Una Ferrari 250 GTO de 1962, pintada en un exótico color verde pálido ("Pale Green"), se acaba de convertir en el auto más caro del mundo, al cambiar de propietario por un valor de 35 millones de dólares.

Este ejemplar, con el chasis número 3505GT, superó por tres millones de dólares al anterior récord, también perteneciente a una 250 GTO. El podio lo completa una Bugatti Type 57SC Atlantic, que se vendió en 2010 por 30 millones.

La GTO verde fue construida originalmente para el piloto británico Stirling Moss, quien no llegó a correrla por un accidente previo que lo alejó de la competición. El encuentro entre esta Ferrari y el eterno ladero de Fangio se concretó recién en 1999, durante el Festival de la Velocidad de Goodwood.

Las transacciones que protagonizó este ejemplar en particular son una muestra clara de la fuerte subas de precios que experimentaron las Ferrari clásicas en los últimos años.

El coleccionista inglés Harry Leventis la compró en 1996 por 3,5 millones de dólares. En 2000, el japonés Yoshiho Matsuda la adquirió por 8 millones. Ese mismo año pasó a las manos del holandés Eric Heereman por 8,5 millones.

Su nuevo propietario es el norteamericano Craig McCaw, quien hizo fortuna al vender en 1993 su compañía de telecomunicaciones a AT&T por 11.500 millones de dólares.

La 250 GTO califica siempre entre los autos más caros del mundo por cumplir con los tres principios básicos de todo clásico codiciado: un buen historial deportivo (tres títulos mundiales de Sport), un diseño de belleza innegable (obra de Sergio Scaglietti) y un bien escaso (se fabricaron sólo 39 ejemplares).

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