Texto de Federico Kirbus
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En 1963, dejé la revista El Gráfico y entré al diario La Prensa. En las páginas de la revista del deporte argentino, que había despedido a Dante Panzeri para reemplazarlo por Carlos Fontanarosa, ya no interesaba la multíplica de los Emiliozzi, sino la marca de whisky que Rolo Álzaga consumía por galones con sus compinches, en el Bar 05.

Fue a mediados de ese año inocente y feliz, porque aún vivía John Fitzgerald Kennedy, que la Embajada Alemana de Buenos Aires organizó una Exposición de Motores y trajo para este evento un NSU Wankel Spider.

Me invitaron a probarlo en el Autódromo y concurrimos con varios alumnos de una escuela de pilotos, que yo había armado.

Una sensación rara la de andar con este autito, el primero del mundo y la historia con motor rotativo, ronroneando como si fuera eléctrico.

Cuando apareció, el rotativo Wankel causó sensación en todo el mundo y muchas grandes automotrices compraron su patente: GM, Mercedes, Mazda, Curtiss Wright, Citroën, Fichtel und Sachs, Man y Nissan entre otras, pero solamente la nipona Mazda siguió con el desarrollo.

Recién ahora parece haberse superado el principal escollo mecánico. Un ingeniero alemán patentó un rotor trocoide con una muesca que modifica la cámara de combustión y permite concentrar la mezcla de modo que la quema del gas sea fulminante.

Puede que al cabo de medio siglo el rotativo por fin se imponga. El motor a pistón en su momento tampoco le ganó, desde el vamos, al eléctrico y al de vapor.

F.K.

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Wankel: medio siglo de un auto redondo
Kirbus, a la izquierda, midiendo con cronómetro la multíplica de los Emiliozzi.

Wankel: medio siglo de un auto redondo
Esquema del motor rotativo Wankel.

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VIDEO: Así funciona el motor rotativo Wankel

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