El alemán Sebastian Vettel (Red Bull) amplió hoy su ventaja en el campeonato con su triunfo en el Gran Premio de Bahrein. Lo siguieron Kimi Räikkönen y Romain Grosjean, con los dos Lotus. La carrera estuvo marcada por las protestas políticas.

Vettel, ganador de los tres últimos títulos mundiales, partió desde la primera línea, al lado de su compatriota Nico Rosberg (Mercedes) y supo administrar perfectamente la carrera, en particular la utilización de neumáticos duros y medios, para terminar con nueve segundos de ventaja sobre Räikkönen y 19 respecto a Grosjean.

Es la 28° victoria de su carrera en Fórmula 1, la segunda de esta temporada, tras la lograda en Malasia, y la segunda consecutiva en el circuito de Sajir, en pleno desierto.

Este triunfo le permite consolidar su primer puesto en el Mundial, pero ahora con diez puntos de ventaja sobre Räikkönen y 30 sobre su gran rival Fernando Alonso (Ferrari), que solo pudo terminar octavo.

Los manifestantes chiitas cortaron este domingo de madrugada varias carreteras en Bahrein y protagonizaron algunos enfrentamientos con la policía, pero las autoridades lograron asegurar el desarrollo del Gran Premio de Fórmula 1.

Según algunos testigos, jóvenes enmascarados que protestaron contra la celebración de esta competencia, bloquearon con ayuda de piras de neumáticos varias rutas cerca de las localidades chiitas que rodean la capital, Manama. El acceso al circuito de Sajir, en el sur de la capital, no se vio afectado.

En la madrugada del domingo, la policía lanzó gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes que protestaban en varias localidades chiitas contra la "Fórmula de Sangre", como bautizaron la carrera.

La oposición chiita ha intensificado su movilización con motivo del GP en el pequeño reino gobernado por una minoría sunita. Los partidos tradicionales de la oposición reclaman reformas políticas pero el Colectivo 14 de Febrero, un grupo radical que opera a través de las redes sociales, busca la caída del régimen.

El sábado, este grupo organizó una marcha a la Plaza de la Perla, símbolo de la revuelta reprimida hace dos años por el poder, pero la policía dispersó a los manifestantes con gases lacrimógenos.

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