Autoclásica, la exposición de autos más importante de Sudamérica, se organizó siempre en el Hipódromo de San Isidro. Pero, durante las primeras ediciones, los autos se exhibían en un sector anegable: los jardines ubicados junto a la Avenida de Unidad Nacional. Después de la gran inundación del 2007 (ver nota de archivo), toda la exposición se mudó al sector actual: la zona de Márquez y Santa Fe.

El otro día, mientras armaba la nota sobre todos los ganadores del premio Best of Show (leer completa), llegué a una conclusión curiosa: tengo asistencia perfecta a este evento. Estuve en las 17 ediciones que se organizaron en estos 20 años (en 2001, 2002 y 2003 estuvo suspendida, por la crisis de la Argentina).

En aquellos primeros años no existía Autoblog, que publicó su primera cobertura de este evento recién en el año de su nacimiento, 2006. Entre 1998 y 2005, visité la exposición como fanático de los autos. Pero también como periodista del diario Ámbito Financiero y otras publicaciones.

Trabajé cinco años para los medios del empresario periodístico Julio Ramos (Ámbito, La Mañana de Córdoba y Ambitoweb). Fui editor de Información General y cronista de Economía, Política y Policiales. Pero, cada vez que podía, me las ingeniaba para escribir sobre autos.

En 1998, cuando visité la primera edición de Autoclásica, me encontré con una noticia interesante para un diario de economía y negocios. El empresario más rico de la Argentina, Gregorio Pérez Companc, había elegido el Hipódromo de San Isidro para exponer por primera vez su colección de autos en público.

Goyo había llevado un Shelby Cobra, un Ford GT40, un Chevrolet Corvette Stingray, un Dodge Viper GTS y varios ejemplares del Ford T (tiene una de las colecciones más completas del mundo sobre ese modelo). Sin embargo, el vehículo más espectacular no era un auto clásico: era la Ferrari F50, el último ejemplar de los 350 fabricados por Maranello, que había llegado al país ese mismo año. El importador Julio de Marco contó en esta nota cómo Goyo compró ese auto.

Con esa F50 comenzó a crecer la otra especialidad de su colección: las Ferrari de serie limitada (también tiene una Enzo) y de competición (posee ejemplares ganadores de Fórmula 1 y Le Mans).

En Ámbito Financiero se trabajaba de domingos a jueves (porque el diario, aún hoy, sale de lunes a viernes). Así que ese domingo, después de la premiación, me fui directo a la redacción de San Telmo. Escribí un artículo para el cual había hecho algunas averiguaciones en los jardines del Hipódromo: el negocio de los autos clásicos como inversión y la colección de Pérez Companc como ejemplo de ese business-hobby.

El lunes, cuando llegué a mi escritorio, me puse a leer mi propia crónica en papel, mientras almorzaba la famosa ensalada de la cafetería del diario: una mezcla insólita de arroz, remolacha, choclo, lechuga, tomate, atún, pollo y huevo duro. En eso, sonó mi teléfono. Era la secretaria del Cuarto Piso, donde estaba la Dirección del diario: "Le paso con el Señor Ramos", me dijo.

Me quedé con el tenedor en el aire.

Ramos era un excelente periodista. Pero tenía un carácter de mierda. Cuando entré a trabajar con él, cometí la estupidez de mencionarle mi pasado imberbe de militancia trotskista, entre los antecedentes de mi currículum.

Justo a él, que dirigía el diario más capitalista, de derecha y -por aquél entonces- menemista de la Argentina. Tuvimos discusiones políticas muchas veces y siempre me pregunté por qué demonios me había contratado. Hasta que un día me lo confesó.

Una noche en Córdoba, después de haberse tomado tres Campari con jugo de naranja -su trago favorito-, empezó a hablar sobre su pasado comunista en una mesa del bar Company. Estaba rodeado por varios periodistas del diario. Resultaba que Julio Ramos también había sido militante de izquierda en su juventud. Y hasta recitó ante los reporteros que hoy son leyenda -Roberto García, Carlos Pagni, Willy Kohan, Chiche Gelblung e Ignacio Zuleta- los poemas prosoviéticos que había escrito en su adolescencia.

