Con la presencia de pilotos internacionales y prensa extranjera invitada por los organizadores, los 200 Kilómetros de Buenos Aires debía ser la competencia de mayor lucimiento del año para el Súper TC2000. Pero terminó siendo un bochorno.

Desde hacía tres semanas, el Autódromo de Buenos Aires se encontraba clausurado por el Gobierno de la ciudad, pero los titulares de la concesión, Carlos Soriano y Gustavo Ronchetti, no se lo habían informado al organizador de la competencia, Pablo Peón.

Ante la realización de una competencia que estaba violando la clausura, el jefe de los inspectores porteños, Juan José Gómez Centurión, pidió la intervención de la fiscal Celsa Ramírez. Las instalaciones fueron clausuradas el sábado por la tarde y ahí comenzó un bochorno aún mayor, entre concesionarios y organizadores.

Los responsables de la explotación del circuito no se presentaron en el lugar durante todo el fin de semana. Y Pablo Peón ocultó la clausura al público durante la tarde y noche del sábado.

El resultado: el domingo, desde la madrugada, 40 mil personas llegaron a las puertas del circuito y se encontraron con la faja de clausura.

Hubo un colapso en el tránsito, vehículos averiados, episodios de hurtos y hasta volaron piedrazos. La situación fue aprovechada por los organizadores para lograr que se rompieran las fajas de clausura y se disputara la competencia, con un permiso temporario. Se corrió con una demora de casi cuatro horas.

Cuarenta mil personas ingresaron al lugar con las mismas condiciones de precariedad y falta de seguridad que habían motivado la clausura.

Al momento de publicar esta nota, ni el concesionario, ni el organizador, ni las terminales automotrices que participan de la categoría habían fijado una postura oficial acerca de lo que pudo ser una tragedia. Cada uno avaló con su aporte y presencia lo que fue un espectáculo penoso.

El Autódromo de Buenos Aires se encuentra en el peor momento de su historia. La política acompañó los vaivenes desde su construcción inicial. Y casi nunca fue para bien.

La concesión a los empresarios Soriano y Ronchetti vencerá en 2016. Y el Gobierno porteño ya anunció que utilizará parte del predio para instalar una planta de tratamiento de basura (ver nota).

Anoche, cuando se retiró el último de los vehículos del circuito, las fajas de clausura volvieron a ser colocadas. El concesionario debe realizar una importante inversión para encarar las siguientes obras: apuntalar tribunas, mejorar las instalaciones eléctricas, reparar los alambrados e instalar luces de emergencia.

Pero, como resulta evidente desde hace varios años, todo indica que no existen intenciones de invertir dinero hasta que finalice la concesión.

El Autódromo Juan y Oscar Gálvez de Buenos Aires hoy está clausurado. Y, tras los episodios de ayer, a nadie en su sano juicio se le ocurriría volver a organizar una carrera en este estado.

El 2016 lo encontrará en condiciones más decadentes que las actuales. Su futuro se definirá en esa fecha. Y hoy, tras la locura que se vivió ayer, el pronóstico no podría ser peor.

C.C.

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El Autódromo de Buenos Aires, en el peor momento de su historia
El Autódromo de Buenos Aires volvió a ser clausurado anoche.

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El Autódromo de Buenos Aires, en el peor momento de su historia
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