El argentino Leonardo Valente, el chileno Christian Henriquez y el mexicano Javier Rincón cumplieron con el objetivo de fabricar un sistema para convertir en híbrido a cualquier auto de calle. Lo explican en esta nota exclusiva para Autoblog.

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Texto de Leonardo Valente (Leov)
Fotos de Exponential Motor Company

Aclaración importante: este es un resumen especial en agradecimiento a los amigos de Autoblog, que colaboraron en nuestra campaña de crowdsourcing (ver nota) y apoyaron la locura de tres pibes lejos de casa, haciendo híbrido un auto cualquiera, en muy poco tiempo y con muy poca plata.

Hay muchas historias que van a quedar afuera de la nota, pero si querés escucharlas en vivo de parte de sus protagonistas, está atento a las agendas de los Festa Groups de aquí y allá, o ayudá en la organización de un asado en tu localidad, con gusto asistiré(mos).

Hace menos de un mes, en esta nota me saqué el gusto de contarles la experiencia fantástica que viví durante 70 días en el Silicon Valley de Estados Unidos, desde el punto de vista de los fierros. Y, en esta otra nota, les pedí ayuda para nuestro proyecto final en Singularity University, donde inspirados por un compañero que nos dijo “si no saben qué hacer, hagan lo que más les apasione en la vida”, nos decidimos con dos amigos latinoamericanos a probar que no era tan difícil convertir un auto cualquiera en un híbrido. Y hacerlo andar.

La historia arrancó el domingo 3 de agosto, cuando la reflexión acerca de lo que era lo que más nos gustaba, sumada a la queja telefónica con parientes sobre lo fácil que es disponer de un híbrido o un eléctrico en California, y lo difícil que es hacerlo en cualquiera de nuestros países, nos llevó a investigar si podríamos llevar la tecnología cada vez más popular en bicicletas y motos eléctricas a cualquier auto de los nuestros.

Ahí descubrimos a la gente de Protean, que había tenido una idea similar, pero habían elegido el camino de motores de 18” para convertir vehículos de muy alta gama (¡su primer prototipo es un Mercedes-Benz Brabus!) y confirmamos que nadie estaba pensando en este camino como una solución pragmática para los países emergentes.

Sobre el final del día, ducha mediante, surgió la idea de armar un prototipo importante, en ese momento un Karting Híbrido (con toda la diversión que iba a significar probar un go-kart en las calles desiertas de la base Ames, y dentro de los 2000 dólares de presupuesto). La propuesta prendió de inmediato, se sumó Javier al equipo y muchos que ya estaban comprometidos con otros proyectos ofrecieron su ayuda desde afuera, tan entusiasmados como nosotros.

Un par de reuniones con mentores nos llevaron al punto siguiente: un go-kart era muy divertido, pero tenía muy poco que ver con los conceptos que queríamos probar, y en palabras de otros era “demasiado fácil”, por lo que un auto de verdad era la próxima salida. A todo esto quedaban 13 días y faltaban, como mínimo, cuatro mil dólares para hacer un prototipo decoroso. Los motores salían tres mil dólares con envío y todo, un precio caro pero el único que nos prometía una entrega a tiempo.

Arrancamos el jueves 7 con la visión de que una campaña de crowdfunding (Kickstarter en ese momento) podría acercarnos la plata que hacía falta, y en la búsqueda de un auto en los lugares más baratos que pudimos encontrar.

El mito popular dice que se consigue un auto en cualquier lado por 500 dólares, pero la verdad es que algo decente, con los papeles en regla y sin mayores complicaciones mecánicas está siempre tres veces por encima de esa cifra. Finalmente, conseguimos un Hyundai Accent 2004 bastante lejos de Mountain View, en un precio razonable. La vuelta de prueba mostró que andaba muy bien de mecánica (el mecánico/chapista que lo estaba vendiendo se sorprendió del manejo de caja manual), aunque quedaba claro que había sido repintado varias veces. En este caso, eso no era importante.

La negociación duró tres horas, e implicó no menos de siete medios de pago diferentes. Finalmente, lo llevamos andando hasta la Universidad a paso tranquilo, mientras lo seguíamos desde un Ford Focus alquilado.

Fue un anticipo de las diez jornadas de tensión, dos pasos adelante y uno atrás (struggling, le dicen por allá) que íbamos a vivir. El resto de los días nos llevaron a:

  • Pasar un día comprando baterías, herramientas y accesorios. Conseguimos seis marinas de ciclo profundo en oferta, que pesaban como 30 kilos cada una (el Focus hacía “willie”).

  • Para el video de Indiegogo nos tomamos prestado un pedacito del tema Zoom. El domingo nos agrega a Facebook y lo encara al mexicano por mensaje personal alguien bastante conocido: “Hola, soy Charly Alberti (Soda Stereo), ¿cómo los puedo ayudar con la campaña?”. Charly es un ídolo para mí, pero para los latinoamericanos es un semidiós, ¡no podíamos creer lo que nos estaba pasando!

  • El lunes conseguimos un seguro “sin preguntas” para vecinos sin número de seguro social y ya pudimos manejarnos en el auto, comprar más partes y repuestos.

  • La campaña avanzaba de a poquito y la plata hacía falta... el chileno se puso el cuchillo entre los dientes y le sacó algo a toda persona que se le cruzó en el camino.