Los remató con esta frase que me tiró sin tapujos: "No se preocupe, Cristófalo, ya se le va a pasar: ¡el que no fue de izquierda a los 20, es idiota a los 40!". El resto de la mesa se cagó de risa. De mí.

La cuestión era que, si Ramos te llamaba por teléfono apenas llegabas al diario, sólo había dos posibilidades: estabas despedido (le encantaba decírtelo en persona) o te iba a putear por lo que habías escrito (y acto seguido te congelaba en tu puesto por varios años).

"Escuchemé, Garófalo -era como el Señor Burn, millonario, pelado, gruñón y le costaba recordar los nombres de sus empleados-. Me acaba de llamar la gente de Pérez Companc. Mi amigo Goyo está furioso por la nota que usted publicó hoy".

Tragué saliva.

"Lo que más le molestó a Goyo fue que usted consiguiera los precios de los autos y que haya sacado el cálculo de todo lo que ganó invirtiendo en Ferrari en estos meses. Me dijeron que Pérez Companc no quería que se supiera cuánto está invirtiendo en autos, pero los datos son correctos. Así que lo llamo para felicitarlo. Buena nota. Siga así".

Y colgó.

Esos segundos de charla fueron como años. Podía dar fe de eso la lechuga que todavía colgaba de mi tenedor: se había marchitado, supongo que por la tensión del diálogo. Fruncida: igual que mis partes más íntimas.

Estaba por comerme ese bocado mustio, cuando volvió a sonar el teléfono. Era el jefe de Recursos Humanos: "Escuchame, Cristófalo. No sé bien qué hiciste, pero Ramos me acaba de pedir que te aumente el sueldo. A partir del mes que viene pasás de 2.500 a 3.000 pesos".

En 1998, eran dólares.

Me sentía Pérez Companc.

Pero no por la plata. Gracias a Autoclásica yo también había descubierto mi propio business-hobby: escribir sobre autos.

Carlos Cristófalo

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Antes de la inundación: así fueron las primeras ediciones de Autoclásica
Entre 1998 y 2007, Autoclásica se realizó en la zona del Hipódromo de San Isidro ubicada junto a la Avenida Unidad Nacional.

Antes de la inundación: así fueron las primeras ediciones de Autoclásica
Los autos se exhibían sobre el césped, como si fuera el campo de golf de Pebble Beach.

Antes de la inundación: así fueron las primeras ediciones de Autoclásica
En aquellas primeras ediciones se exhibieron autos que nunca volvieron a verse en la exposición, como este Peugeot 205 Turbo 16.

C.C. vintage y el 205 Turbo 16, leer historia.

Antes de la inundación: así fueron las primeras ediciones de Autoclásica
Las primeras carpas de Autoclásica eran modestas. Los autos siempre fueron únicos y espectaculares.

Antes de la inundación: así fueron las primeras ediciones de Autoclásica
La Ferrari F50 de Gregorio "Goyo" Pérez Companc se expuso en dos ediciones de Autoclásica: 1998 y 2008. También estuvieron las F40 y Enzo (leer más).

Antes de la inundación: así fueron las primeras ediciones de Autoclásica
En los primeros años, Goyo en persona recibía los premios por su colección de autos.

Antes de la inundación: así fueron las primeras ediciones de Autoclásica
Ya existía la rampa de premiación. Ya existían los días nublados de Autoclásica.

Antes de la inundación: así fueron las primeras ediciones de Autoclásica
Hasta que, el 13 de septiembre de 2007, diluvió.

Antes de la inundación: así fueron las primeras ediciones de Autoclásica
Todo el predio se inundó y los autos transformaron el pasto en barro.

Antes de la inundación: así fueron las primeras ediciones de Autoclásica
Clásicos rescatando a otros clásicos.

Antes de la inundación: así fueron las primeras ediciones de Autoclásica
Esa edición pasó a la historia como "Barroclásica".

Antes de la inundación: así fueron las primeras ediciones de Autoclásica
El tránsito del público terminó por convertir a todo el campo en un lodazal.

Antes de la inundación: así fueron las primeras ediciones de Autoclásica
En la edición 2008, Autoclásica se mudó a la zona del Hipódromo de Santa Fe y Márquez, donde están los boulevares asfaltados.

Antes de la inundación: así fueron las primeras ediciones de Autoclásica
El sol siempre vuelve a salir para Autoclásica.