Desde San Martín de los Andes – De todas las complicaciones que generó la erupción del volcán Puyehue tal vez una de las más curiosas y menos imaginadas fue la alteración de la topografía de varios lugares de la Patagonia argentina.

El caso más extremo es el de Villa La Angostura, donde la intensa caída de ceniza provocó que la altura media de toda esa zona aumentara hasta 60 centímetros sobre el nivel del mar. Y los especialistas creen que ese sea un cambio difícil de revertir con las tareas de limpieza y remoción luego de la erupción.

Los caminos obstaculizados por la acumulación de polvo volcánico y las rutas destrozadas por desprendimientos de rocas comenzaron a ser remediados hace pocas semanas, cuando cesaron los temblores y las erupciones. Hoy tan sólo persiste una fina y ocasional lluvia de cenizas.

La combinación de nieve y ceniza obligó a restringir sólo a vehículos 4x4 la circulación por algunos de los circuitos turísticos más atractivos del lugar.

Como ya se mencionó, uno de los objetivos básicos del evento de prensa que organizaron Nissan Argentina, Total Argentina y Loi Suites en San Martín de los Andes fue demostrar que, a pesar de todas las penurias que sufrieron los pobladores a raíz del Puyehue, la región conserva sus atractivos intactos y necesita más que nunca del turismo.

Por eso, el último día de actividad consistió en una travesía todo terreno hasta el Lago Queñi, donde Nissan lució las cualidades de su completa gama de vehículos 4x4, compuesta por la pick-up Frontier, la X-Trail (que se renueva a fin de año, leer más) y la Murano.

La familia de 4x4 de Nissan arranca en 39.420 dólares con la actual X-Trail (170 cv) y llega hasta los 62.700 dólares que cuesta la Murano (260 cv).

Autoblog eligió para el recorrido una Frontier con caja automática. Se trata, junto con la Hilux SRV AT, de la única pick-up mediana con transmisión automática de nuestro mercado. Pero, mientras la Toyota tiene cuatro marchas, la Frontier lleva cinco.

Este es un nicho en expansión en la Argentina. A fin de año se sumará la Volkswagen Amarok con una caja automática ZF de seis velocidades y ya se sabe que las nuevas Ford Ranger y Chevrolet S10 ofrecerán también este tipo de transmisión, de manera opcional.

La mezcla de nieve y cenizas formó un barro de características inéditas en las zonas afectadas por el volcán. Es un lodo de consistencia más pastosa, pero al menos tiene una ventaja: los componentes químicos de las cenizas son menos proclives a formar capas de hielo sobre el camino.

La Frontier importada de Tailandia, junto con la Amarok fabricada en Pacheco, tiene uno de los habitáculos más amplios y confortables del actual segmento de pick-ups medianas.

La Nissan automática es la más cara de la gama, con un precio de 47.904 dólares. Viene con tapizado en cuero, frenos ABS con EBD, doble airbag frontal, control de crucero, equipo de audio MP3/Aux con seis parlantes y cargador para seis CDs.

El motor es uno de los más rendidores de su segmento: 2.5 turbodiesel con 172 cv a 4.000 rpm y 403 Nm de torque a 2.000 rpm.

El andar, también junto con la Amarok, es uno de los más confortables de su segmento. La Frontier incluso saca un poco de ventaja por su interior silencioso, bien aislado y con una calidad de terminación más cuidada.

Si tuviera que elegir un vehículo para hacer sólo travesías todo terreno, tal vez nunca escogería una caja automática. Por más dedicación que pongan los ingenieros en los softwares de programación, todavía nada reemplaza a la clásica y confiable combinación de caja manual con reductora (manual también, si es posible).

La Frontier automática también tiene alta y baja de accionamiento electrónico, pero me dio la sensación de que -especialmente en los descensos resbaladizos- la transmisión no ofrece el mismo nivel de retención que una caja manual.