  • La suspensión del Accent 2004 es un esquema muy refinado de brazos independientes (versiones más modernas volvieron a las semi-independientes), que brinda un gran andar, pero complicaba nuestro proyecto. Como fue imposible sacar el centro de rueda, tuvimos que irnos hasta un desarmadero de Hyundai en Sacramento y comprar dos centros de suspensión completos, cortarles el centro y diseñar una placa de aluminio donde poder soportar el motor. Esa placa la preparó un tornero que se decidió a ayudarnos porque le cayó simpática la remera de Ram que me había comprado para ponerme en situación de mecánico.

  • Para el fin de semana organizamos un Hackatón fierrero “en la NASA”, colgamos carteles en las casas de repuestos (PepBoys, Autozone, O’Reilly) y convocamos por mail a los grupos de interés en autos eléctricos de la zona. Aparecieron cuatro o cinco personas para ayudar, destacándose Erik, un “loco lindo” que con su camioneta llena de herramientas y muchas ganas nos dio una mano grande para ir superando los diferentes problemas en el armado.

  • No faltaron los momentos difíciles: darnos cuenta que la placa no funcionaría en vertical sino en horizontal llevando el eje diez centímetros para atrás, el tornillo retén que se rompió adentro de las placas, y el motor que se “enroscó” durante las pruebas, poniendo en riesgo los cables. Pero la moral seguía alta. El miércoles había llegado Pablo, amigo y socio, que nos estaba dando una mano con la electrónica que coordinaba el diagnóstico del auto con los controladores, que dicho sea de paso llegaron el viernes sobre la hora.

Finalmente (y para resumir, ciertamente es imposible contar todo acá) el lunes 18 al mediodía corrimos las primeras pruebas del prototipo. Para no romper todo le dimos un pequeño movimiento a nafta y luego conectamos el motor a toda marcha (el acelerador también había dejado de andar) y el fierro rengo salió disparado con los 25 caballos extra de ambas ruedas, un momento de extrema alegría que algunas fotos pueden retratar, y el encuentro con los compañeros al mejor estilo Rocky para el triunfo.

Durante el resto del día nos dedicamos a dejar todo prolijo, y poner en marcha el sistema de frenos regenerativos, que nos permitió cargar las baterías. La misión ya estaba cumplida y sólo faltaba la exhibición final. Otra vez tuvimos que pelearla hasta último momento, con las ceremonias de cierre y los apuros de última hora, la única solución para llevar el auto al Computer History Museum era manejarlo... por autopista. A pesar de que el tramo era corto, el riesgo de ser parados por la Highway Patrol era grande, por lo que lo seguimos muy desde cerca con un auto alquilado que teníamos para la familia.

Finalmente, al terminar ese día, nuestro sueño pudo mostrarse en toda su gloria ante los invitados, con demostraciones de aceleración y frenado regenerativo en el aire, y un par de vueltas de bautismo por el estacionamiento del museo, donde compartía cartel con el Self Driving Car de Google (ver nota). Cansados pero felices, lo dejamos allí hasta el día siguiente, donde terminamos la locura al llevarlo de vuelta por autopista, a más de 100 km/h por unos cuantos kilómetros y conexiones, hasta el estacionamiento donde espera sus próximos paseos híbridos.

¿Cómo sigue la historia? Bueno, los tres nos recibimos, el proyecto gustó mucho, juntamos casi 10 mil dólares y mucha gente se mostró interesada en algo que ciertamente es posible: convertir en híbrido a cualquier auto popular y usado.

El panorama es prometedor, pero queremos hacer algo cierto si nos comprometemos, y no un producto amateur. El resto del año nos va encontrar difundiendo la historia y sumando voluntades, además de preparar un par de prototipos en nuestros países, ya bajo las premisas de uniformidad estética con el vehículo original, cumplimiento de revisación técnica obligatoria y tras la búsqueda de hacer unos cuántos kilómetros para comprobar el rendimiento real y la resistencia a nuestras calles.

¿Qué se siente? Mucha felicidad, por el apoyo recibido de todos ustedes, de la prensa, de las más de 100 personas que pusieron plata, y de las familias que nos hicieron el aguante. Hoy más que nunca estamos convencidos de que es posible traer autos ecológicos a Latinoamérica. Y la posibilidad de tener historias para muchos asados en los años que vienen probablemente sea la mayor recompensa.

Parafraseando a nuestros nuevos amigos de Soda: “¡gracias totales!”

El equipo de EMC Motor Company

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Jugando al rompecabezas híbrido con un Hyundai Accent.

Suena la banda de sonido de "Brigada A".

Así es el motor eléctrico que va dentro de la rueda.

El kit de conversión incluyó un sistema de frenos regenerativos para recargar las baterías.

Leo Valente batió el récord de F-1 para el cambio de rueda. En lentitud.

Esta foto no tenía epígrafe. Estamos seguros de que es un condensador de flujo.

El Accent Hybrid Frankenstein, listo para rodar.

Y sí: la trocha se extendió un poquito. Pero la Highway Patrol no lo notó.

Valente, Henriquez y Rincón, tres latinoamericanos que sueñan con autos híbridos para todos. Y todas.

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VIDEO: Primer prototipo de EMC Motor Company

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