Texto y fotos de Gustavo Feder
Editor de Autohistoria

Quienes atravesamos la infancia en los años ’70, lo hicimos en un país donde “Industria Argentina” era una sólida marca registrada que le ganaba por goleada a cualquier “Made in..”. Junto a la producción automotriz local, consolidada en una decena de fábricas, un mundo paralelo replicaba en escala y fielmente la mayoría de sus modelos.

Detrás de esta realidad lúdica, estaba Haroldo “Buby” Mahler, un vecino de Berazategui que una década antes había puesto en marcha una industria artesanal. Su chalet de Ranelagh fue la casa matriz de una multicolor línea de montaje, que deslumbraba rostros pueriles.

Con aprobación de las filiales nacionales de las automotrices, la reproducción de sus modelos llegaba a las vidrieras de las jugueterías de todo el país en seductoras cajitas amarillas y rojas.

Convertida en la pujante empresa Miniaturas Buby, la fabricación progresó hasta alcanzar, en sus mejores épocas, los 1.000 autitos diarios, convirtiéndose en la “automotriz” de mayor producción de entonces.

Por lejos, la marca Buby encabezaba el pelotón de nuestra alegría, relegando a un segundo plano a la chocolatada Cindor, al dulce de leche Gándara y a las papas fritas Bun.

Salir de la escuela rumbo a la juguetería y canjear por sonrisas la compra de nuestros padres era una experiencia insuperable. Tal vez, sólo la adquisición del primer 0 km –para quienes tienen la suerte de poder hacerlo- pueda compararse con la enorme felicidad que sentíamos al abrir los envases de cartón y saber que ya podíamos jugar con el cochecito alojado en su interior.

Era nuestra forma de manejar al auto de papá, del tío o del abuelo, de subirnos a la camioneta del verdulero o al camión con doble acoplado del vecino. O bien, de manejar el colectivo que pasaba por la puerta de casa.

El pasa-manos generacional entre hermanos y las interminables mudanzas de piezas y casas ralearon mi colección hasta desmenuzarla en un paradero incierto.

Años más tarde, no importa cuántos, me encontré con muchos de los autitos con los que jugué de niño, gracias a la noble iniciativa de Diego Javier Casal, un joven coleccionista que desde hace quince años atesora una colección de modelos a escala de industria nacional, posiblemente, la más extensa en calidad y diversidad.

Bajo el título "Buby, un sueño sobre ruedas", el Museo del Golf "Roberto De Vicenzo", de la Ciudad de Berazategui, exhibió este fin de semana parte importante de sus valiosas piezas.

Desde los Mini–Buby a los Buby Bus, pasando por los Buby 88 y Buby Colección, la muestra agrupaba por épocas y escalas una buena porción de la producción desarrollada a lo largo de más de tres décadas. Prolijamente alojados en exhibidores vidriados, los distintos modelos lucían como en una juguetería de época, muchos de ellos acompañados de sus cajitas originales.

Párrafo aparte merece el exhibidor de los Mini-Buby, completo, con los calcos originales y, por supuesto, con todos los modelos alojados en sus respectivos lugares.

Además de cochecitos, la muestra incluyó un completo sistema ferroviario con locomotoras y vagones, rieles y topes de vía.

Ambientando adecuadamente la exposición, las paredes del salón exhibían publicidades de diferentes períodos, correspondencia y documentos sobre la actividad de la fábrica.

Con el apropiado título “Un viaje a la patria de la infancia”, un banner resumía la historia de la empresa.

Una acertada iniciativa fue la invitación al público para que se expresara y contara sus historias a través de unos simpáticos cartones coloridos con silueta de autobús. “¿Quién no tiene una historia con estos autitos?”

Haroldo Mahler es un ídolo de bajo perfil mediático, que bien merece compartir la misma vitrina de gloria junto a Martín Karadajian, Carlitos Balá, el Capitán Piluso y otros admirados personajes de nuestros tiempos más añorados. Es, además, el responsable de buena parte de las horas de felicidad de mi niñez y de la de otros niños de mi generación.

Darse una vuelta por el Museo del Golf fue como regresar a la escuela primaria y reencontrarse con mis queridos compañeros. Un paseo emotivo por la cálida patria de la infancia, allí donde nada malo puede sucedernos y las rueditas de los Buby ponen en movimiento nuestros sueños.

G.F.

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Homenaje a Buby: la patria de la infancia
Diego Casal, organizador del evento, junto al gran "Buby" Mahler.

Galería: Homenaje a Buby: la patria de la infancia