entrevista).

Ya retirado de las carreras, una vez al año, Christie se aleja unos días de su casa en Villa Carlos Paz para instalarse en San Isidro. La familia Pérez Companc –empresarios y coleccionistas de autos- lo designó como su representante y vocero para los autos que exhiben en Autoclásica.

Salvo por un paréntesis entre 2009 y 2015, los Pérez Companc son habitués de Autoclásica desde las primeras ediciones. En aquellos tiempos, Gregorio “Goyo” Pérez Companc subía al escenario manejando sus propios vehículos, para recibir los diferentes premios que ganaba (leer historia).

Goyo cumplió 84 años en agosto pasado y decidió delegar esa tarea en Christie y el equipo de mecánicos, encargados de preservar la colección ubicada en su residencia de Escobar, justo detrás de uno de los emprendimientos más famosos de la familia Pérez Companc, Temaikén.

Autoblog dialogó con Martín Christie para conocer más acerca de la decisión de los Pérez Companc de compartir su colección de autos con los visitantes de Autoclásica.

-¿Cómo se toma cada año la decisión de qué autos de la colección Pérez Companc se expondrán en Autoclásica?
-Este año es un caso especial, porque la familia decidió compartir el mismo espacio con las motos de competición de los Scalise. Así nació la idea de este espacio llamado “Leyendas de la Competición” (ver fotos). La colección de motos de carreras de los Scalise debe ser una de las más grandes del mundo. Todas las motos que trajeron a Autoclásica tienen un historial espectacular. Por eso, se decidió acompañarlas con autos que también fueran de competición.

-¿Y cómo se eligieron la Ferrari, el Talbot y la Bacquet Reo?
-La elección de los autos corre siempre por cuenta de Goyo y su hijo Luis, que son los que dedican más tiempo al museo. Son dos verdaderos apasionados de los autos. La Ricci, así llaman a esta Ferrari con publicidad de carteras Ricci, nunca se había expuesto antes en Autoclásica, así que la elección fue sencilla. El Talbot Lago fue un auto que llegó a correr Juan Manuel Fangio y que tampoco se había mostrado en San Isidro. Y la Reo, bueno, es parte de la historia pionera del automovilismo argentino.

-Usted y muchos allegados a la familia Pérez Companc llaman “museo” a esta colección privada. ¿Hay intenciones de convertirla alguna vez en un museo abierto al público?
-No, porque es un espacio privado de la familia. La idea de los Pérez Companc es ir exponiendo, de a poco, toda su colección en Autoclásica. Este es el lugar más apropiado. La intención de ellos es que los protagonistas sean siempre los autos.

-¿Cuántos autos componen la colección de los Pérez Companc?
-No sabría decirlo con precisión. Son muchos. Lo bueno es que, de a poco, se van a ir viendo todos en Autoclásica.

Entrevista de C.C.

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La Ricci. Así llaman los Pérez Companc a esta Ferrari que compraron en 2007, durante una subasta de la marca de Maranello (leer historia).

Los autos de Pérez Companc comparten la carpa "Leyendas de la Competición" con las motos de carreras de la familia Scalise.

Ášnica carpa de Autoclásica 2018 que tiene hasta una web propia con los datos de todos los ejemplares exhibidos.

El estado de conservación de esta Ferrari te pone la piel de pollo.

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