Esta nota no tiene nada que ver con los autos. Pero es una entrevista que el periodista Nahuel Coca le hizo a Federico Kirbus, colaborador de Autoblog (ver notas).

A continuación, conocé la faceta historiadora del decano del periodismo automotor argentino.

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Fundación verídica de Buenos Aires Publicado originalmente en la Revista Caras y Caretas

En su libro “La primera de las tres Buenos Aires”, publicado en 1978, el periodista Federico Kirbus buscó la Buenos Aires de Pedro de Mendoza. Casi treinta años después nos muestra lo que podría ser la prueba definitiva de que el mundo ha vivido equivocado. El monumento a Mendoza en el Parque Lezama podría ser un enorme monumento al desatino.

Por Nahuel Coca

Entre la estampa de Indiana Jones y la de Juan Manuel Fangio, el periodista argentino Federico Kirbus ostenta algunos récords difíciles de superar. Sobrevivió al peor bombardeo de la historia después del de Hiroshima, en la ciudad alemana de Dresde, con catorce años. También zafó del peor accidente de la historia de la Fórmula 1 cuando el 11 de junio de 1955 el Mercedes de Pierre Lavegh se estrelló contra una tribuna, matando a 83 espectadores. Kirbus había tomado algunas fotos desde allí al Chueco de Balcarce apenas dos minutos antes del accidente.

Siempre que se piensa a Buenos Aires resulta difícil imaginar la pampa vacía de casas y de calles, sin puerto, ni fuerte, ni plazas. Sin Cabildo ni Obelisco. Sin más sonidos que zorzales y teros desde Barracas hasta Saavedra. Al mismo Borges le parecía cuento la fundación, “dicen que en el Riachuelo / pero son embelecos fraguados en la Boca”, aseguraba. A Kirbus también le pareció cuento cuando leyó una polémica al respecto escrita por Guillermo Furlong en 1973, en la que decía que la primera Buenos Aires (la de Pedro de Mendoza) se había emplazado en el Parque Patricios y no en el Lezama, como se creía.

Kirbus, que había vivido en Patricios durante su juventud, quedó intrigado por la ubicación primigenia de Buenos Aires y se puso a leer al respecto. Así fue como llegó a la transcripción original de las crónicas de Ulrico Schmidl, el cronista alemán que acompañó a Mendoza. Por ser hijo de autríacos y por estar familiarizado con la letra gótica desde pequeño, Kirbus pudo descifrar fácilmente el relato de Schmidl, que escondía algunas pistas muy sutiles sobre las unidades de medida de la distancia usadas por los conquistadores. Los anteriores investigadores venían arrastrando una serie de errores derivados de su falta de práctica con el idioma de Goethe, pero para Kirbus resultó natural detectar el error entre millas, leguas y jornadas, y la interpretación de estos conceptos en tiempos de Schmidl.

Según el cronista de Mendoza, la expedición se ubicó en un ancho riacho que daba al Río de la Plata, pocas leguas al sur de la desembocadura del Paraná. Los querandíes, impresionados por esos barbudos de a caballo, abastecieron a Buenos Aires con peces que traían de una gran laguna ubicada hacia el norte. Ese “delivery” se interrumpiría cuando la violencia de los visitantes les hizo comprender que estaban ante una banda de invasores. Las cartas quedarían echadas en la batalla de Corpus Christi, primer combate entre los dos mundos, ocurrido el día de la celebración religiosa de 1537.

Hay consenso en que la batalla no ocurrió al sur de la actual ciudad, sino varios kilómetros al norte. Es por este motivo que no cierra la historia del capitán Diego de Luján, que al final de la jornada cabalgó moribundo hasta caer a orillas del río que hoy lleva su nombre.

En 1537 los arroyos y ríos que hoy pasan entubados bajo el asfalto estaban entonces a cielo abierto. Es por eso que para dar batalla a los querandíes, Diego de Luján y los suyos tendrían que haber atravesado los arroyos Medrano y Vega y el Río Reconquista, por nombrar sólo algunos, hasta llegar a las inmediaciones del río que lleva su nombre; sin contar el hecho de que estaba malherido y muerto de hambre. Una hazaña un tanto imposible y sin sentido aparente, a la luz de la versión oficial que ubica a Buenos Aires muy lejos del Luján, en su actual ubicación.

Mientras estudiaba la hidrografía bonaerense, tratando de triangular un espacio elevado que a la vez estuviera cerca de un riacho, a una laguna y al río Luján a una distancia lógica, a Don Federico se le prendió la lamparita. Recordó un estudio hidrográfico sobre los sedimentos que acarrea el río Paraná de las Palmas, y llegó a una conclusión: si el delta crece con los años, entonces hacia 1537 la desembocadura tendría que haber estado muchos kilómetros río arriba. Así la primera Buenos Aires se hubiera ubicado donde hoy está la ciudad de Escobar, y los misterios de Corpus Christi y el periplo del capitán Luján encontrarían una simple explicación. ¿Y si Buenos Aires se fundó en el río Lujan? ¿Y si Borges tenía razón, y la historia oficial la escribieron los bosteros?

Así fue como Kirbus llegó a la conclusión de que la primera Buenos Aires debía encontrarse cerca de Belén de Escobar, 50 kilómetros al norte de la actual. Dispuesto a encontrar evidencias, Kirbus cargó una pala en su coche y partió a las barrancas de El Cazador donde empezó a imaginar posibles puntos de excavación entre las casaquintas, algo que rápidamente se demostró imposible. Finalmente, en la tierra removida de la pista del aeroclub de Escobar, encontró lo que tanto buscaba.

“Lo que ustedes tienen aquí son pequeños pedazos de cerámica querandí del siglo XVI y dos balas de arcabuz del mismo periodo. Para mí son evidencia de la presencia tanto de indios como de españoles en la zona donde yo considero que fue fundada la primera de las tres Buenos Aires”. Mientras fotografiamos las pequeñas evidencias arqueológicas que pudieron pertenecer a la primera Buenos Aires, este periodista con más historias que Sherezade nos ofrece más té.

N.C.

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Federico Kirbus y la fundación verídica de Buenos Aires
Federico Kirbus, fotografiado por Guillermo Llamos.

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