Desde Brasilia - “¿Por qué Ford eligió Brasilia para presentar el prototipo de la EcoSport Global?”, le pregunté a un colega brasileño, mientras un batallón de mozos -con espetos empuñados- arremetían con sus propuestas de bife ancho, cordero, cerdo y muzzarella asada, en la churrascaria Fogao de Chao.

“¿Fue por lo que la ciudad representa en materia de diseño? ¿O por lo que significa en términos de identidad cultural brasileña?”, indagué, mientras bajaba con un sorbo de Bohemia helada ese trío tan perfecto como exótico que conforman la feijoada, la farofa y la picanha.

“Por nada de eso”, me respondió el jornalista automotivo amigo, al tiempo que hincaba el diente en trozo de lomo vermelhao, casi mugiente. “Nos trajeron a Brasilia porque es la única ciudad del país que en pleno enero tiene sus hoteles vacíos”.

La capital política de Brasil, fundada en 1960 e ideada por el presidente Juscelino Kubitschek, la misma que consagró la obra arquitectónica de Oscar Niemeyer, pero que merecería un mayor reconocimiento histórico por la genial diagramación de sus espacios, la única ciudad del mundo que desde el aire es vista con la forma de un avión, inspiración de Lucio Costa, se vacía casi por completo en las vacaciones de verano.

En los próximos años, Brasilia sufrirá los cambios más importantes de su historia, fruto de esos dos eventos deportivos que hoy justifican todas las ideas faraónicas que se les puedan ocurrir a los brasileños: el Mundial de Fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos 2016.

Así, bajo esa oleada de megaobras, corre el riesgo de quedar sepultado y transformado un discreto galpón ubicado a muy pocas superquadras de la Plaza de los Tres Poderes: el Museo Nacional del Automóvil.

Se trata de la colección de autos clásicos expuesta al público más importante de Brasil, cuya sede el Gobierno quiere convertir en un depósito de papeles y otros insumos que alimentan la enorme maquinaria burocrática –principal industria local- de Brasilia.

El periodista, historiador y curador de la muestra, Roberto Nasser, le relató a Autoblog la triste historia que le quita el sueño desde hace varios meses, pero a los pocos segundos propuso: “Mejor hablemos de autos”.

Y así, mostró una variopinta colección de aquellos años en que Brasil era un país que quedaba lejísimos de la Argentina, que tan sólo se acercaba cuando llegaban los tiempos de vacaciones y reales baratos.

Ese país que tenía una industria automotriz prácticamente sin ningún nexo con el resto de la región, con modelos inverosímiles para el público argentino, de los cuales sólo teníamos noticias cuando pasábamos la frontera.

Por eso no me sorprendió descubrir que, el auto más importante –y bello- del Museo fuera un ejemplar del que nunca –jamás- había oído hablar: el Willys Capeta. Se trata del concept de un deportivo construido para el Salón de San Pablo de 1965, por la automotriz brasileña-estadounidense equivalente a nuestra IKA.

Es un Gran Turismo con carrocería de fibra de vidrio y un motor seis cilindros 3.0 de 150 caballos, que le permitía alcanzar los 180 km/h. Se construyó apenas un ejemplar, que tiene tan sólo 300 kilómetros rodados.

Son autos únicos como éste los que corren el riesgo de perder su hogar en Brasilia. La alternativa menos traumática que se analiza es dispersar la colección y devolver los autos a los dueños originales que los donaron.

Pero se perdería esa función tan básica y simple que representan todos los museos: educar y preservar; apasionar y entretener.

A pesar de los negros nubarrones que aparecen en su futuro, Ford aprovechó el lanzamiento de la EcoSport Global para donar al Museo un prototipo Galaxie LTD 1981, utilizado para el desarrollo y experimentación de nuevos motores.

Sólo demostrando interés –y haciendo un poco de ruido- tal vez pueda torcerse el destino del Museo del Automóvil de Brasilia.

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Más información: www.museudoautomovel.com.br

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Salven al Museo del Automóvil de Brasilia
El Willys Capeta de 1965 muestra con orgullo su seis cilindros 3.0.

Salven al Museo del Automóvil de Brasilia
Las líneas del Capeta recuerdan a muchos autos de época. Y tal vez sea el deportivo más bonito diseñado en Brasil.

Salven al Museo del Automóvil de Brasilia
Willys Itamarati 1965, la limousine oficial más famosa de Brasilia. Gandhi y la Reina Isabel II viajaron en ella.

Salven al Museo del Automóvil de Brasilia
Onca 2.000 de 1967. Alfa Romeo autorizó el cuasi plagio de su trompa, pero pasó a la historia como el “Mustang brasileño” o “Jaguar brasileño”, por su agresivo perfil de muscle-car.

Salven al Museo del Automóvil de Brasilia
Brasinca GT4200 Uaipurú, cuarenta años después de su creación, es el vehículo que el Museo inscribe siempre en desfiles y competencias de clásicos.

Salven al Museo del Automóvil de Brasilia
Puma GTi de 1980, primer auto diseñado y fabricado en Brasil, que se exportó de manera masiva. Se vendió en 23 países, incluyendo varios de Africa.

Salven al Museo del Automóvil de Brasilia
Un entrañable Fiat 147 de 1978 y el inédito Fiat Tempra Pick-Up, un concept construido en los años ’90 para el Salón de San Pablo.

Salven al Museo del Automóvil de Brasilia
Utilitarios DKW y Jeep de los años ’40 y ’50.

Salven al Museo del Automóvil de Brasilia
Diplomáticos y aristócratas donaron sus autos al Museo de Brasilia.

Salven al Museo del Automóvil de Brasilia
Amilcar CGS de 1922, con carrocería de chapa y madera de teca.

Salven al Museo del Automóvil de Brasilia
Rogélio Goldfarb, vicepresidente de Ford Sudamérica, y Roberto Nasser, durante el acto de donación del Galaxie experimental.

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Brasil pode fechar museu com raridades Museu do Automóvel está com os dias contados

O único exemplar do Capeta (Diablo); um dos cinco Onça fabricados; raro GT Malzoni; Brasinca GT 4200; limousine Itamaraty; o primeiro monoposto de corridas construído para uma temporada internacional; Ford Modelo T Sporstman ...

Conhece ? Fora do Brasil poucos conhecem, pois são autos brasileiros, que fizeram a base da indústria automobilística do vizinho país. Estes e outras raridades estão em Brasília, no Museu Nacional do Automóvel.

É o único museu no mundo a se dedicar, fundamentalmente, a salvar e manter veículos, peças, acessórios, literatura, a indústria de automóveis de um país. Museus de automóveis ou transportes existem muitos, reunindo veículos de vários países. Porém contando a exclusiva história de um povo e a evolução tecnológica do transporte individual só em Brasília.

O Museu Nacional do Automóvel não é do governo, mas iniciativa particular do advogado e jornalista especializado Roberto Nasser. Em sete anos de operação recebeu mais de 120 mil visitantes, principalmente estudantes. É uma das principais atrações de Brasília, mas corre o risco de fechar. O governo do Brasil quer o galpão onde funciona, para fazer um depósito de documentos sem uso. A proposta assusta a cidade e o governo de Brasília, pois se entregar o prédio onde o Museu funciona, ele fechará por falta de local.

A proposta não tem apoio da população, que estranha fechar um equipamento cultural no período em que a Capital irá receber eventos esportivos mundiais como a Copa das Confederações e a Copa do Mundo de futebol.

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