Por Hernán Charalambopoulos
Nota publicada originalmente en VaDeRetro 

El título, robado a esa gran pluma que engendró el barrio de Palermo, le calza perfecto a esta efeméride: por estas horas se cumple un cuarto de siglo del anuncio oficial de la entonces Fiat Auto, respecto al destino de la escudería Lancia Corse.

Después de haberse clavado diez Copas del Mundo y en medio de semejante paliza para todos y todas, los muchachos alegremente de la mano del histriónico Paolo Cantarella, deciden dejar de competir en el Mundial de Rally.

El motivo era sencillo: el gobierno italiano les había prácticamente regalado hacía poco tiempo Alfa Romeo, quitándosela de las fauces a Ford Motor Company.

Esta fue la segunda gran frustración de la marca ovalada, por hacerse con un poco de prestigio latino. Recordemos que a finales de los sesenta, Fiat también les birló sobre la hora a los americanos el control accionario del Boliche de Don Enzo.

Cuando esta gente se encontró con Alfa Romeo, se les nublaron las ideas y en un rapto de miopía pocas veces visto en la historia del automóvil, deciden despojar de todo rastro de testosterona a los Lancia, para darle la suma del poder deportivo a la por entonces cascoteada Casa de Arese.

La historia la conocemos todos: Lancia comenzó a hacer autos sin ningún tipo de atractivo ni garra, porque según los cráneos de entonces (y de ahora) no hay que mezclar las cosas: Alfa Romeo es deportivo y Lancia es… bueno, todavía no lo descubrieron.

Décadas más tarde entendieron que elegancia y deportividad pueden ir de la mano y ahí está Maserati, volviendo de la oscuridad con productos que honran al menos el palmarés de la marca.

Ya era tarde: Kappa, Delta III, Thesis, Lybra por nombrar los más fatídicos ejemplos ayudaron al desenlace final. Desde que se quedaron con Alfa Romeo, nunca supieron qué hacer con Lancia, una marca que en otras manos hubiera tenido un destino seguramente diferente.

Vale también decir que si no fuera por Fiat, Lancia hubiera desaparecido a finales de los sesenta, ya que fue rescatada por la familia Agnelli de las pesadas deudas que cercenaban su entonces brillante presente tecnológico. Nobleza obliga a reconocerlo, pero también a decir que a medida que la independecia proyectual de Lancia desaparecía y mandaban los fríos números de Fiat, la marca entró lentamente en un declive del que la salvó su exitosa participación en competiciones internacionales. Cuando se secaron los laureles, el tobogán se hizo más empinado.

El recorte de prensa del 19 de diciembre de 1991, que se publica acá arriba, representa el comienzo del fin.

  • El autor es diseñador argentino y durante cinco años trabajó en el Centro de Diseño de Lancia, en Italia. Actualmente es editor del sitio VaDeRetro, y coleccionista de autos clásicos, entre los que se encuentra un Lancia Gamma Coupé.
Enviá tu noticia a novedades@motor1.com