Por Hernán Charalambopoulos
Nota publicada originalmente en www.vaderetro.com.ar

La Ferrari de los pobres, la Ferrari de los que no son ferraristas… Camina poco, no dobla como una 308, es más pesada, etc, etc, etc.

Les propongo a los lectores que agarren un chasis para auto de cuatro plazas, le claven un V8 detrás de los asientos traseros y lo hagan lo más compacto posible, pero con capacidad de baúl suficiente para un viaje.

Que sea lindo, pero a la vez agresivo, que tenga espacio para la refrigeración del monstruoso motor trasero (en verdad central), que también cumpla con los parámetros de visibilidad y también que se adapte a las normas de seguridad del exigente mercado americano (con sus horribles paragolpes). Y, además, que sea amable con las demandas técnicas de los insoportables ingenieros de la marca…

Después de todo eso, escuchar al señor de marketing que nos diga que a los alemanes les gusta esto, a los americanos lo otro y así con todo el globo terráqueo moviéndose de un lado a otro. Es verdad que para entonces la marca no era tan populosa como ahora y no estaba presente en tantos países, con lo que las presiones (al menos de mercado) no eran tan estrictas como ahora, que Ferrari se ha convertido casi en un constructor generalista.

Bueno… cuando todos los cerebros terminan de exponer sus validísimos argumentos, te dejan en una habitación con un block A4 en blanco y un lápiz en la mano. “Nos vemos en una semana”, te dicen apuntándote con el indice a la frente, pero sin gatillar con el pulgar (todavía).

Lo primero que se le ocurre al diseñador en ese instante es salir corriendo a llamar a su mamá, para que lo devuelva a los lindos días en los que nadaba feliz en el tibio líquido amniótico.

Seamos realistas: la Mondial 8 ostentó durante muchos años la cucarda de ser la Ferrari más vendida, con más de seis mil unidades entregadas desde 1980 hasta 1993.

Tamaña longevidad no llega por casualidad. Hasta hubo versiones Cabrio de este discutido cuatro plazas, para que el cielo californiano pegue de lleno en la piel untada de Hawaian Tropic sin protector, como se estilaba en los años en que estos cabrios andaban por la vida, montados por personajes de rulos alocados, acompañados por señoritas vestidas con hombreras generosas y jopo infinito.

No era fácil tampoco para la pobre Mondial 8 reemplazar a una de las Ferrari estilísticamente más logradas de todos los tiempos: la Dino GT4, en sus versiones 308 y 208, una verdadera demostración de que Bertone estaba en esos años siempre un escalón por afuera (no por encima, sólo por afuera) del resto de los estudios de diseño.

Así las cosas, el Patito Feo de la casa, denostado, criticado y humillado por el pueblo ferrarista se las ingenió para sobrevivir a lo largo de trece años mutando en su mecánica y versiones que lo llevaron desde el anémico motor inicial, a implantarse en 1982 un corazón más atlético con cuatro válvulas por cilindro y una vestimenta más agresiva, cosa que se fue evidenciando aún más son el correr de los años y la llegada de las series sucesivas que aumentaban su potencia (y complejidad mecánica), manteniéndola siempre en el catálogo de la marca.

Hoy no sabemos si es una buena o mala inversión, pero seguramente comenzará a tener adeptos entre quienes el morlaco esquivo no les permite llegar a otras cosas y empiezan a ver con cariño este auto.

Es como cuando se hacen las cinco de la mañana y las minas buenas ya están todas ocupadas. En ese momento empezamos a pispear a esa pebeta que de entrada pasábamos por alto.

A esta altura del baile, la pebeta parece ser la mejor opción aunque el supuesto “descarte” en el que decidimos zambullirnos seguramente depare más de una grata sorpresa. Si yo estuviera en situación de baile con poca suerte y a punto de amanecer, sin dudar un segundo me cuelgo de una Mondial. Y no la suelto nunca más.

H.Ch.

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Galería: Ferrari Mondial: ¿el Patito Feo?

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