Así y todo, la pick-up no tuvo mayores problemas para sortear pendientes bastante pronunciadas, vadear arroyos y avanzar con decisión por huellones profundos, todo con un valor agregado que los conductores menos experimentados agradecerán mucho: al no tener pedal de embrague, sólo tendrán que concentrarse en el camino y en seleccionar a veces manualmente la marcha deseada.

La travesía partió desde San Martín de los Andes –cuyo tránsito por las calles del centro se parece cada vez más al de Buenos Aires, y ese es otro punto a favor de la caja automática- y bordeó el Lago Lacar, hasta llegar muy cerca del cruce fronterizo de Hua Hum.

Este río es una de las tantas curiosidades de nuestro trazado de fronteras con Chile, porque buena parte de su recorrido está del lado argentino, a pesar de que sus aguas desembocan en el Pacífico. Dicen por acá que quedó de nuestro lado sólo gracias al trabajo pionero del perito Francisco Pascasio Moreno.

Es una zona de caminos estrechos y tupidos bosques de árboles añosos. En el pasado fue una región de intensa explotación forestal y ahora es una reserva protegida por Parques Nacionales.

El último tramo hasta el Lago Queñi es el más complicado y exigente. Trabado, con muchos desniveles y vadeos con abundante agua, a pesar de que no es época de deshielo.

Pero llegar hasta ahí tiene su recompensa. Es uno de los tantos y bellos secretos de la Patagonia argentina. Un lugar silencioso, virgen y habitado sólo por un guardaparques que se encarga de proteger miles de hectáreas con la ayuda de un perro labrador (mejor dicho, ladrador) y de una desvencijada Ford Ranger.

El regreso a San Martín de los Andes fue por el mismo camino, aunque todavía más complicado. Los huellones que nosotros mismos abrimos a la ida ahora eran todavía más profundos. Se avanzó lento, pero sin pausa y no hubo percances. Aunque tocando un poco la panza, hasta las civilizadas y urbanas Murano superaron el desafío.

El cierre de la jornada fue en el Cerro Chapelco, de noche y no precisamente para esquiar. La Casita del Bosque es un lugar que abre para cenas sólo con reserva previa y con un mínimo de ocho comensales.

Para llegar tuvimos que recurrir, una vez más, a las motos de nieve. Ahí nos esperó una generosa pierrade regada con Trumpeter y una sublime crème brûlée. Todo a la luz de un par de velas y un fogón.

Los únicos que no estuvieron del todo contentos fueron los conductores designados. Hasta las travesías más gourmet requieren sacrificios y forjan héroes.

C.C.

Travesía por la nieve (y las cenizas) con la gama 4x4 de Nissan
La gama 4x4 de Nissan abarca los modelos X-Trail, Murano y Frontier. Desde 39 mil hasta 62 mil dólares.

Travesía por la nieve (y las cenizas) con la gama 4x4 de Nissan
La combinación de nieve y cenizas elaboró un terreno sui-géneris para el off-road: el barro es más pastoso, pero hay menos placas de hielo.

Travesía por la nieve (y las cenizas) con la gama 4x4 de Nissan
La Frontier y la X-Trail estuvieron a la altura de las expectativas. La civilizada Murano sorprendió a más de uno.

Travesía por la nieve (y las cenizas) con la gama 4x4 de Nissan
La Frontier y la Hilux son las únicas pick-ups medianas de nuestro mercado con caja automática. Pronto habrá más competencia.

Travesía por la nieve (y las cenizas) con la gama 4x4 de Nissan
La Frontier automática tiene reductora y lleva el equipamiento más completo.

Travesía por la nieve (y las cenizas) con la gama 4x4 de Nissan
Puente sobre el río Hua-Hum.

Travesía por la nieve (y las cenizas) con la gama 4x4 de Nissan
A pesar de no ser tiempo de deshielo, los vados y lechos tenían bastante agua.

Travesía por la nieve (y las cenizas) con la gama 4x4 de Nissan
Esta temporada de invierno hubo cenizas y escasearon los vuelos. Pero hubo nieve de sobra.

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